Tras una fachada de ecología profunda, espiritualidad ancestral y un pacifismo aparentemente inofensivo, se esconden a menudo dinámicas de grupo complejas que afectan a la autonomía de sus devotos. Tal es el caso de la Iglesia Esenia Cristiana, un movimiento neo-esotérico. Aunque se presentan como los herederos legítimos de los antiguos guardianes de los Manuscritos del Mar Muerto, el análisis de su funcionamiento revela los rasgos compatibles con un grupo de alto control idoelógico: un liderazgo mesiánico, una opaca red de financiación basada en sucesivos niveles de iniciación, un progresivo aislamiento del entorno social a través de sus denominadas «Aldeas Sagradas» y el testimonio de antiguos devotos que señalaron manejos manipuladores.
El mes pasado, el Tribunal Correccional de Rodez, ordenó la demolición ordenó la demolición total del pueblo sagrado de «Terranova», uno de los emplazamientos de la Iglesia Cristiana Esenia, agrupación espiritual de la que hablé hace algunos años en este mismo espacio. Su fundador, Olivier Manitara (cuyo nombre real era Olivier Martin, 1964–2020) fue un escritor, conferenciante y líder espiritual francés, reconocido como el principal impulsor de la Iglesia Esenia Cristiana (también conocida como la “Tradición Esenia Contemporánea” o “Nación Esenia”). Afirmaba haber vivido experiencias místicas y superado pruebas iniciáticas, y canalizaba supuestos mensajes de fuerzas sobrenaturales que dejó plasmados en unos cuarenta libros de su autoría. De hecho, Manitara se presentaba a sí mismo como un nuevo profeta, comparándose con figuras como Jesucristo, Buda o Krishna, afirmando recibir mensajes de fuerzas sobrenaturales y divinas. Bajo su liderazgo, la organización creció hasta alcanzar unos 1.000 seguidores en todo el mundo, estableciéndose en países como Francia, Suiza, Canadá, Italia, Panamá o Gabón. A lo largo de los años, el grupo fundó «aldeas» para que sus fieles vivieran en comunidad apartados de la sociedad humana, la cual consideraban en declive. Entre sus asentamientos más importantes destacan la ya mencionada «Terranova» (Francia), el «Pueblo del Arce» en Cookshire-Eaton (Quebec, Canadá) fundado en 2006-2007 y el «Jardín de la Luz» en Panamá, iniciado alrededor de 2016.
En 2020, Olivier Manitara falleció repentinamente a los 55 años en un accidente automovilístico en Panamá, a donde había huido evadiendo la justicia canadiense. Tras su muerte, el liderazgo de la iglesia recayó en su hijo, Nazarh Guérin, y su exesposa, Magali Guérin. Este cambio de poder provocó una importante división interna severa dentro de la Iglesia Esenia, fragmentando a la comunidad en distintas facciones (principalmente entre la rama canadiense y la francesa) que actualmente se disputan los derechos de autor, el control de las ceremonias y el patrimonio del grupo. La controversia sobre Manitara no terminó con su muerte. Su modelo de negocio estaba tan arraigado a su persona que, tras fallecer, sus herederos (liderados por su exesposa Magali Guérin y su hijo Nazarh) exigieron a la iglesia el pago de decenas de miles de dólares por concepto de «derechos de autor» y «propiedad intelectual». La familia argumentaba que las ceremonias religiosas, los rituales y los textos esenciales de la fe esenia eran propiedad intelectual personal de Manitara, lo que provocó una enorme indignación entre los devotos que sintieron que sus creencias habían sido completamente mercantilizadas.
Nazarh Guérin, es el hijo del difunto fundador y el gran heredero de la Nación Esenia. Desde septiembre de 2022, y tras una decisión del Tribunal Superior de Quebec que reconoció a la organización como una «dinastía real», Nazarh dirige formalmente la iglesia matriz. Ostenta el título legal de «visitador», una figura que le otorga plenos poderes sobre la institución. Actualmente reside en Panamá. En cuanto a Magali Guérin, la exesposa del fundador y madre de Nazarh, ejerce una gran influencia y ocupa el cargo de vicepresidenta de la iglesia. La tercera figura de relevancia en la Iglesia Esenia actual es Florent Cecchella, quien ocupa actualmente el cargo de presidente tanto de la iglesia «matriz» (EEC) como de la iglesia «hija» o filial ubicada en Quebec (EECQ). Además de sus cargos presidenciales, Cecchella fue nombrado liquidador testamentario del fundador a petición de la propia familia.
Para los que no conozcan mucho la corriente Esencia, cabe indicar que los Esenios históricos fueron una secta judía del período del Segundo Templo (siglos II a.C. a I d.C.), asociados tradicionalmente con los Manuscritos del Mar Muerto y un estilo de vida ascético y comunitario en el desierto de Qumrán. Manitara aseguraba que la «Tradición Esenia» es una corriente eterna de sabiduría divina que ha tenido diferentes portavoces a lo largo de la historia, como Enoc, Moisés, Buda, Jesús y, en la era moderna, Peter Deunov y Omraam Mikhaël Aïvanhov (de quienes tomó gran parte de su estructura filosófica). Y, evidentemente, él mismo. Sin embargo, el movimiento de Manitara no es una continuación histórica directa, sino una corriente esotérica, teosófica y de la Nueva Era (New Age). Su cuerpo doctrinal es una amalgama de gnosticismo, cristianismo primitivo, hermetismo y canalizaciones espirituales.
Entre sus prácticas más características, encontramos la llamada «Ronda de los Arcángeles», la práctica litúrgica más importante del movimiento, consistente en celebrar las cuatro estaciones del año, asociando cada una a un Arcángel mayor, considerado como un aspecto de la divinidad y de la naturaleza. Durante estas celebraciones, los fieles realizan danzas sagradas, cantos y meditaciones para alinearse con las «leyes cósmicas». Sostienen que el ser humano posee cuatro cuerpos (físico, emocional, mental y espiritual) que deben ser purificados constantemente. Promueven un estilo de vida estrictamente vegetariano/vegano, el contacto con la naturaleza, el pensamiento positivo y la meditación como herramientas de higiene espiritual. Manitara escribió también los llamados «Evangelios Esenios», textos pretendidamente canalizados que reinterpretan las enseñanzas de Jesús y de otras figuras bíblicas desde una perspectiva esotérica, enfatizando el conocimiento interior (gnosis) por encima de los dogmas eclesiásticos tradicionales.
Ahora bien, la Iglesia Esenia no opera solo como una escuela de pensamiento, sino como una estructura comunitaria y jerárquica. Como ya se ha mencionado, fundaron determinadas comunidades cerradas conocidas bajo el nombre de «Aldeas Esenias» (Terranova en Quebec, Canadá, y otras en Francia y Gabón). En estas aldeas, los miembros buscan vivir en autosuficiencia, lejos de las influencias de la sociedad de consumo (a la que consideran degradada espiritualmente), enfocados en la agricultura ecológica y las artes sagradas.
El grupo ha sido monitorizado de cerca por organismos gubernamentales como la MIVILUDES en Francia (Misión interministerial de vigilancia y lucha contra las derivas sectarias). Manitara fue calificado por el presidente de este organismo como un «siniestro gurú» con «tesis apocalípticas». Exmiembros que lograron salir del grupo han denunciado públicamente haber sufrido «lavados de cerebro», manipulación psicológica, aislamiento y la exigencia de obediencia absoluta. Y es que la Iglesia Esenia ha sido fuertemente criticada por la «mercantilización» de su fe. Por ejemplo, para ascender dentro de la jerarquía espiritual o para poder participar en ceremonias, los devotos deben desembolsar enormes sumas de dinero. En otro orden de cosas, y durante la pandemia, la salud pública de Quebec ordenó el cierre forzoso de la sede religiosa en Cookshire-Eaton tras registrarse un brote de COVID-19 en la comunidad. Esto ocurrió debido a que decenas de adeptos esenios desobedecieron las medidas sanitarias y realizaron concentraciones esotéricas en secreto, lo que facilitó la propagación del virus en la aldea.
La táctica inmobiliaria del grupo consiste en adquirir grandes extensiones de terreno rústico, agrícola o forestal que son mucho más económicas, pero donde la construcción y las actividades de culto están prohibidas. En Canadá, compraron una finca de unas 100 hectáreas (zonificada como agrícola y forestal) por 1,1 millones de dólares. Allí construyeron sin permisos más de 30 casas, templos y una inmensa estatua de un arcángel. En Francia, se establecieron sobre 42 hectáreas de bosque y monte bajo clasificados como zona no urbanizable, donde edificaron ilegalmente viviendas, templos y hasta redes de agua y saneamiento. Para abaratar aún más su estilo de vida comunitario, los responsables de la Iglesia Esenia se aprovechan de su estatus de «organización benéfica religiosa». En el asentamiento canadiense, por ejemplo, la Iglesia se ha negado a pagar impuestos municipales alegando que las decenas de viviendas construidas son en realidad «presbiterios» y, por tanto, están exentos de contribuciones.
Para sustentar esta expansión física, el grupo exige a sus seguidores (que se estiman en unos 1.000 en el mundo) grandes sumas de dinero. Los exmiembros denuncian que para formar parte de los «elegidos» y ascender en la jerarquía espiritual hay que pagar constantemente: las formaciones de iniciación o para convertirse en sacerdote esenio pueden costar entre 600 y 10.000 dólares; la participación en la «Ronda de los Arcángeles» (su evento principal, cuatro veces al año) cuesta 400 dólares por persona; y los miembros que construyen y viven en las aldeas a sus propias expensas deben pagar además un «diezmo» o cuota mensual (por ejemplo, 100 dólares mensuales por el «culto a la luz» o aportes de 400 dólares para poder residir allí)
A medida que el grupo acumulaba capital (reportando activos por más de 5 millones de dólares solo en Canadá en 2016), su modelo mutó hacia el uso de estructuras opacas. Cuando los bancos canadienses les cerraron las cuentas debido a transacciones sospechosas, establecieron entidades en paraísos fiscales. Crearon una fundación privada en Panamá (Da Pacem) y corporaciones de responsabilidad limitada (LLC) en Delaware, EE. UU. (como Annonciation International LLC y Everclear LLC).
El mayor escándalo financiero estalló cuando antiguos administradores revelaron que cientos de miles de dólares donados por los fieles en Canadá, libres de impuestos, fueron transferidos a una cuenta en Panamá a nombre de la fundación privada llamada «Da Pacem». A partir de diciembre de 2017, los líderes de la iglesia ordenaron a la filial en Quebec que los fondos destinados al desarrollo caritativo («Fondo de realización de la obra») se transfirieran a una cuenta en Panamá a nombre de la recién creada Fundación Da Pacem. Los administradores canadienses enviaron medio millón de dólares libres de impuestos durante tres años, creyendo firmemente que el dinero serviría para comprar tierras y desarrollar un nuevo asentamiento esenio en Panamá (el «Jardín de la Luz»). La fundación también recibió más de 53.000 dólares directamente de la iglesia madre en 2018 y casi 75.000 dólares estadounidenses de una empresa editora esenia registrada en Delaware (Annonciation International LLC).
A principios de 2021, los administradores de la iglesia descubrieron que Da Pacem no tenía ninguna misión humanitaria ni pertenecía a la institución religiosa. Sus estatutos confidenciales establecían que era una fundación de interés privado cuyo «disfrute exclusivo y total del patrimonio» pertenecía únicamente a su protector: Olivier Martin. De hecho, los registros bancarios muestran que, antes de morir, Martin se transfirió 160.000 dólares estadounidenses (en cuatro transferencias de 40.000 dólares) desde la fundación hacia su cuenta personal. Tras su fallecimiento, los herederos y beneficiarios de la fundación pasaron a ser sus hijos. La exesposa de Martin, Magali Guérin, defendió el uso de la fundación afirmando que no se trataba de dinero de la iglesia, sino de pagos legítimos correspondientes a regalías y derechos de explotación por las obras y ceremonias creadas por su difunto marido. Bajo esta premisa de «derechos de autor», en 2021 la Fundación Da Pacem exigió a la iglesia de Quebec el pago retroactivo de 42.000 dólares por el derecho a usar sus obras y 36.000 dólares adicionales por la «gestión» del pueblo en Canadá. Además, la fundación cobraba sumas de entre 1.500 y 12.000 dólares mensuales a otra corporación de Delaware (Everclear LLC) por permitirles utilizar conceptos e ideas esenias en Panamá.
La fundación fue disuelta formalmente en mayo de 2024. Sorprendentemente, en el acta notarial de disolución, el despacho de abogados panameño declaró que Da Pacem «no había tenido movimientos contables desde su creación», que «no realizaba actos comerciales» y que solo contaba con su capital inicial de 10.000 dólares. Sin embargo, un estado de cuenta bancario de la fundación fechado en octubre de 2020 revelaba que en realidad poseía un saldo de 546.054 dólares estadounidenses, lo que levanta serias sospechas sobre el destino final de ese dinero.
Ahora, el pasado mes de mayo de 2026, un tribunal francés ha ordenado la demolición total del pueblo sagrado de «Terranova», un complejo de 42 hectáreas construido ilegalmente y sin permisos de obra. La sociedad civil inmobiliaria del grupo también fue multada. El tribunal no aceptó la petición de la fiscalía de demoler todo de forma inmediata (antes de septiembre de 2026). La comunidad va a recurrir la sentencia, lo que retrasará el proceso definitivo durante varios años. Las construcciones previas a 2014 podrían librarse de la piqueta debido a los plazos de prescripción penal en Francia. Por tanto, por el momento, tan solo se destruirá una parte del complejo.
