Desde hace un tiempo, tenía pendiente escribir algo sobre la Escuela de Shivaísmo de Cachemira, ya que he tenido ocasión de trabajar con algunos antiguos alumnos-devotos durante estos años. De hecho, hace un par de años, los mismos Mar y Juanjo parecen haberse molestado sobremanera por mi trabajo con alguno de sus antiguos alumnos, si atendemos a los comentarios que dejaron entonces en mi propio perfil de Google, acusándome de llevar a cabo actos de “crueldad terapéutica”.

La Escuela de Shivaísmo de Cachemira está fundada por Juan José Quesada Lizarazu y María del Mar Delgado Caro. Esta última se presenta como la maestra espiritual de la Escuela. Asegura que “desde niña estaba fascinada por el poder de la Diosa”. Cursó estudios de Filología Clásica y según su relato, mientras cursaba un doctorado, lo dejó todo porque empezó a sentir que “se asfixiaba” y también porque asegura haber “sufrido agresiones por parte del profesorado”. A partir de ahí, abandona los estudios y se dedica a ser bailarina de danza oriental, zambulléndose en algunos cursos de “lo Sagrado Femenino”, un producto típicamente new age, organizando eventos diversos para vivir de ello. En su infancia, además, asegura que fue víctima de un entorno familiar que ella misma describe como “peligroso”, marcado por el maltrato y el abandono emocional de su madre según su relato. Para poder sanar lo que ella misma autodiagnostica como “trauma complejo”, tomó la decisión de aplicar un distanciamiento radical o «contacto cero» con ella, esquema de ruptura que, sintomáticamente, se repite del mismo modo con los alumnos-devotos de la Escuela, que se ven obligadas a llevar actos de desprecio y/o ruptura hacia sus propias familias, a quienes se les atribuye el origen de todos sus problemas. A nivel personal, esta mujer que a la sazón funciona como gurú, explica que ha pasado diferentes crisis vitales que la condujeron a su “liberación espiritual”. Dice que sufrió una relación de maltrato psicológico por parte de una expareja, de cuya violencia solo fue plenamente consciente tras padecer y sobrevivir a un cáncer. Durante su recuperación, y nuevamente según su propio relato, el contacto con grupos feministas le permitieron ponerse «las gafas moradas», identificar la violencia sufrida y lograr separarse.

Dentro de toda esta trayectoria errática, su “camino espiritual” comenzó cuando se acercó hacia una sexualidad alternativa, contactando inicialmente con el neotantra de Osho a través de la revista Verdemente. Posteriormente, recibió iniciación en el tantra a través de un discípulo de Daniel Odier, según ella misma hace casi veinte años. A sus adeptos, siempre les habla de un tal “Pepe”. Nadie a conocido nunca al tal «Pepe». En cualquier caso,  aquello se le quedaba corto y por eso empezó a leer las fuentes originales de los Agamas y Sutras no duales. Según ella misma, el hallazgo de los comentarios orales transcritos de Swami Lakshmanjoo supuso un punto de inflexión definitivo. El culmen de su experiencia mística ocurrió durante una ceremonia con Yopo. A partir de ahí y de su lectura particular -sin sostén ni acompañamiento alguno de ningún maestro conocido perteneciente a la tradición de Lakshmanjoo-, empezará a poner en marcha sus talleres para conducir a la “liberación” a los alumnos.

Por su parte, Juanjo Quesada proviene de un trabajo como comercial en empresas tecnológicas, donde dice que fue vivió “intensos procesos de adoctrinamiento corporativo”. En un momento de su vida que describe como “buscando alinear mi propósito vital” -lo que se traducía en desubicación vital y un importante consumo de drogas-, asistió a un seminario de coaching en Oslo donde experimentó “un despertar” fulminante, lo que le llevó a trabajar él mismo “coach” después de aquel curso. Al igual que los restantes gurús del crecimiento espiritual, el esquema “profesional” siempre es el mismo: en un momento de crisis personal (en este caso, mucha presión trabajo y consumo de drogas) descubren un curso o un taller que les cambia la vida cual experiencia de iluminación (un curso de coaching coercitivo o los cursos de lo Sagrado Femenino en el caso de Mar) y eso les lleva a ejercer de predicadores de la transformación personal a tiempo completo (coach en el caso de Juanjo, maestra espiritual o gurú en el caso de Mar). En todos los casos, la familia de origen ha sido “negativa” o “narcisista” (al igual que en el caso de Mar), había creciendo sintiendo que “era el malo” y también se autodiagnostica como habiendo arrastrado un “trauma complejo”.

En el caso del cofundador de la Escuela Tantra Shivaita, su momento de “iluminación” fue el programa de coaching “Clarity” que realizó el pasado 2015 y no erróneamente en 2005 como entonces se indicó en algún medio, dando la idea de años de muchos años de experiencia en el coaching que no eran tales. Durante un par de años se enroló en los cursos de coaching de Jamie Smart, donde era habitual consumir cocaína en los retiros y mantener relaciones sexuales entre los alumnos. Más tarde conocería a Philippe Bartu, con quien realizará alguna actividad. Con este mismo formará una empresa que funcionó entre 2016 y 2019, llamada “SIMPLE COACHING” o en otros momentos “SIMPLE Instituto Conciencia”, presentándose como “Inside-Out Coach”. A partir de ahí, afirma que se ha formado con “los mejores facilitadores alrededor del mundo”. El mencionado se refiere también a que se le diagnosticó «una enfermedad potencialmente mortal y eso hizo todo mucho más psicótico». Su trabajo, desde ese momento, pasará a ser  el siguiente: “ayudar a dejarse de tonterías a la gente”, lo que se tradujo en que ofrecía sus «sesiones de coaching» de modo fraudulento, dejando a su camino a alguna persona estafada. Pese a ello, y durante el mes de abril de 2017,  consigue alguna entrevista en medios de Ibiza a partir de la publicidad de sus talleres, si bien luego su actividad va a la deriva y cada uno de los socios de esa empresa individualiza su actividad.

Mar y Juanjo se conocerán hace aproximadamente nueve años, en un centro de meditación new age. La nueva historia de transformación personal vendrá ahora de la mano de Mar, a la que se le supone poseedora de la cosmovisión y del rigor del Shivaísmo de Cachemira, y que entonces se dedicó a ayudar a Juanjo a que abandonara “su dispersión espiritual y su falso ego de iluminado”, mostrándole que el Tantra no-dual era “la vía genuina” de transformación personal. Juanjo pasa ser amante-adepto de la maestra espiritual, que se describe a sí misma como alguien que ha experimentado una profunda transformación espiritual gracias al trabajo con el Yopo.

Ambos asistirán durante un tiempo a las clases de David Cobo sobre Ecstatic Dance y, al poco tiempo, empezaron su negocio por su propia cuenta buscando incluso colaboraciones con el chamán Alex Rudin, del cual se desvincularon pronto. Con la llegada del confinamiento por la pandemia de COVID-19, y ante la imposibilidad de seguir realizando eventos o retiros presenciales, pasan a crear su plataforma online y estructurar formalmente la «Escuela de Shivaísmo de Cachemira». La nota de registro que encontramos en el BOE del miércoles 9 de febrero de 2022, indica que “la Escuela de Shivaismo de Cachemira, S.L.” inicia su actividad el 18 de enero de 2022, “y la sociedad tendrá por objeto un centro de formación educativa en filosofía”, sita en Alcalde Sainz de Baranda 34, 2ºD (Madrid). Organizan regularmente talleres donde se consume el rapé conocido como Yopo, en principio restringidos a aquellos alumnos-devotos que ya forman parte de la Kaula (del grupo de la Escuela), después de que hayan pasado por un período previo de prueba y adoctrinamiento que presentan como un procedimiento riguroso y selectivo de practicantes. A través de estos talleres con Yopo, buscan “desmantelar el condicionamiento corporal y la psicosis moral”, para lo que aplican el profundo masaje de Cachemira. Por cierto, que tal actividad la acompañaron de la apertura de una tienda online de rapé y demás complementos para sus ceremonias, cuya dirección fiscal era exactamente la del propio domicilio de ambos charlatanes.

A partir de ese momento, se desmarcan radicalmente de lo que llaman “la espiritualidad moderna” y del «neo-tantra», al cual tildan de “inútil y sin base”. Se presentan como los maestros del verdadero «Tantra Shivaita de Cachemira», asegurando que es el «tantra original» y «clásico». Se autodenominan de forma grandilocuente como «la comunidad de practicantes de Tantra Shivaita más importantes lengua hispana», asegurando que en su grupo ocurren “transformaciones vitales a diario”. Llegan a asegurar de manera absoluta que problemas por los que el alumno puede pedir ayuda, se solucionarían «en una semana de práctica tántrica». Se posicionan por encima de otras terapias o búsquedas espirituales a las que describen como “el picoteo”, propuestas a las que además critican como “invenciones recientes” o “simple arrogancia”, lo que no deja de llamar la atención dada la trayectoria de ambos inventando propuestas sobre la marcha para una mejor comercialización de su producto.

Antes de continuar, y con respecto a la cuestión del Shivaísmo Cahemira, y dado que ambos protagonistas se refieren al Swami Lakshmanjoo, conviene que nos detengamos por un momento. Lo cierto es que no existe ninguna institución con la autoridad, continuidad o la profundidad iniciática que debieron tener en su momento tales prácticas espirituales. De hecho, la base institucional de la tradición tántrica Shivaíta desapareció en gran medida en torno al siglo XIII. Swami Lakshmanjoo (1907–1991), referenciado por la fundadora de esta Escuela de Tantra Shivaita de Madrid, fue de hecho la figura central del renacimiento de esta práctica a lo largo del siglo XX. Hoy en día, la transmisión viva más rigurosa de esta tradición es, por cierto, académica antes que iniciática (vía académica que, por cierto, desprecia la misma fundadora de la Escuela). La Academia Lakshmanjoo, situada en la ciudad de Oregón (EE.UU.) es la continuación institucional más organizada que existe actualmente. Pertenece a la organización sin fines de lucro Universal Shaiva Fellowship y Lakshmanjooacademy  enseña el Shivaísmo de Cachemira tal como lo transmitió Lakshmanjoo , tanto al público general como a la comunidad académica. Se mantiene estrictamente apegada a la doctrina clásica y al estudio académico-devocional. Su tarea se centra en la traducción y el comentario de textos antiguos sagrados, como el Vijnana Bhairava Tantra, el Paramarthasara de Abhinavagupta o el Bhagavad Gita. Lakshmanjoo estableció en la India el Trust Ishwara Ashram.

Para el tema que nos ocupa, conviene anotar que en ninguno de sus espacios web aparece mención alguna a la Escuela de Tantra Shivaita de Madrid ni a ninguno de sus dos fundadores. A diferencia de la propuesta de estudio de la Academia Lakshmanjoo, el espacio de Tantra Shivaita Aplicado presenta un producto híbrido entre la autoayuda o el crecimiento personal entremezclado con nociones del Shivaísmo de Cachemira y la toma de sustancias alucinógenas como el Yopo en un contexto ritual. El producto ofrecido parece más una práctica new age retuneada y comercializada bajo la rúbrica de un legado del Shivaísmo de Cachemira. Si bien la práctica del Shivaísmo Cachemira comporta actividades como la meditación sentada clásica, el estudio de los upāyas (medios de meditación únicos del Shivaísmo), el uso de mantras en conexión con la Kundalini, y ceremonias tradicionales como pujas (adoración) y sanghas (reuniones de la comunidad) semanales, la empresa española de Tantra Shivaita, por su parte, promueve un sistema estructurado de apoyo diario (Kaula) que incluye una App, una plataforma propia llamada “Sfera Vidya” y “sesiones en directo”, pretendiendo resolver todo tipo de problemas tales como el acoso laboral, trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad, problemas de erección y eyaculación precoz, poliamor, relaciones abiertas o traumas por abusos en la infancia (previa administración de un pretendido “test de conciencia” para “filtrar a turistas espirituales”). Aseguran que con su propuesta solucionan el 80% de problemas de salud mental. Y, como veremos, incluso también ofrecen sesiones en directo ¡para salir de una secta!.

La Escuela asegura en su publicidad, que la formación de Shivaísmo de Cachemira de su Escuela puede servir a los estudiantes del grado de Filosofía de la UNED que estén cursando el cuarto curso, “como profundización en la asignatura número 70014096: Sabidurías orientales antiguas de la india, el budismo y china” , aunque en la página de la UNED no indican específicamente que haya convenio alguno ni posibilidad de convalidación de tal contenido, por lo que no queda claro si la UNED reconoce o no esta afirmación ni tan siquiera si la profesora de filosofía al cargo del programa, valida tal afirmación no queda claro si la UNED reconoce o no esta afirmación ni tan siquiera si la profesora de filosofía al cargo del programa, valida tal afirmación. En su publicidad, además, sostienen que su Escuela “se está extendiendo”, lo que en la práctica se reduce en que alguna antigua alumna ha abierto una Escuela similar en otras provincias, como es el caso de la Escuela de Barcelona o la de aquella otra que ofrece sus talleres en la zona de Navarra.

En su video “¿Somos una secta?” , en donde se me menciona directamente indicando que califiqué al grupo de funcionar como una secta “por llevar el pelo largo, bailar o parecer felices” (¡sí, sí, como lo están leyendo!), se dedican a ridiculizar la caricatura habitual de las sectas, afirmando que, al haber alcanzado estados no duales de consciencia a través de su práctica prolongada, poseen una claridad que les permite saber «de todo». Según su testimonio, se consideran capacitados para instruir y hablar con autoridad sobre salud mental, felicidad, el funcionamiento de la consciencia, la muerte, feminismo, sexología, diversidad sexual y de género… e incluso sobre cómo emprender, situándose por encima del conocimiento de los profesionales de la psicología, a los que denostan; y lo hacen porque no hablan desde el ego, sino desde “la sabiduría universal”. La práctica lleva a que no se mantenga relación con “personas ordinarias” puesto no podrán comprender a la persona “despierta”. Adicionalmente, cuentan con un subprograma específico para “enfrentar a la familia”, orientado a “destruir el amor romántico” familiar y desvelar los abusos y traumas del alumno. Esa maniobra queda al servicio de potenciar todavía más si cabe la vinculación con el grupo (Kaula) y a circunscribir las relaciones al entorno de la Escuela. La promesa es “el despertar de la conciencia” y “la liberación total del sufrimiento” (Moksha). En el video indican que abandonar la Escuela “es superfácil”, aunque eso termine por comportar “regresar al océano del pensamiento diferenciado” (la vida ordinaria fuera de la liberación), a la par que sostienen que abandonar “el camino tántiriko” lleva a una desolación profunda, a la pérdida del sentido en la vida o incluso a la enfermedad.

En otro video en donde se dedican a dar consejos a una persona que asegura haber abandonado el Camino Neocatecumenal, podemos observar un patrón de revictimización en directo. Para empezar, le diagnostican que ha tenido una «experiencia de despertar muy radical» y proceden a aterrorizarla: advierten que este proceso puede provocar una «crisis» tan fuerte que ha llevado a personas «hasta los suicidios». Inmediatamente después de infundir este miedo extremo, introducen la solución: afirman rotundamente que para sobrevivir a esto «se necesita a un maestro» que la guíe. Por otra parte, la persona que habla está intentando dar sentido a los abusos vividos en su comunidad y a su ruptura familiar, a lo que le contestan que intentar comprender lo que le pasa o indagar en el «trauma con la madre» es peligroso. Le exigen que deje de usar su pensamiento, “eso no te va a ayudar, te va a liar más”. Sabemos que procesar mentalmente el abuso es fundamental para la recuperación de un ex miembro, pero al invalidar su pensamiento y decirle que tratar de entender la «liará más», la deja todavía más desarmada y expuesta al adoctrinamiento. La entrevista continúa y la mujer explica que quiere trabajar y dejar de sentirse una carga económica, a lo que de inmediato frenan ese impulso de sana autonomía para indicarle que “aún no estás ahí, tienes que estar equilibrada”, aconsejándole abandonar sus aspiraciones profesionales e “iniciar un camino interior” (se entiende, con la Escuela). Le indican que todavía quedan restos de ese sistema de pensamiento donde ella es «dependiente de un colectivo», a la vez que la empujan a que empiece actividades con la Escuela, “para poder integrar esa experiencia y salvarse”. En definitiva, el trato que recibe esta mujer es revictimizante y nuevamente abusivo, bloqueando toda brizna de autonomía o pensamiento propio y empujándola a que entre en la Escuela para poder “salvarse”.

Destrucción del pensamiento

Los fundadores sostienen que el objeto es destruir la estructura mental de los alumnos-devotos, «llega un momento cuando ya tienes conceptos y tal que lo que tienes que hacer es coger todos es aprendido en estos años y dinamitarlos, para caerte en la experiencia real de la espiritualidad» . La destrucción de la propia mente y de los pensamientos es descrita como una única vía para alcanza “la presencia”. Además, el grupo fomenta un ritmo de vida vertiginoso donde pasan muchas cosas todo el rato y se exige una productividad constante, lo que impide materialmente que el alumno tenga tiempo para detenerse, estar a solas o pensar con claridad.

En los encuentros de grupo se insiste en que no debe pensarse, «la cabeza dice… ¡qué cojones me estás metiendo! La cabeza no entiende no entiende porque lo que estamos explicando a la cabeza es que tiene que desaparecer». Al pensamiento racional se le llama «el bicho», bicho que debe ser aniquilado porque «es malo dar la respuesta porque le das de comer a la vista y cada vez es más fuerte lo está haciendo… córtalo y se muera de hambre…es el bicho… el bicho es muy sutil el bicho es infinanciable».

Cuando alguien manifiesta algún pensamiento propio o crítico, se le cuestiona inmediatamente, “estás expresando desde la mente, aun con los ojos cerrados… es su mente la que está tratando, ya no solo de emprender, sino de hacernos entender… no le hagas ni caso al bicho «. Se prohíbe claramente intentar comprender la doctrina con el pensamiento, “hay que dinamitar todo lo aprendido” y “la cabeza tiene que desaparecer”. Explícitamente, dicen que efectivamente “hacemos un lavado de cerebro, porque el cerebro de la gente que llega está sucio”. A otras devotas, por ejemplo, si tienen interés en estudiar un máster, se les indica que “eso es puro Ego” y que, en cualquier caso, más valdría que inviertan toda esa cantidad de dinero en la Escuela y no en perder el tiempo. Puesto que la idea es que, si la persona “no está despierta” da igual lo que haga en su vida porque será siempre puro fracaso.

El pensamiento es un “bicho insaciable”, de manera que “cuando el bicho quiera comer, córtalo y que se muera de hambre”. Emplean también otros términos para denigrar el pensamiento como cuando lo califican como “el mono” o directamente “la mierda mental”, porque no son más que “milongas de tu cabeza”. En definitiva, se culpa a la mente de cualquier sufrimiento, todo tiene que ver con lo malo que hay en el pensamiento, «lo único que os puede hacer daño en esta vida es vuestro pensamiento». Este argumento se lleva al extremo, hasta el punto que las personas que están en una pobreza absoluta o carecen de los recursos básicos, es quen también tienen problemas con sus pensamientos. Promueven el uso de sus técnicas sexuales/tántricas con el objetivo destructivo de «fulminar un montón de mente» y exigen «vencer toda esa mente» o también lo describen como que «el tantra que practicamos que es el tantra original o si vais no de Cachemira apunta precisamente a ir desinstalando todo tu sistema mental «.

En las interacciones diarias, los fundadores cuestionan cualquier capacidad de pensamiento autónomo. Los responsables de la Escuela instruyen explícitamente al seguidor a dejar de pensar y razonar. Le dicen: «yo olvidaría la lógica olvidaría del análisis» y reiteran de forma directiva: «olvídate de lo mental, ¡que te olvides de la lógica!». Más adelante rematan afirmando que la solución «no va de pensar no va de razonar sobre la causa». Ridiculizan y minimizan el sufrimiento psicológico real (una herida de la infancia con su padre). Le dicen que el tantra le ayudará «primero sacando esta idea loca de que tienes una herida». Insisten en que la idea de que hay algo que sanar «nos saca completamente de la presencia y nos mete en una especie de bucle repetitivo».

Desacreditan la introspección analítica propia de cualquier terapia psicológica. La terapia psicológica pasa a ser descrita como “el demonio”, argumentando que los psicólogos solo hacen “que te revuelques en tus paranoias mentales”. Afirman que los síntomas como la falta de confianza o las dudas son causados justamente por un «exceso de mente» y un «exceso de análisis». Para crear aislamiento, exigen al adepto que abandone su capacidad de pensamiento, dándole órdenes directas: «yo olvidaría la lógica olvidaría del análisis… que te olvides de la lógica». Rematan insistiendo en que solucionar un problema personal «no va de pensar no va de razonar sobre la causa no va de encontrar una solución dentro de la mente».

Aislamiento/Ruptura emocional

Sentir el dolor de los seres queridos fuera del grupo es considerado un error grave («comprar la película»). Se incita a separarse de personas ajenas al estado de conciencia del grupo: «hay gente muy densa por ahí… muchas veces es mejor alejarse a esas personas». En cuanto al marco moral compartido por la sociedad, “es un punto de vista, solo sirve para guiar a personas que no tienen guía…son impedimento-.—no te permiten ser al 100% libre y espontáneo”. A las personas externas a la Escuela, se les describe como “gente vulgar” o directamente como un “rebaño alelado”, sosteniendo su discurso sobre el uso particular de términos sánscritos que buscan desconectar al alumno-devoto de personas que puedan cuestionar la práctica. Se insiste en dejar de ser “normi” o “mainstream”, porque eso es sinónimo de vivir una vida “de ignorancia y sufrimiento”.

Aquellos que practican otras filosofías orientales (como el Budismo, Vipassana o Advaita Vedanta) son calificados como “lechugas emocionales”, se les acusa de vivir “disociados”, de manera que terminan por convertirse en “palos secos”. En cuanto a aquellos que se acercan al conocimiento mediante el intelecto, son “gafapastas” o “intelectuales”, acusándoles de tener “el intelecto podrido y vacío”. Por lo general, toda aquella vía espiritual que no sea la de la Escuela es descrita como “polla vieja” (en la práctica, emplean también esta expresión para los hombres de más de 50 años con dinero), tildando todas esas otras tradiciones espirituales como estrictas, rancias y obsoletas.

La doctrina de la Escuela ataca directamente a la familia, describiéndola como el origen de todo trauma y del condicionamiento que impide el «despertar». Las familias “no aman de verdad”, “nunca te han querido realmente”, de manera que fuera del grupo “no existe el amor real, porque la sociedad funciona desde el trauma”. Se instruye al adepto para que perciba el afecto familiar como una ilusión tóxica impuesta por la sociedad. La familia se define categóricamente como «la principal fuente de inconsciencia». Los problemas que pueda tener el alumno-devoto siempre provienen de haber quedado “poseídos” por traumas de la familia.

Se exige al practicante que observe a su familia despojándola de cualquier significado afectivo o sanguíneo: «imaginaros que el vínculo sanguíneo no significa nada». El objetivo es convencer al alumno de que el amor de sus padres es una ficción manipuladora: «te das cuenta de que tus padres no son tus padres… no te van a poder criar como te cría la consciencia universal». Se empuja a escribir cartas o a cortar de forma radical y violenta con la familia, argumentando que los padres son dañinos, “no están en la conciencia” o bien “están muertos por dentro”, convenciendo a los alumnos-devotos de que en realidad nunca fueron amados. Este aislamiento tiende a extenderse también hacia amistades o persona que no estén en sintonía con la Escuela, mientras que al mismo tiempo Mar y Juanjo se erigen en “nuevos padres espirituales”. Se habla de la «familia romantizada», un concepto utilizado sistemáticamente para invalidar el amor natural de los adeptos hacia sus padres, acusándolos de sostener una ficción para no ver «los monstruos» o la «toxicidad» inherente a sus seres queridos.

La ruptura se presenta como un paso doloroso pero innegociable para la sanación. Los responsables de la Escuela incitan a «tomar distancia radical y hacer cosas radicales», afirmando que para sanar el trauma complejo «el contacto cero es muy importante». Ellos mismos lo han hecho y se ofrecen como ejemplo de “transformación”. De hecho, el propio Juanjo Quesada tuvo una charla con sus padres que grabó a escondidas con el móvil y la compartió en el subgrupo de mensajería de la Escuela intitulado “familia”, para que de ese modo los alumnos vieran cuál era el ejemplo a seguir.

El grupo instaura la creencia de que es imposible para un adepto («persona despierta») relacionarse de manera sana con el resto de la sociedad. Se fragmentan las amistades y las relaciones de pareja previas bajo la premisa de que quienes no están en la Escuela, carecen de conciencia. Se instruye de forma directa a que mantener los vínculos pasados frena la evolución espiritual. Los responsables de la Escuela afirman rotundamente: «no vas a poder tener una relación verdadera con personas ordinarias», argumentando que dichas personas no tienen la capacidad de establecer conexiones genuinas sin manipular . Abandonar las relaciones normativas se considera un rito de paso. Se penaliza el deseo de encajar en la sociedad, y quienes abandonan la vía para volver a una «vida normativa» son descritos como desertores que caen en el «océano del pensamiento diferenciado», traicionando la consciencia por seguir «un deseo social raro».

Culto a la confesión

Emocionalmente, el grupo instaura una dinámica donde es obligatorio decirlo todo, sin filtros. Reservarse cualquier pensamiento o necesitar un espacio para estar a solas, se castiga, acusando a la persona de ser “falsa” o “no ser vulnerable”. Esta vulnerabilidad exigida es sistemáticamente instrumentalizada para ejercer bullying sobre los adeptos, utilizando las confesiones para humillar públicamente, reprender y destrozar psicológicamente al alumno-devoto bajo el falso pretexto de estar ayudándola a purgar sus defectos.

El mecanismo de control emocional por excelencia en este caso es la culpa sistemática y la desconfianza en la propia cordura, a través de un gaslighting espiritual sostenido. Se convence al alumno-devoto de que cualquier equivocación o despiste cotidiano se debe a que no está «presente», haciéndole creer que es un peligro para los demás y llevándole a dudar de sí mismo de modo sistemático. Además, tanto Juanjo como Mar transfieren los propios traumas familiares y carencias afectivas a los adeptos, inventando pasados de abusos sexuales intrafamiliares inexistentes o relaciones tóxicas maternas para obligarles a «sanar» un problema inexistente o simplemente distorsionado por la lectura que hacen del pasado de sus alumnos. Cuando alguien no se somete a tales interpretaciones, se le “cancela”, es decir, se le somete al vacío absoluto, se le envían audios lapidarios o directamente se le expulsa como indignos, generando un clima de temor a la disidencia.

Posesión de la verdad absoluta

El grupo establece una dicotomía estricta entre los «despiertos» y el resto de la sociedad. Los responsables de la Escuela instruyen a sus seguidores afirmando categóricamente que no es posible mantener una «relación verdadera con personas ordinarias», bajo el argumento de que estas carecen de conexión real y solo interactúan desde la conveniencia o el ego. Paralelamente, se jactan de su propio estatus de forma explícita, llegando a afirmar literalmente «somos la polla». Venden su práctica como formar parte de una élite inaccesible, asegurando que apenas el «0,1 por ciento» de los buscadores logran centrarse y estabilizarse en una vía espiritual auténtica como la suya .

Lejos de mostrar una vocación integradora, la Escuela utiliza el rechazo como una herramienta de validación de su propia exclusividad. Aplican un «test» de ingreso, dando la falsa imagen de profesionalidad, test casero del cual se enorgullecen al afirmar que solo «un 5% de la gente lo pasa» La fundadora asume el rol de «criba» y admite descartar de inmediato a mujeres que afirman convivir con «un buen hombre». En cuanto a los hombres que pretenden deconstruir su masculinidad, son tildados de “beta”, describiéndolos como “depredadores encubiertos que carecen de la conciencia necesaria”.

Acusan a los psicólogos de actuar como «Moisés», aseverando que bajan con sus tablas a predicar dogmas mientras están ciegos y «atrapados», en clara referencia al trabajo que he ido realizando con aquellos que abandonaron la Escuela. En el ámbito espiritual, aseguran que «todas las corrientes New Age» son engaños que alejan a la gente de la verdadera espiritualidad y las califican repetidamente de «mierda». Tampoco toleran las filosofías orientales tradicionales; desprecian a las vías budistas o al Advaita Vedanta, asegurando que son enseñanzas «de polla viejas» diseñadas para hombres clasistas y machistas, a cuyos seguidores tildan de «nazis» intolerantes.

Se instaura su marco ideológico como dogmático y superior al resto de la humanidad, «es la única verdad universal a la que yo vuelvo y vuelvo y vuelvo…es categórico: aquí no hay no hay dudas, es así, tiene que ser así». Se genera la ilusión de alcanzar un estatus místico superior inalcanzable para quienes están fuera: «son los superpoderes que buscamos para la clarividencia todas las lecturas energéticas todos los poderes que existen están en el cuerpo» o incluso «en este grupo y únicamente trabajo estamos haciendo se está volviendo un poquito radical en el sentido de que… tenemos miras a despertar».

Atacan todas aquellas prácticas que no sean las suyas (el neotantra, por ejemplo), afirmando que «es inútil», que «no tiene ningún linaje de personas despiertas y no hay ninguno y no están en ningún fundamento». Se autoproclaman como los portadores del «tantra original», el «tantra clásico». Critican fuertemente a quienes exploran diversas otras vías espirituales, tachando de «simplemente arrogancia» el creer que uno puede guiarse por su propia intuición. Justifican la superioridad de su grupo alegando que siguen «una dirección de una vía espiritual que tiene un linaje de hace más de cinco mil años de muchas personas despiertas». Aseguran al adepto que el conocimiento «está protegido porque son personas despiertas» y, por lo tanto, «puedes confiar» ciegamente en sus prácticas.

Dependencia hacia el grupo

El grupo gira en torno a figuras de autoridad inquebrantable. Mar se presenta como un ser «iluminado», mientras que Juanjo actúa como su brazo ejecutor, subyugado a ella. Para legitimar su estatus espiritual y su poder, los líderes construyen una genealogía de adoctrinamiento totalmente inventada, basando su conocimiento en un maestro ficticio («Pepe») del cual, como ya he dicho, no existe evidencia alguna. Dentro de esta jerarquía hereditaria, la hija de la líder, goza también de un estatus de pureza que le otorga total impunidad para maltratar, dirigir y humillar al resto de acólitos.

Mar Delgado se describe a sí misma como alguien que ha logrado purgar todas sus miserias pasadas y que en la actualidad vive «con la gracia», viviendo “en plena presencia”, “alineada con la conciencia”. Habitar “en la presencia” requiere destruir la Ahamkara (la capacidad cognitiva de la persona). La plena presencia no solo es un estado de pureza, sino el canal directo hacia verdades absolutas universales. Desde este pedestal de iluminación, la gurú se define como un puente hacia lo absoluto. Ante sus devotos, sostiene poseer «las respuestas para todo», afirmando que sus dictámenes emanan de una «conexión a la conciencia». Asegura que las directrices, castigos y decisiones no provienen de su propio ego, sino que ella actúa “como mera intermediaria de la deidad Shiva”, asegurando que “la canaliza”.

Le advierten al alumno-devoto que «tener la constancia de practicar tú solo es complicado» e inmediatamente le empujan a apuntarse a su Kaula (comunidad), que cuenta con siete sesiones guiadas semanales . Utilizan lenguaje emocional para generar apego al grupo, «es un grupo en el cual la energía del grupo y las clases en directo es como que hay una familia que te abraza y te ayuda a la práctica» . Se autodenominan jactanciosamente como «la comunidad de practicantes de Tantra Shivaita más importantes lengua hispana» y prometen resultados milagrosos, afirmando que «esas primeras sensaciones de que tu vida está mejor ya en 15 días».

Inducción de miedos

Se adoctrina al alumno a que, sin el conocimiento que ellos imparten, la existencia humana es un sufrimiento insoportable: «vendrán unos tiempos que sin este conocimiento tu vida puede ser una tortura. Tu vida puede ser una pesadilla». La sociedad exterior es descrita como un abismo letal para el cual el adepto está desprotegido, sosteniendo que «la vida es inconsciencia no merece ser vivida» y que «las cosas están muy mal, las energías son muy rápidas y nos llevan por y nos tiran ahí a los abismos en un instante». La existencia misma se define en términos bélicos y de terror absoluto, llegando a afirmar que la vida es «un campo de tortura» y que la mente no orientada a su doctrina es una «bomba de relojería enferma» y «una locura aquí no se puede estar».

La gurú, a través de su propio testimonio, infunde el terror a intentar recuperar una vida convencional, relatando las consecuencias destructivas que ella misma sufrió al alejarse de la vía: «mi vida cambió y luego pues no sé,  de repente quise ser normal y casi tiro toda mi conciencia por el desagüe… me he enfermado, me he sentido perdida». Se siembra la convicción de que el adepto ya ha sido alterado de forma irreversible, por lo que nunca más podrá encajar en la sociedad. Se afirma la «imposibilidad de de estar en la vida mainstream como una más y y entrar en la normalidad». Se apela a la autoridad de los textos sagrados para asegurar al practicante que el abandono de la doctrina conlleva una condena ineludible: «si vas a venir por aquí, que sepas que es un camino que no que no se puede abandonar, porque si lo abandonas, se romperá tu corazón de alguna manera». Retornar a un estilo de vida convencional se define como una «catástrofe espiritual», un acto en el que «te vas al océano del pensamiento diferenciado buscando una vida normativa pero tú sabes por ahí no es». Ceder ante deseos comunes (como la familia o el amor) se percibe como una traición a la propia cordura, algo que se hace «por seguir un sueño un un deseo social raro», advirtiendo que «irnos al océano del pensamiento diferenciado y no ser capaces de salir» es un riesgo letal.

El empleo del Yopo

Se convence al alumno que la vía de liberación pasa por participar en sus ceremonias de Yopo (polvo alucinógeno potente), para “soltar entidades espirituales” mediante respiraciones y el uso de sustancias psicodélicas, las cuales se emplean para forzar violentos episodios de vómito con la promesa de que así se limpia el cuerpo y la psique hasta alcanzar el vacío mental. Justifican estas prácticas sosteniendo la premisa esotérica de que los traumas vitales, especialmente los heredados por el sistema familiar, así como diversas «entidades espirituales» o impurezas, cristalizan y se alojan físicamente en áreas específicas del cuerpo humano. El efecto fisiológico buscado es la inducción de violentos y prolongados episodios de vómito. Dentro del sistema de creencias de la Escuela, este acto fisiológico de emesis extrema es resignificado y validado como la materialización literal de estar expulsando dichas «posesiones, traumas o bloqueos del organismo». El propósito último detrás de llevar al adepto a este límite de agotamiento físico y grave alteración mental es destruir sus facultades críticas —lo que ellos demonizan como la «mente Ahamkara» o ego— para alcanzar un estadio de sumisión denominado «plena presencia».

El adoctrinamiento resulta tan invasivo que llega a generar cuadros disociativos en los adeptos. En algunos casos, por ejemplo, la presión por purgar la supuesta herencia materna derivó en que la persona termine vomitando reiteradamente, pese al daño secundario sobre el estómago derivado de los vómitos reiterados. A pesar del daño fisiológico evidente, se presiona emocionalmente a que la persona continúe con tal «purga», bajo la convicción delirante que, de esa manera, «lograrás liberarte de la posesión». De hecho, la Escuela habla mucho de la «posesión», ya que según su gurú, prácticamente todos los problemas mentales tienen que ver con el hecho de que la persona es víctima “de entidades espirituales que possen a la persona” . Para ellos, ”es súper habitual que energías externas o densidades energéticas vivan alojadas en nuestro interior, haciendo que actuemos de un modo poco natural, e incluso dañino en muchos casos. Esas energías que muchas veces toman el control de tu vida, se alían con tu mente para conseguir sus propósitos”.

La participación en estas actividades rituales con Yopo funcionan como prueba de fuego de la fidelidad a la Escuela; si un miembro se ausenta de una ceremonia —incluso alegando motivos ineludibles—, los responsables de la Escuela lo castigan con la expulsión inmediata o el vacío social. En la narrativa culpabilizante y persecutoria del grupo, esta falta de asistencia se interpreta de forma lapidaria afirmando que la «posesión» familiar se ha apoderado totalmente de la persona, evidenciando que en el fondo el adepto «no quiere salir de eso» ni sanar. En esas ceremonias, los antiguos alumnos refieren que hay mucho maltrato verbal, en las cuales los responsables de la Escuela gritan “¡tú quién te crees que eres, no eres tan importante!” o “eres puro Ego” o “no estás en la Presencia”. Cuando alguna persona no entra en tal catarsis, se la critica a sus espaldas, de modo que el grupo de alumnos-devotos hace el vacío todo el fin de semana. En otras ocasiones, por lo que he podido comprobar, incluso después de las tomas de Yopo y cuando el adepto ya cree que todo ha acabado, le llevan a dudar de su mismo de tal modo que, al final, se ve empujado a continuar tomando más y más Yoyo, rapé o ambil hasta la extenuación, el vómito, llegar a orinarse encima o acabar medio inconsciente.

En ese punto, pasan a felicitar a la persona. En ese momento «está en la presencia», ha iniciado su camino de «liberación».

Abuso económico y sexual

A nivel identitario y de género, se incentiva la adopción de pronombres neutros o identidades no binarias y el cambio de nombre, no como un proceso de autodescubrimiento orgánico, sino como una herramienta subversiva exigida para anular la identidad y la vida pasada del adepto («dejar atrás tu vida pasada»). A nivel sexual, se interfiere directamente en las relaciones, criminalizando aquellas que no encajan en sus dogmas (afirmando que tener sexo con hombres es buscar «validación masculina» guiada por el ego) y dictaminando que la verdadera conexión amorosa es decidida unilateralmente a través de deidades («Shiva»), despojando al alumno de su autonomía sexoafectiva. Físicamente, se emplean ceremonias con psicodélicos («Yopo») llevadas al límite fisiológico mediante vómitos continuados, convenciéndolos de que así expulsan sus traumas y «entidades espirituales» hasta dejarlos vulnerables como «una página en blanco».

Existe una clara explotación piramidal: bajo el paraguas del «emprendimiento consciente» o «Tantra y consciencia», los responsables de la Escuela utilizan a los adeptos como mano de obra gratuita o precarizada para sus negocios (como la venta de rapé o la gestión de redes sociales o impartiendo clases en la semana como si fueran profesores de la Escuela sin cobrar nada y teniendo que seguir pagando la cuota), tachando de «interesados» o «víctimas del ego» a quienes exigen cobrar por su trabajo aunque, evidentemente, ellos continúen lucrándose económicamente del dolor y el sufrimiento de sus alumnos-adeptos.

Diferentes ex miembros describen que los responsables de Tantra Shivaíta se aprovechan de la vulnerabilidad de los adeptos para perpetrar abusos, justificándolos como «terapias» para sanar traumas sexuales (tales como la imposición de tríos sexuales o los denominados «masajes de cachemira»). Los responsables de la Escuela, estimulan a mantener relaciones sexuales con ellos como “una forma de sanar traumas sexuales”. En estas maniobras, han utilizado sistemáticamente a su hija para juntarla y desjuntarla con diferentes hombres o mujeres alumnos de la Escuela, siendo el brazo extensor del control de la gurú. De hecho, aprovechando la afición de la hija por la música electrónica, aprovechan para depredar por entornos de música electrónica, ofreciendo drogas e invitando a sus talleres a jóvenes que pueden encontrarse en un momento de crisis. Les gusta también mucho frecuentar fiestas “Sex Positive”, así como también moverse en entornos BDSM. Después de los encuentros sexuales que incluyen como forma de sanación, exigen al devoto que no diga nada a nadie, dejando a la persona en una situación de mucha confusión, sintiéndose por una parte “especial” al haber sido escogida para mantener sexo con ellos, al mismo tiempo que culpable. Estas situaciones son la tónica habitual, empujando a los alumnos a fines de semana “privados” en su casa de Maello (Ávila) de unos miles de euros donde se les embute a Yoyo, rapé o ambil, pero también consumiendo todo tipo de sustancias químicas. Si, en un segundo momento, la persona ya no quiere seguir participando de esos “retiros privados”, se le amenaza con expulsarla de la Escuela o incluso en hablar con personas de su entorno para contar “sus comportamientos sexuales”.

En todo este proceder, tanto Juanjo como Mar incitan a sus alumnos a firmar cartas que pueden exculparles de cualquier incidente no previsto. Por ejemplo, en una publicación de su canal de Instagram del pasado 3 de octubre de 2021, se refieren a que “las prácticas que utilizamos son profundas y transgresoras. Llegamos a donde otros no saben…Nuestra víctima de este fin de semana escribió esta carta a su familia…ahora ella está bien, con un cuerpo nuevo, liberado de densidad emocional y espiritual”. La carta en cuestión pide a la familia que, si después de la toma de Yopo, quedara en un estado irreversible, que no la ingresen en una planta de psiquiatría y que la dejen morir en paz «para pasar a otro plano», remarcando, sobre todo, que “nadie, excepto yo, es responsable de todo esto”.