Durante el movimiento del Instituto Politécnico Nacional del pasado 2014, se articularon varios grupos estudiantiles en México muy implicados en promover cambios en la enseñanza. El movimiento como tal,  #TodosSomosPolitécnico, estaba conformado en su mayoría por alumnos y docentes y tenía como objetivo detener los cambios en planes de estudio y el nuevo reglamento interno, así como también atender las demandas específicas de la vida académica en los centros de estudio, escuelas y unidades profesionales.

En medio de esta convulsión estudiantil, el grupo de Conciencia Revolucionaria se dio a conocer, inicialmente, como una organización promotora del discurso de la autonomía democrática. Aunque con el tiempo se evidenció que no sólo otros colectivos estudiantiles desconocían por completo a este grupo, sino que además terminaron por ser expulsados de las Escuelas del Casco de Santo Tomás. Y es que tal colectivo estaba formado por estudiantes recién ingresados que estaban plenamente al servicio de Conciencia Revolucionaria, con el objetivo de monitorear el funcionamiento interno de las asambleas nocturnas en las escuelas y manejar esa información a favor de las autoridades.  Pero al parecer  su expulsión no impidió que dicho grupo continuara funcionando como un grupo que, de hecho, perseguía desestabilizar movimientos en varias escuelas del Instituto Politécnico Nacional. Durante la gestión de Enrique Fernández Fassnacht, funcionó como grupo infiltrado en asambleas locales de tal modo que pronto se ganó el nombre del “grupo apaga fuegos”. Y llegó a funcionar tan bien que se les fueron entregadas las direcciones de dos escuelas: el CECyT 5 y el ESIME Azcapotzalco.

Conciencia Revolucionaria también proyecta una imagen de jóvenes profesores asiduos al estudio, cuya línea de pensamiento crítico es marxista. Aunque citan a Marx y Engels, sobretodo mencionan reiteradamente al profesor Luis Arizmendi Rosales, actual director de la revista internacional Mundo Siglo XXI, así como profesor docente del Instituto Politécnico Nacional de México y de la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿Quién es Arizmendi? Para los jóvenes de Conciencia Revolucionaria, es el único autor capaz de entender e interpretar los problemas del mundo, el único capaz de evaluar el estado actual de la crisis del capitalismo y proponer alternativas originales para ir más allá del capitalismo. Para los miembros de dicho grupo, los demás autores son personas limitadas, faltas de originalidad y muy por debajo del pensamiento de Arizmendi. Es a partir de esta labor académica, y de su cuestionable papel de líder autoproclamado, que el profesor ha ido construyendo en torno a su figura un grupo estable de acólitos que funcionan como discípulos obedientes, ya no sólo en el plano político o académico, sino a otros niveles como veremos más adelante en este artículo.

El grupo ha ido teniendo varios nombres a lo largo del tiempo. A finales de los 90, “Conciencia de la libertad”. Entre 2000-2005, “Conciencia Despierta”. Coloquialmente se les conoce como “los arizmendis”. Como agrupación, funcionan desde hace más de veinte años en la Escuela Superior de Economía, y poco menos de diez en la Facultad de Economía de la UNAM, en su doble vertiente, la política-académica propiamente y de cara al exterior; pero a nivel interno, por el lado de la convivencia de varios discípulos del profesor en una casa situada en Colonia Del Carmen Coyoacán (Ciudad de México),  vivienda donde residen actualmente unos catorce docentes, alumnos y ex alumnos convertidos ahora en adeptos del mencionado profesor.

Más allá de su presentación externa, el profesor se presenta a sí mismo como creador de un supuesto método terapéutico que ha dado en llamar “el trans-psicoanálisis”, una particular mezcla entre postulados marxistas y pretendidamente psicoanalíticos destinados al culto de su personalidad. De acuerdo con la experiencia vivida por varios antiguos integrantes del grupo con los que he tenido ocasión de trabajar, este grupo, que se define como grupo de estudio y que fue formado en un entorno académico, ha derivado con el paso del tiempo hacia el funcionamiento típico de una deriva sectaria. Veamos ahora en qué aspectos el grupo se ha sectarizado.

Como toda deriva sectaria, el grupo funciona en distintas capas: hacia el exterior funciona como grupo estudiantil de corte marxista donde Arizmendi es el ideólogo, mientras que hacia el interior funciona como una secta no religiosa, con una clara estructura piramidal en donde Arizmendi es un maestro autodenominado “el Ser-Dios”. Desde ese lugar único de gurú, dicta y regula la vida de sus miembros estableciendo, entre otras cosas, con quién deberán mantener relaciones sexuales o cuánto es el dinero que deberán aportar mensualmente a la causa del grupo o del mismo profesor.

De hecho, en el 2001, Arizmendi fue denunciado ante las autoridades escolares por varias personas que se salieron de su grupo por comportamientos claramente abusivos, tales como la prohibición de comer carne o lácteos a las mujeres “para conservar la figura esbelta”, a la vez que la insistencia en participar en baños comunales “para purificar el cuerpo y la conciencia”. Y en fechas recientes, el referido profesor ha sido objeto de denuncias de violación en los tablones de denuncias de la Facultad de Ciencias Políticas y la Facultad de Economía de la UNAM.

Lo cierto es que antiguos integrantes del grupo Conciencia Revolucionaria describen que a lo largo de su estancia en el grupo se daba una mayor presión para actividades extra académicas al servicio de Arizmendi, por ejemplo: presión continuada para aportar más dinero, o limpiar la casa del líder, contribuir para la preparación de sus traducciones o trabajos académicos, la transcripción de sus conferencias, la edición y publicación de videos de sus conferencias en su canal de YouTube o la construcción de su propia página web para difundir sus trabajos. Aunque luego las tareas se extendieron hacia cuestiones menos académicas como veremos.

Dentro del grupo de estudiantes y activistas, el mencionado profesor ejerce un liderazgo absoluto sobre los integrantes, funcionando con una ideología que combina conocimientos del marxismo, el psicoanálisis y conceptos religiosos para establecer lo que denomina “El Proyecto”. Lo que se traduce, en la práctica, en el hecho de que el profesor es quien enseña y predica lo que él mismo llama “El Proyecto de Ser Dios” en la Tierra; y cuyo Paraíso es vivir a su estilo y en obediencia , en comunidad, para alcanzar “el futuro por adelantado”.

El método de atracción de nuevos miembros consiste en invitar a estudiantes de los tres primeros semestres a su domicilio particular, con la propuesta de estudiar marxismo y psicoanálisis. En general, la entrada en el grupo suele venir de la mano de algún integrante que se acerca y comparte inquietudes con jóvenes, o de algún profesor o ex-alumno, en el contexto de alguna clase en la universidad con temas de política, la crisis del capitalismo o de la explotación del trabajador, así como la importancia de luchar contra el capitalismo y toda forma de opresión. Después de un tiempo asistiendo a alguna charla informal sobre el tema, la persona es invitada a participar en los “círculos de psicoanálisis” que se llevan a cabo los sábados en el mismo piso del mencionado profesor. Las sesiones de lectura se basaban en las particulares interpretaciones de Arizmendi sobre el conocido libro “Análisis del carácter” de Wilhelm Reich. Arizmendi habla entonces de cómo la estructura psicológica de las personas en el capitalismo está dada por la represión sexual y que derivado de eso la mayoría de las personas viven controladas, dócilmente, y que la represión sexual se plasma en los cuerpos, así son moldeables y reprimidos, de modo que según Arizmendi lo liberador debe ser la libertad total de los impulsos sexuales a través y solo a través de su método de vida.

Arizmendi ofrece “cursos de psicoanálisis”, “asesorías de tesis” y “círculos de estudio”, al principio de manera gratuita, para enganchar a los participantes, si bien tras algún tiempo de participación, termina por cobrar dinero sosteniendo que sus enseñanzas son “el único camino para vivir la revolución” o que “en ningún lugar habría de conocer tanta verdad y originalidad en sus interpretaciones”. Y que, por ese mismo motivo, “se le debe la vida”.  Si bien conviene aclarar que este profesor, licenciado en Economía, no tiene formación alguna ni en salud mental ni en psicoanálisis -más allá de las lecturas sui generis que haya podido realizar-, eso no le impide hablar sobre psicoanálisis y marxismo, ofreciendo charlas en donde transmite su particular visión del psicoanálisis, ofreciendo espacios al estilo de terapia a sus discípulos para “curar la neurosis” y a partir de los cuales seducir para una mayor participación con el grupo y finalmente tener acceso sexual a las mujeres seguidoras de su proyecto. Este método consiste en asumir su forma de vida y fortalecer la relación de pareja en la poligamia guiada por él, que es calificada en interior del grupo como “vivir la revolución sexual”.

En esas primeras reuniones, se acoge afectuosamente con comentarios muy halagadores por parte de los integrantes: “qué bueno que viniste” “eres muy valioso” o “tú eres una persona muy sensible”, siempre en una atmósfera de bombardeo de amor al estilo de los moonies. El mismo profesor manifiesta abiertamente su interés por conocer más a las personas que asisten y las invita a continuar asistiendo al círculo. Y realiza comentarios como: “puedes desarrollar capacidades que en ningún lado obtendrías” o “si sigues creciendo a mi lado vas a ser muy feliz”.

La estructura de secta ha ido cristalizando con el paso de los años, con una filosofía de base por la cual se insiste en que todo lo que existe en el capitalismo está mal: las relaciones sociales, las aficiones, los gustos, las necesidades, etc.; y que la forma de vivir de la sociedad produce dolor, decepciones y tristeza y eso conecta con “el horror de la época”. Entre sus propuestas, figura la idea de que para vivir felices, los seres humanos deben negar el capitalismo y, en consecuencia, todo lo que tenga que ver con la familia, “las profesiones donde te explotan”, las relaciones de monogamia, la religión o las aficiones capitalistas. El profesor se ha erigido prácticamente como gurú, pasando a definir la dieta recomendada, los métodos para tratar enfermedades, los gustos musicales, la profesión que el discípulo debería elegir o con qué personas el discípulo puede andar y con quienes no se puede andar, además de elegir las mujeres con las que otros adeptos pueden involucrarse o decidir con quién deberá mantener él relaciones sexuales “para curarlas” o para “estabilizar a las parejas que tienen problemas”.

El profesor define un modelo de vida en rotunda oposición con todo lo que está fuera del grupo, estableciendo claramente un “dentro” y un “afuera” y en donde “la única forma de vivir válida y revolucionaria” es la suya, ya que sus enseñanzas “persiguen resolver tu lado oscuro”. Esta división tan simplificadora incluye también “tomar postura” (es decir, negar el pensamiento propio y acoplarse el pensamiento del grupo) y “atreverse a elegir otro modo de vivir” (es decir, entrar en el Proyecto del profesor, lo que es definido como “vivir al límite”). Y es que según las enseñanzas del profesor, vivir en el capitalismo es “vivir de modo enajenado” (y, en consecuencia, eso es sinónimo de “ser enemigo del grupo o del Proyecto”). Y cuando un adepto cuestiona alguna decisión del líder (o decide abandonar el grupo, por ejemplo) pasa a convertirse en un enemigo del grupo, “un anti-revolucionario que sigue su lado oscuro” y va a quedar fuera del grupo privado de “las enseñanzas auténticas” del profesor Arizmendi, quedando “condenado a vivir mal”. De hecho, a las personas que salen del grupo se les tilda de “traidores” y se les aplica la “muerte social” que es una estrategia de vacío social y silencio total. Según el profesor, los que se van quieren destruir al grupo y para que eso no suceda, los que se quedan, deben aferrarse a la “revolución”, lo que implica desconectar de aquellos que abandonaron. Algunos ex miembros describen cómo, al salir del grupo, el gurú relató al interior del grupo que el abandono del grupo se debía “al desencanto y a la crisis de las izquierdas a nivel global” que siendo su Proyecto algo tan radical, “la misma izquierda en crisis no podía con una misión soñadora tan grande y que los que se quedaban debían aferrarse con fuerza a pesar del dolor, que el sacrificio resultaría en una recompensa futura”.

Estos ex miembros, describen también  que mientras estaban dentro de Conciencia Revolucionaria, fueron presionados emocionalmente, a través de la manipulación de su intimidad, compartida en sesiones de “terapia” con el profesor; aspectos íntimos que luego fueron expuestos públicamente, para humillar, ridiculizar o presionar ante las dudas o las críticas, al estilo de las clásicas confesiones públicas de las sectas. En el interior del grupo, el líder se jacta de ser “un experto en problemas emocionales” e incluso que él  es “el único hombre con la capacidad de curar a las mujeres de sus problemas emocionales”. Dentro de su particular lectura y aplicación de sus ideas, para el profesor, las mujeres son seres inferiores, “incapaces de controlar su genitalidad” y “son proclives a traicionar y escapar del amor”. Por tanto, no son de fiar cuando se enamoran y es por eso que hay que ayudarlas. ¿De qué manera? El método de curación que propone en esta inventada disciplina suya es tan antiguo como las sectas mismas: él deberá mantener relaciones sexuales con ellas para de este modo poder “transformarlas”. Asimismo, sus alumnos-discípulos deben aceptar que el profesor-gurú mantenga relaciones sexuales con sus parejas: es una medida para “curarlas”, ya que según sus propias palabras, él puede curar las histerias de las mujeres “con su poder para absorber histerias”. En consonancia, afirma que si él  establece relaciones de concubinato o tiene relaciones sexuales con ellas -que él denomina “relaciones mínimas”-, las puede aliviar, las vuelve más seguras y las lleva a que resuelvan sus problemas psicológicos y sean más productivas.  Y es con este discurso como justifica el aprovechamiento sexual de las alumnas-discípulas y consigue la aceptación de algunos de los hombres, ya que en caso contrario lo que sobrevendrá es el castigo y el escarnio público. Aparte de la cuestión del aprovechamiento sexual derivado de su autoridad moral como profesor, algunas personas que abandonaron describen igualmente presiones variables para aportar mayores cantidades de dinero desde el pasado 2013 (con importes por valor de entre 15mil a 23mil pesos mexicanos por integrante), además de otras aportaciones, porque según Él “me debéis la vida”.

A mediados del 2008, se suman a los “círculos de psicoanálisis” las sesiones de “los jueves estéticos”, que consistían en que cada jueves Arizmendi invitaba a los miembros a ver películas que después él mismo se encargaba de desmenuzar teóricamente, apuntando siempre a temas que giraban en torno al mal, el sentido teatral de la vida,  que todo en las relaciones humanas era dialéctica de poder, las relaciones de amo-esclavo o que las mujeres y los hombres tienden a traicionarse por conflictos edípicos. El profesor insiste reiteradamente en que es importante que los integrantes del grupo vean esto, porque el grupo que propone representa “una oportunidad para transformar el mundo”. Se supone que los integrantes conforman un grupo que está “conquistando el futuro por adelantado”, empezando por las relaciones humanas.  Lo que sin duda genera un mensaje contradictorio que deja a los miembros más desorientados si cabe. Es justamente a partir de 2008 que el profesor empieza a funcionar como terapeuta, ofreciendo ayuda a los integrantes del grupo “para trabajarse psicológicamente”. La ayuda consiste en que cada adepto tendrá que buscarlo para hablar con él y en esa charla el adepto tendrá que ser valiente para reconocer “todas sus miserias” y contarle como un libro abierto sus problemas psicológicos para poder ser ayudado. El profesor subraya que si uno no quiere ver en profundidad sus conflictos, era porque no estaba comprometido a trabajarlos. Y eso es equivalente, finalmente, a traicionar el Proyecto de grupo revolucionario.

Además de esa sesión de los jueves y de los círculos de los sábados, invitaba a sus seguidores también a sus conferencias en la Universidad Nacional Autónoma de México, solicitando a sus devotos seguidores que colgaran carteles y pósteres para promocionar sus conferencias. Si bien al principio eran sugerencias e invitaciones, más tarde se convertiría en la exigencia de asistir a sus conferencias, la obligatoriedad de hacer difusión de sus actividades e incluso de grabarlas para luego transcribirlas. Si nadie se ofrecía, el líder hace comentarios culpabilizantes  del tipo “yo les dedico mucho tiempo, ¡qué raro que nadie pueda!”. En otras ocasiones, temiendo quizá algún escrache en sus presentaciones, advirtió a sus discípulos para que prepararan pancartas por si en caso de necesidad saltaba un escrache del público se neutralizara rápidamente con las pancartas preparadas a favor del profesor.

El control que ejerce el profesor se ha ido extendiendo con el paso de los años, hasta llevar a sus discípulos a celebrar fiestas de disfraces u otras en donde se celebraba su cumpleaños (o de otros miembros del grupo), tras lo cual todo el mundo debía expresar su agradecimiento al profesor como fundador del grupo. Con el tiempo, esta práctica de agradecerle las enseñanzas se ha ido haciendo cada vez más habitual, hasta el punto de que sus cumpleaños eran celebrados como una gran fiesta donde cada miembro del grupo preparaba un número artístico para el profesor, algunos bailaban, otros cantaban, otros hacían números de magia, obras de teatro, y otras cosas para agradecerle al fundador “el poder realizar el sueño de vivir de modo alternativo”. A partir de ahí, los cumpleaños del profesor pasaron a celebrarse a lo grande, terminando a altas horas de la madrugada.

Aproximadamente en torno a marzo o abril de 2008, el profesor convoca en su piso a varios miembros del grupo para una “reunión de balance”, consistente que cada uno de ellos debe expresar con quién se lleva mejor o peor, amonestándoles con la idea de que es importante que haya buena conexión entre los integrantes del grupo, que debían integrarse más en el trabajo político y en todas las actividades de Conciencia Revolucionaria. Al mismo tiempo, el profesor-gurú reprende a algún asistente por el hecho de hablar con personas externas a Conciencia Revolucionaria. Desde ese momento, el maestro se vuelve más rígido con la exigencia de no frecuentar tanto a personas externas al grupo, “porque son pendejos, es perder el tiempo y no es un acto revolucionario”.

Entre 2008 y 2012, la mayor parte de los sábados, el grupo se reúne para comentar el texto y a escuchar fundamentalmente al profesor, quien se sienta en una silla mecedora y ofrece una disertación de una hora, explicando chistes y comentando sus propias opiniones sobre la moral sexual y lo que él llama “la crisis de la familia”. Todas sus charlas deben ser grabadas, porque insiste en que las vuelvan a escuchar, ya que lo ahí se dice es “muy importante para sus vidas”. Aunque, al mismo tiempo -siendo ésta otra nota distintiva de su progresiva sectarización-, el maestro pide que no se comente nada de lo que allí se habla con personas externas, “porque no lo entenderán” o “se asustarían”, porque según el maestro “son seres retrógrados que no entenderán lo que nosotros hacemos”. En estas sesiones, el profesor reitera que las personas comunes viven “en la enajenación” comiendo carne y teniendo costumbres burguesas (como ver el fútbol o escuchar música pop sin contenido político) y eso los hacía “vivir en el error”; y, en consecuencia, lo que él propone es “vivir de un modo alternativo”, “contra el capitalismo”, “comiendo sano” (evitando el consumo de carne roja o el azúcar) y escuchando música politizada y entendiendo como funciona el capitalismo. Con posterioridad a las sesiones del círculo, propone realizar “una actividad de integración”, que se traducía en ir a comer juntos y ver una película en su casa, que él terminaba explicando siempre y donde al final siempre se terminaba en las críticas a la moral sexual burguesa y críticas a la familia como forma social en crisis, así como críticas a las personas que consumen carne, que piensan en el amor romántico o que viven una vida integrados al modo de vida capitalista. Muchas de esas sesiones terminaban siendo atractivas, porque habla de un mundo mejor, de la justicia y de la revolución socialista, de establecer relaciones sociales libres donde el amor y la sexualidad se liberasen para poder alcanzar un destino utópico. Conforme iba avanzando en las sesiones de estudio, el profesor va alabando a quien piensa y se expresa en sintonía con lo que dice, al mismo tiempo que desaprueba o rechaza a aquellos que no piensan igual.

Progresivamente, se instaura un discurso que divide entre los que avanzaban y los que no avanzaban y aprovecha el tiempo para humillar a los integrantes por sus gustos, creencias o manera de pensar que resultaran contrarias a las que él enseña. También se fue estableciendo una estructura de reconocimiento social donde se premiaba con palabras del líder a la persona del grupo que más asistía a círculos, conferencias, y actividades del grupo y se ignoraba a las personas menos involucradas. De hecho, se establece una doble categoría de miembros: “miembros orgánicos”, los importantes, a los que más ayuda el líder y otras personas y los “miembros periféricos”, los que menos asistían, se debían ganar su lugar y en consecuencia había que tratar con menos atención. Es durante esos años que el profesor empieza a desinhibirse cada vez más, empleando en las reuniones términos como “guapa”, “muñeca” o “preciosa” o “sabrosa” para referirse a las mujeres integrantes, con piropos explícitos delante de todos buscando también ser refrendado por los demás hombres presentes en la reunión. O se dedica a hablar en público sobre los pechos de las mujeres o el tamaño de sus glúteos. O en otras ocasiones remarcaba que no se le entendía precisamente por la propia “rigidez sexual”. Empieza, asimismo, a sugerir a las mujeres que podrían vestir como viste su propia esposa, a quien llama “baby” (p.ej., vestir con zapatillas o tacones altos, minifalda, vestidos ajustados de escote generoso, maquillarse, pintarse las uñas, etc.). Si una mujer del grupo se viste de tal manera, es reconocida entonces como “una mujer liberada sexualmente” o “que afirma su feminidad”, mientras que si por el contrario emplea pantalón o chamarra holgada se le indica que le faltaba ser más femenina y se le recomienda seguir los pasos de la “Baby” (aparte de pedir luego a los restantes miembros del grupo que hablaran con ella para que fuera más femenina).

Entre 2008 y 2010, el líder empieza a criticar abiertamente en las sesiones a la familia, a la “dañina interacción maligna con la familia” que era “la fábrica de la neurosis” o la “fábrica de la histeria”. Con este discurso, empuja progresivamente a los miembros a separarse y a desvincularse de la familia. Se insiste en que con la familia no se pueden construir relaciones auténticas, porque los lazos familiares eran lazos definidos sin elección y como lazos no elegidos. Además, remarca que no hay perspectiva de cambio, porque la familia es una estructura conservadora, “esclavos que no hacen la Revolución”. Recomienda no contar lo que se hace en el grupo a los familiares, “porque son muy atrasados”. Asimismo, si después de alguna actividad no se continuaba en contacto con el grupo, se critica a aquellos que se alejan como personas que buscan “atomizarse” o a expresar reproches del estilo “no seas mala onda, a tu familia la ves siempre” o “tienes familitis”.

Es hacia finales del 2008 cuando el profesor empieza a hablar de lo que él llama “la revolución sexual”, que no es otra cosa que compartir parejas en poligamia. Y conceptualiza las relaciones posibles: “amistad redimensionada sexualmente”, “amistad con derecho a roce”, “parejas alternas” y otros modelos, con el objetivo de que el grupo de seguidores experimente con prácticas alternativas a la monogamia, que define como “tóxica para las relaciones humanas” y que representaba lo que debía morir para dar paso a una nueva sociedad revolucionaria. Esa era la mejor forma de vivir, la manera de vivir de un “auténtico comunista”. Da instrucciones a los hombres acerca del cómo avanzar en las relaciones alternas, transmitiendo la idea de que si ellos dejaban que él mantuviera relaciones sexuales con ellas y fueran compartidas con él, él se encargaría de hacer que la relación durara por siempre.

Entre 2009 y 2010, propone leer “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” de Engels, donde a raíz de la lectura de las formas de familia en la Antigüedad plantea al grupo que las relaciones comunales son la mejor opción. Pero que en esa vida comunal debe vigilarse a las mujeres, “porque tienden a traicionar, porque en la poligamia buscan vengarse del padre”. A partir de ese círculo centrado en tal reinterpretación de las ideas de Engels o Freud, promueve una política de restricción a las mujeres que andaban con él, así como una política de control y espionaje sobre sus parejas porque ellas no podían irse del grupo.

Entre los años 2010 y 2011, el círculo de psicoanálisis se volvió “el círculo de balances”, donde el profesor propone que cada uno haga un reconocimiento de cuáles eran sus miserias. El gurú estimula a que todo el mundo critique al que está exponiendo sus miserias, para en un segundo momento intervenir él para indicar cómo debían “trabajarse esos problemas”. Aunque, en otros momentos, entra en escena para atacar directamente o amenazar con “romper la madre” (criticar abiertamente en el contexto de grupo). El profesor-gurú-terapeuta pide a cada miembro del grupo que escoja a otro para explicarle todo y éste a su vez iría a contarle al líder para que él pudiera tener control de todo lo que pasaba en el grupo. A esta figura,  la designa como el interlocutor, indicando que “todos deben tener su interlocutor, no es posible que estén tan mal, puta madre” decía el profesor en sesiones de balance.

Entre 2011 y 2012, Arizmendi radicaliza el discurso en contra de la familia y pide a los más implicados del grupo y a otros miembros que critiquen a las personas que dejaban de ir a los círculos: “¿cómo es posible que no valores lo que tenemos aquí?”, “lo que pasa es que te quieres atomizar porque quieres el proyecto de la familia”, “te quieres ir del grupo pero fuera del grupo no encontraras amigos de verdad”, “sabes que fuera del grupo te va a ir mal” o “fuera del grupo no vas a ser feliz, seguirás la tragedia de la sociedad”.

En paralelo, el profesor desarrolla funciones como si fuera el terapeuta de todos, animando a que las personas abrieran conflictos sexuales muy delicados, los cuales más adelante ha usado para aprovecharse sexualmente de las mujeres del grupo. Según él mismo, la monogamia y el ser posesivos hacía que las relaciones perdieran su brillo por la decadencia de los celos, y que un modelo alternativo de relación que eran las relaciones abiertas, que permitía la entrada de una tercera persona que podía ayudar a estabilizar las relaciones de pareja; como ejemplo, hablaba de cómo él en el pasado había salvado con ese método varias relaciones en sus grupos anteriores.

Además, en los círculos y en otros balances entre 2008 y 2010, promovió una política misógina para que los hombres del grupo accedieran a mantener relaciones con otras mujeres del grupo tras la autorización del profesor-gurú. En un estilo de política medieval, y a través de los círculos de estudio, el profesor insiste para que muchas de las mujeres accedieran a estar con otros hombres presionadas por varias personas y por el líder, y condicionaba a que las mujeres accedieran a mantenerse con un hombre dentro del grupo sin estar convencidas o enamoradas del hombre. En varias sesiones de balances le insiste a los hombres  “yo te tuve que convencer a ti y a ella (o él) para que anduvieran, me debes una mano”. Y en caso de oposición o reticencias, el profesor lleva a cabo un juicio sumario o se la culpabilizaba todavía más. Aunque las relaciones en el grupo eran en apariencia “abiertas” por el proyecto de poligamia, el único ser que podría andar con más de dos personas de modo simultáneo era el profesor, quién se decía estar resuelto y haber aprendido a “bailar con el diablo”.

El profesor manejaba los escenarios en las relaciones de los integrantes del grupo, proponía relaciones con terceros sin consultarlo con los involucrados y una vez que había conflicto entre la pareja, se presentaba como la solución y les proponía a las mujeres acostarse con él para poder contener las ganas de vengarse de su pareja. El profesor utilizaba su figura de autoridad para justificar posicionarse sexualmente a través del acoso o el consentimiento de los demás para aprovecharse de las jovencitas del grupo explicándonos que él tenía todo el derecho de “interceder” en una relación porque él era un hombre formado, y con sus conocimientos de psicoanálisis él podía intervenir sexualmente para que las mujeres regresarán más felices con su pareja, estableciendo un sistema de complicidades para que todos normalizaran dicha práctica medieval y presionando públicamente para que se aceptaran sus normas (como era su grupo, que él había formado, si no estábamos de acuerdo nos fuéramos del grupo porque él como líder no tenía por qué dar explicaciones a nadie ni pedir permiso de nada. Pero para cuando él proponía eso muchos de los adeptos ya habían puesto en cuestión su lazo con la familia y se habían segregado de la sociedad, lo cual a muchos les daba miedo enfrentar e irse del grupo).

Desde 2011, la situación dentro del grupo aumenta en cuanto a la presión sobre los miembros. El maestro estimula múltiples balances, donde se dedica a criticar que tal o cual discípulo “es muy oral”, o que “tiene un enganche con la madre” cuya resolución pasaría por la sexualidad libre con el mismo profesor u otros miembros que él designe, o cuestiona a las parejas formadas porque para “vivir un amor maduro” deben entregarse a él, o si alguna mujer no accede a tener sexo con el maestro “es por una cuestión edípica” … en cualquier caso, y de forma sistemática, empleando jerga psicoanalítica para humillar o controlar más a los discípulos. Y como el profesor-gurú “ha aprendido a bailar con su Diablo”, él es el único con el derecho de mantener relaciones con dos o más discípulas al mismo tiempo. Porque lo hace por ellas y por las parejas, es el que tiene el método de curación de la neurosis. Paralelamente, aumenta el control entre los propios miembros del grupo, que se ven obligados a espiar y a delatar a aquellos discípulos que se desvíen del Proyecto, porque es un “acto anti revolucionario”, es “una traición”. Y eso debe castigarse, emocionalmente y con el ostracismo y el rechazo absoluto. Si alguna discípula se negaba a seguir manteniendo relaciones sexuales con el profesor, eso pasaba a ser “un acto de agresión”, “un intento de destruir al grupo”.

Entre 2012 y 2013 algunos integrantes del grupo que empezaron a mostrar interés por su desarrollo personal y otros al manifestar problemas emocionales fuertes, buscaron apoyo de un especialista externo al grupo (un terapeuta que había mantenido en el pasado una relación con el mismo grupo) que comenzó a tratar a dos personas, las cuales a su vez recomendaron su servicio a más adeptos al grado de ser más de diez personas en terapia. Cuando el profesor tuvo conocimiento de que varios asistían con dicho especialista puso la condición de que toda persona que fuera a terapia debería cuidar lo que decía en terapia, de tal modo que lo que decidieran hablar en terapia tendría que pasar por el filtro y aprobación del gurú. Con el argumento de que para que la experiencia de ir a terapia fuese “una experiencia auténtica” y no fueran a perderse en “su viaje en solitario en una terapia, que exaltaba el individualismo burgués” los adeptos tenían como condición ir antes a hablar con el gurú para acordar con él qué temas podían abordar y cuáles no estaban permitidos tocar en terapia. De este modo, se apropió e intervino de modo directo en el proceso de cada individuo llegando a controlar la información que se podría tratar en cada sesión de trabajo individual con el terapeuta externo. Cuando algunos de los adeptos empezaron a mostrar avances en su terapia personal, manifestando sentirse bien, más fortalecidos y con mayor confianza en sí mismos y con la autonomía para cuestionar los métodos de presión,  convocó a una reunión de balance a todos “para llegar a afinar detalles de las personas en terapia”. En dicha reunión celebrada en su departamento de la calle Amores Colonia del Valle, empezó diciendo “no puedo dejar que ese pendejo ponga en cuestión mi autoridad, es necesario que se hable con el terapeuta para comenzar el trabajo de terapia de modo conjunto” y aquí el profesor propuso que todos los que acudieran a terapia deberían de pedirle al terapeuta que hablara con él  y en ese mismo mes buscó al terapeuta para convencerlo de que se le mantuviera al tanto de todos los detalles de cada individuo en la terapia, especialmente de las mujeres. Además, en esa reunión se le cuestionó a las mujeres del grupo de ir a seducir al terapeuta y se les dijo a los miembros del grupo que dicho terapeuta quería tener que ver sexualmente con las mujeres, que evidentemente existían limites que el terapeuta no podía ver y para que ninguno fuera a terapia a “pasear su lado oscuro”, él debía interceder y darle consejos al terapeuta. Más adelante, ante el rechazo del terapeuta de mantenerlo informado de los procesos individuales de cada paciente, el profesor convocó a otra reunión en su casa para proponer a todos los adeptos que era urgente que dejaran la terapia porque dicho trabajo individual los llevaría a perderse y a abandonar el grupo. Pidió expresamente suspender las terapias y mandó a un miembro del grupo, al cual previamente lo preparó y le hizo repetir palabra por palabra el mensaje del líder para romper la relación en representación de todos los miembros. A raíz de dicho evento, el líder predicó el mensaje en el interior del grupo de que ningún terapeuta está a la altura de sus enseñanzas y propuso que en vez de ir a terapias trabajarán “su rollo”. En sus palabras, y según refieren los propios ex miembros, venía a decir: “a partir de ahora todos deben dominar mi rollo”, “no pueden seguir perdiendo su tiempo, deben dominar mis conceptos y repasar mis grabaciones”. De este modo el gurú, por el método de la presión grupal y la amenaza del peligro exterior combinado con “los lados oscuros” de cada discípulo, afianzó su control sobre la psicología de todos los individuos de Conciencia Revolucionaria.

Es en 2013 cuando Arizmendi  convoca a todos sus discípulos para comunicarles que tiene una deuda económica por empleo excesivo de su tarjeta de crédito. Y expone a sus adeptos que duda si continuar impartiendo círculos de psicoanálisis o ponerse a trabajar para pagar la deuda. La solución ante tal dilema existencial: que los adeptos abonen una cuota mensual de 400 pesos, 300 por el contenido del circulo y 100 por todos aquellos gastos que el profesor entendía derivados del empleo de su propia casa; y otra forma de pagar, era pasar a limpiar su casa. Es en 2014 cuando nuevamente el profesor da otra vuelta de tuerca al control, argumentando que las “contribuciones mensuales” no estaban saldando la deuda y que como el grupo es “mi obra viva” debían encontrar recursos; de modo que algunos miembros del grupo se vieron obligados a endeudarse con algún familiar o con algún conocido para poder aportar más económicamente, cifra que llegó a subir hasta 13mil 500 pesos mexicanos por cabeza. Para alcanzar tal nivel de ceguera, los brazos derechos del profesor tocaron todas las fibras sensibles habidas y por haber:  “Luís les ha dado su vida, él podría estar escribiendo su obra pero se ha dedicado a formarnos y nosotros como su obra viva debemos apoyarlo” “¿Cómo es posible que sean tan mezquinos y no quieran ayudar a Luís?” u otros comentarios del estilo. De hecho, muchos adeptos tuvieron que empeñar cosas, endeudarse con el banco y trabajar doble jornada para pagar la deuda del profesor. A partir de ese momento, el profesor  se sintió con la autoridad de pedir dinero a los adeptos de múltiples maneras, incluso bromeando sobre ello: “Yo digo a juego de broma, que me deben 5 mil pesos por sesión, pero no es solo una broma, porque las explicaciones que les doy no se las va a dar nadie, lo que yo les hago vivir no se compara con nada, en ninguna terapia normal les van a ayudar tanto como aquí”.

Muchas veces se la pasaba ridiculizando a las personas que no pertenecían al grupo, decía que todos los que no vivían como los miembros de Conciencia Revolucionaria eran unos primitivos que vivían en el error de “la plaga emocional”. Para seguir forzando el pago por parte de sus discípulos, hará referencia a que el pago es por “una cuestión de reciprocidad”. En esos años, el grupo lo conformaban unas treinta personas, lo cual arroja unas cifras de unos 3000 pesos a la semana (12000 pesos al mes, aproximadamente). Si algún adepto decía que no tenía dinero, el profesor lo cuestionaba y lo humillaba, y le mandaba a decir con otros adeptos que si no le entraban al pago él no perdería el tiempo con ellos para hablar de sus problemas personales.

Desde 2014, el profesor aumenta la presión para que se vigile a las mujeres, de forma que se les debía impedir que se relacionaran con hombres externos al grupo. Según el maestro, “andar con un wey fuera del grupo es generar un enganche patológico de su lado oscuro”. El profesor-gurú señalaba que si una mujer andaba con alguien fuera del grupo, eso era “una enajenación“, ninguna mujer del grupo podía salir, verse o tener amistades con hombres fuera del grupo, a la vez que estimulaba a que las personas con más tiempo en el grupo (“miembros orgánicos”) realizaran trabajos de espionaje para que las mujeres no salieran con nadie fuera del grupo. Cuando una mujer del grupo se sale, el profesor  inventaba que la mujer en cuestión se salía para destruir al grupo, para demostrar que no se podía construir “El Proyecto” y eso él lo tomaba como una agresión personal ante la cual todos debían tomar postura y ser enemigos de ellas. En la mayoría de los balances, el profesor-gurú tomaba de ejemplo a las mujeres que habían abandonado el grupo como una demostración de que si no seguían sus recomendaciones al salirse del grupo vivirían en el error, en proyectos enajenados y no serían felices nunca porque fuera del grupo la vida no es auténtica. Em profesor presionaba a que las mujeres confesaran si andaban con alguien fuera del grupo o si pensaban salir con alguien fuera del grupo, si una mujer lo reconocía, la humillaba públicamente y le decía a todos que la mujer en cuestión estaba en peligro, que había que criticarla y cuidarla, pero que no había que compadecerla.

A principios de 2016, algunos miembros del grupo se plantean vivir juntos. Cuando Arizmendi tiene conocimiento de esto, argumentó que si no había alguien que guiara la experiencia se les iba a escapar de las manos, de modo que propuso irse a vivir con los miembros del grupo y fundar una comuna que se estableció bajo el nombre de “Zión”, en Colonia San José Insurgentes, delegación Benito Juárez. En ese proceso, Arizmendi empezó a generar escenarios de violencia verbal con los varones de la casa que empezaron a cuestionar su proceder sexual con las mujeres al interior del grupo, ante lo cual el gurú dijo “cómo es posible que ellos no me agradezcan lo que hago por ustedes, yo les regreso a sus mujeres más fuertes, mejor formadas, deberían de agradecerme, mi intervención sexual con ellas es inevitable, sino entro yo a intentar curarlas hay muchos riesgos de que se vayan del grupo”. En ese contexto,  promovió una campaña de difamación para que los varones se retractaran y terminaran cediendo la relación de abuso y sumisión, lo cual derivó en la salida de algunos miembros.

Hasta la fecha el profesor no ha sido investigado ni denunciado formalmente, fundamentalmente por la confusión y el temor de algunos antiguos adeptos, pero también por el vacío legal en México que no penaliza este tipo de abusos morales. Me consta, igualmente, que otras personas abandonaron el grupo con daños significativos en sus vidas y en sus relaciones. Conciencia Revolucionaria, lejos de ser un grupo de estudio político, ha derivado hacia un funcionamiento más característico de una secta que, aprovechando el contexto universitario, exige una devoción ciega hacia el profesor, transformado ahora en gurú, proceso que puede desembocar en la destrucción de la identidad de los discípulos.