La iluminación a través de la meditación orgásmica

By |2018-06-21T22:07:33+00:0021 junio, 2018|Miscelánea|

Desde hace más de una década, en California, funciona una escuela en la que la meditación se hace de un modo algo diferente. Es la Escuela OneTaste, fundada por Robert Kandell  y Nicole Daedone, siendo ésta la introductora de la meditación orgásmica, conocida también con su abreviatura “OMing” o como “sexo lento”.

Según la historia que circula por los diversos seminarios de la organización y en los múltiples videos de YouTube, Daedone fundó OneTaste en 2004 después de conocer a un monje en una fiesta quien pretendidamente le enseñó una versión de la técnica que más tarde desarrollaría en OneTaste. De otras fuentes de su propia biografía, sabemos que a sus 27 años, y tras cursar estudios de semántica en la Universidad, encarcelaron a su padre por abuso sexual de dos niñas, muriendo años después de un cáncer en la misma prisión; tras este hecho, parece ser que Daedone se movió por entornos budistas buscando respuestas a su sufrimiento y practicando durante un tiempo la ascesis sexual.

Estas circunstancias la impulsaron a poner en marcha OneTaste. La idea era crear retiros urbanos “lugares limpios y seguro donde la sexualidad, las relaciones y la intimidad puedan discutirse abierta y honestamente”. Durante algunos años, la compañía funcionó como un fenómeno bastante marginal, ofreciendo talleres en pequeños grupos en San Francisco y gestionando un local en donde algunos miembros y residentes experimentaban con esta modalidad de masturbación femenina revestida de lenguaje pseudoespiritual.

Sin embargo, en 2009, New York Times colocó OneTaste en la primera página de su sección de estilo y la marca inició su despegue empresarial. Daedone, que anteriormente dirigía una galería de arte, publicó un libro llamado Slow Sex en 2011 y dos años más tarde daba una charla en South by Southwest con el título “Orgasmo Femenino: La Tecnología Humana Regenerativa”. En la charla TEDxSF “Orgasmo: la cura para el hambre de la mujer occidental” –vista casi 1,5 millones de veces en YouTube-, describe “el hambre esencial de conexión que afecta especialmente a las mujeres occidentales” y que según Daedone llevaría a las mujeres a comer, comprar o trabajar compulsivamente, para intentar llenar un vacío de conexión emocional.

Generalmente, en los talleres OMing se persigue la excitación femenina duradera con sexo lento (o tántrico). La actividad va del siguiente modo: las parejas se colocan en grupo o en solitario, las mujeres se tienden en el suelo, desnudas de cintura para abajo; el hombre, vestido, tiene que estimular su clítoris durante 15 minutos (perfectamente cronometrados). Daecone explicó hace un par de años en una conferencia que se hizo muy viral en Estados Unidos que a través de la meditación orgásmicase conecta con el tercer ojo del OM”.

OneTaste se presenta al público como una empresa de rápido crecimiento que enseña la conexión y el bienestar a una audiencia cada vez más amplia. Pero muchos de los que se han involucrado dentro de la organización, describen un movimiento ávido de ventas predatorias y que empuja a los miembros a negar sus límites financieros, emocionales o físicos. De hecho, numerosas personas que han abandonado la organización describen una situación de control y trauma.

Bloomberg Businessweek entrevistó a 16 ex miembros del personal de OneTaste y miembros de la comunidad, algunos de los cuales participaron el año pasado. La mayoría habló con los periodistas de forma anónima, ya sea porque firmaron acuerdos de confidencialidad o porque tenían miedo de posibles represalias. Muchos de los antiguos miembros del personal y de la comunidad dicen la compañía ha empleado el flirteo y el sexo para atraer a personas emocionalmente vulnerables. Antiguos colaboradores de OneTaste han indicado, asimismo, que se les enseñó a trabajar de forma gratuita como una manera de mostrar su compromiso con la empresa. Incluso han indicado que los gerentes a menudo ordenaban a los empleados tener sexo OMing entre ellos o con los clientes. De hecho -y según ha podido saberse recientemente-, dichos preceptos llevaron a un acuerdo extrajudicial de seis cifras en 2015 con una ex empleada que denunció haber sufrido acoso sexual y otras formas de acoso laboral.

Por su parte, OneTaste dice que estos hechos fueron errores individuales atribuibles a ciertos miembros de “una comunidad de estilo de vida vanguardista” que, desde 2016, se ha convertido en un negocio. Se ha expandido, abriendo centros de enseñanza de OMing en Londres, Nueva York y Los Ángeles, junto con el que ya tenían frente a la sede de Uber en San Francisco. La empresa asegura que ganó 12 millones de dólares el pasado año 2017 y que tiene planes de expandirse hacia Atlanta, Chicago, Minneapolis y Washington en los próximos dos años. El modelo de OneTaste se ha expandido igualmente hacia Europa.

El funcionamiento de One Taste se asemeja según los testimonios de antiguos colaboradores a una secta al estilo de NXVIUM o a las prácticas del movimiento Osho. Los estudiantes pagan 499 dólares por un curso de fin de semana, 4.000 dólares por un retiro,  12.000 dólares por el programa de entrenamiento y 16.000 por un “intensivo”. Además, para redondear sus cifras, en 2014 OneTaste comenzó a vender una membresía anual de 60.000 dólares, que permite a los compradores asistir a todos los cursos que deseen … y ¡sentarse en primera fila!. Los testimonios de antiguos colaboradores remarcan también que se alienta a los estudiantes a repetir cursos, diciéndoles que “la experiencia cambia a medida que avanzan”. OneTaste sostiene que cerca de 1.400 personas han realizado su programa de entrenamiento, 6.500 han asistido a una clase de introducción y más de 14.000 se han inscrito en cursos online.

Los antiguos colaboradores de One Taste han descrito largas horas de trabajo para la organización a tiempo completo, sobre todo para vender los cursos. Otros aseguran que fueron entrenados para enrolar a mujeres jóvenes y atractivas, o incluso para atraer hombres dedicados a los negocios y adinerados. Los clientes reclutados son “marcas” que ayudan a posicionarse mejor dentro de One Taste. Entre ellos mismos, se refieren a si mismos como “leones”, “tigres” o “fluffers” (término tomado del rodaje de películas pornográficas para hacer referencia al responsable del equipo de grabación que se encarga de mantener la erección del actor durante su actuación). En términos de un antiguo colaborador, “excitas a alguien para obtener energía y ponerle emocionalmente duro”.

Por otra parte, OneTaste enseñó a los colaboradores de la empresa que el dinero “es solo un obstáculo emocional”. En este sentido, si algún estudiante no podía costearse algún curso, se le animaba a sacar múltiples tarjetas de crédito para poder abonarlos, recurriendo algunos estudiantes a sitios web como GoFundMe o Prosper Funding en busca de ayuda. No obstante, y si bien OneTaste hizo que los empleados dejaran de preocuparse por su propio dinero, usaron a los trabajadores para traer más dinero de los demás. Y a pesar de las estrictas reglas que la compañía sostiene para separar el OMing del sexo, los iniciados pronto se dieron cuenta de que las divisiones podían ser porosas cuando había dinero en juego. De hecho, alguna antigua colaboradora ha indicado que podía emplearse el reclamo del sexo tras el OMing para vender cursos, atraer a personas adineradas a demostraciones prácticas o “enganchar a tal o cual hombre por el dinero”.

Gran parte de los que abandonaron la empresa de meditación orgásmica, refieren que en los primeros contactos sintieron un gran calor humano y que llegaron  sentirse abrumados por tales muestras de afecto y comprensión. Hecho que les animó a seguir adelante con los cursos o a pasar a vivir con otros miembros de la comunidad en Santa Mónica, abandonando sus trabajos y familias para dedicarse por completo a la organización.

Al mismo tiempo, muchos de ellos describen que siguieron adelante porque “había que recorrer el camino espiritual de One Taste y porque te hacían sentir que si lo dejabas te acabarías perdiendo”. Ese tipo de presión de grupo ayudó a que muchos se mantuvieran ligados al programa de One Taste durante años. Algunos de los que dejaron su colaboración con OneTaste describen al grupo “como una religión. El orgasmo era Dios. Nicole era como Jesús o Mahoma”. Hasta el punto que en una ceremonia de hace tres años en el contexto de un seminario llamado “Escuela Mágica”, Daedone nombró a un puñado de hombre y mujeres “sacerdotes y sacerdotisas de orgasmo”.

Los testimonios recogidos por los periodistas del Bloomberg Businessweek hablaban también de “la práctica aversiva”, refiriéndose a que se les animaba a mantener contactos sexuales con personas hacia las que no sentían atracción alguna, “como una manera de obtener mayor poder gracias a la expansión de tu orgasmo”. Muchos de ellos describían formas de hacer por parte de los responsables “en donde te hacían sentir obligado porque sino veías que arriconaban”.

La vida dentro de la casa en donde se vive en comunidad, el día está programado por completo, empezando a las siete de la mañana con dos rondas matinales de OMing e intercambio de pareja. Era común llevar a cabo un “inventario del miedo”, al estilo de Alcohólicos Anónimos, en donde deben escribirse y luego compartirse todas las preocupaciones con los compañeros.  Los antiguos miembros del personal dicen que se los animaba a informar a la gerencia si escuchaban a otros expresar sus dudas sobre OneTaste. Durante el día, tenían también clases de Bikram Yoga, cocinaban, limpiaban, luego pasaban varias horas haciendo seguimiento de ventas alrededor de una mesa, viendo su progreso con Salesforce.com. Después de una ronda por la tarde de OMing, asistían a la sesión pública de la tarde. A aquellos más cansados por la práctica diaria, se les indicaba que debían practicar más OMing, “porque el orgasmo es un recurso de enegía sin fin”. Algunos antiguos miembros del personal dicen que las frecuentes sesiones de OMing los dejaban en un constante estado de desgaste emocional y físico que, combinado con la falta de sueño, desdibujaba su capacidad de pensar. Durante el check-in matutino, había que mostrarse “excitado” por el nuevo día. Si no era así, entonces podía suceder que se eternizara el chequeo matinal, hasta desmenuzar por completo los motivos de esa falta de ganas por vender. Aquellos que no alcanzaban los objetivos de ventas eran descritos como “tumescentes” o “salidos”, es decir, necesita OMing o sexo. 

Según varios antiguos miembros del personal, Daedone y sus discípulos habían prescrito sexo con la mayor cantidad de gente posible “para lograr la iluminación”. A las personas externas a la organización, OneTaste los llamaba “dormidos”, “muggles” (en términos de Harry Potter) o “personas en la matriz”.

El círculo interno de OneTaste también hizo la vista gorda ante múltiples casos de violencia doméstica entre los empleados, que calificaron “como una pareja que dejaba salir su deseo agresivo o la bestia”.

Desde el pasado 2016, OneTaste decide cambiar su orientación, en un intento de minimizar responsabilidades: no más círculos de OMing, no más retiros grupales de OMing,  no más estudiantes en las clases de OMing y no más personal de OMing en las empresas de sus clientes. OneTaste dice que la compañía ha cambiado, especialmente desde que Daedone renunció como CEO el año pasado para trabajar en su próximo libro y dar clases ocasionales (también vendió su participación en la compañía a un trío de miembros de OneTaste).

Además, OneTaste ha encargado un estudio sobre los beneficios para la salud de OM y espera publicar los hallazgos  durante el presente año. Se trata de una estrategia orientada a minimizar riesgos y eventuales denuncias. Aunque aquellos que abandonaron la organización, se sienten en conflicto y a su salida han experimentado diversas dificultades emocionales y en sus relaciones personales. Y si por un lado reconocen que pudieron enseñarles habilidades prácticas de liderazgo o inclusive algunas nociones espirituales útiles, por el otro subrayan que OneTaste ejerce una influencia indebida sobre sus miembros y que ahora se sienten culpables por haber callado durante años acerca de lo que sucede dentro de la comunidad. Para los antiguos colaboradores, “en One Taste hubo mucha manipulación. Es una organización que realmente se aprovecha de las debilidades de las personas”.