La Asociación para la Investigación y la Iluminación (ARE) fue fundada en 1931 por el médium Edgar Cayce, con la finalidad de difundir las “lecturas mediúmnicas” del mencionado vidente, quien aseguraba poder resolver todo tipo de problemas a través de sus «lecturas psíquicas». Edgar Cayce -antiguo devoto y predicador del grupo protestante Discípulos de Cristo-, pasó a ser conocido como “el profeta durmiente”, al asegurar que podía incluso sanar con sus lecturas o que era capaz de encarnar a personas fallecidas que ayudaran a conocer el pasado, lo que según algunos le convierten igualmente en predecesor de la así llamada medicina holística e incluso de la new age, que potenciaría más tarde su figura como un referente. Los seguidores de Edgar Cayce están convencidos que entre sus miles de “lecturas psíquicas” -las cuales fueron registradas por sus adherentes, constituyendo el material de estudio fundamental de la asociación-, predijo la Segunda Guerra Mundial, diversas caídas de la Bolsa o un asesinato presidencial. La asociación dispone de centros en unos 37 países y numerosos grupos de estudio repartidos por los Estados Unidos y Europa. Según su misma publicidad, vemos que si bien no tienen grupo de estudio alguno en nuestro país, si incluyen en su listado a tres contactos internacionales de ARE en España: un alemán jubilado de nacionalidad alemana afincado en Murcia, un licenciado en económicas jubilado radicado en Madrid  y una psicóloga colegiada de Barcelona.

Junto a los grupos de estudio de las lecturas mediúmnicas de Cayce, disponen también de grupo de oración, un programa de masajes, una línea de productos para la salud, un programa en las prisiones en Estados Unidos y unos campamentos de verano en Virginia (Estados Unidos), a donde asisten jóvenes de diferentes lugares desde distintos países. En estos campamentos, los participantes comen alimentos orgánicos, nadan y meditan. Se publicitan como “un tipo diferente de vacaciones en el valle de Blue Ridge”. Y, recientemente, han saltado a los medios de comunicación estadounidenses por varias denuncias de abusos.

La asociación ARE alcanzó su cenit a finales de la década de los ochenta, en el apogeo del movimiento new age. Los libros de la actriz Shirley MacLaine sobre la reencarnación y la meditación fueron los más vendidos y sin duda potenciaron el interés por las enseñanzas de Edgar Cayce. De hecho, los acólitos de Cayce acudieron en masa a Virginia Beach en busca de remedios holísticos, la interpretación profética de sus sueños, el crecimiento espiritual, las lecturas de astrología o para explorar los principios de la supuesta percepción extrasensorial, la clarividencia o las regresiones a vidas pasadas.

Todos los programas de ARE están inspirados por el trabajo de Edgar Cayce, a quien se le conocía «el profeta durmiente» porque cerraba los ojos y parecía entrar en trance cuando hacía sus lecturas. Durante 43 años, Cayce, quien murió en 1945, se asegura que cayó en un estado de trance 14.000 veces, dando consejos médicos, ofreciendo curas, reviviendo vidas pasadas y prediciendo eventos lejanos en el futuro. Afirmaba haber podido memorizar libros de texto durmiendo sobre ellos. Las lecturas de Cayce se basaban en la creencia de la Teosofía sobre la existencia de los Registros Akáshicos, también conocidos como el Libro de la Vida, un pretendido depósito místico de cada pieza de información sobre cada ser humano que haya vivido y cada evento que haya tenido lugar.

Como es característico de muchos adherentes de ARE, aparte de estar convencidos de las «capacidades psíquicas» de su fundador, también confían en las cualidades curativas de las hierbas y en los suplementos nutricionales que Cayce enfatizó en sus lecturas. Los seguidores de ARE predican historias de curación con regularidad, a la par que abundan las fotos de personas que han sido sanadas con los métodos Cayce y los productos de la línea Cayce Care. La librería de la sede está repleta de tratamientos nutricionales y meditativos de Cayce para casi todas las enfermedades, incluido el cáncer de mama, el Alzheimer o la distrofia muscular.

Aunque Cayce y su escuela han sido criticados a lo largo de sus noventa años de existencia. El fallecido James Randi, -quien puso en marcha un premio permanente de 1 millón de dólares para cualquier persona que pudiera demostrar un comportamiento psíquico, sobrenatural o pretendidamente paranormal-, sostenía que Cayce simplemente escribió sus sueños y sabía qué enfermedades afligían a las personas antes de “predecir el problema”. En cuanto a los trances, se cuestionaron todas sus predicciones, como las que predijeron la Segunda Venida de Cristo para 1998 o que los casquetes polares cambiarían de ubicación en el 2000 desencadenando terremotos y erupciones volcánicas en todo el mundo. Los adherentes se justifican diciendo que los críticos malinterpretan las predicciones de Cayce. En la práctica, no hay nada cuestionable en que las personas busquen sentido, felicidad o salud en sus vidas; y no estamos hablando de un grupo que funcione al estilo de las sectas de Jim Jones o David Koresh. Sin duda, ARE ha sido más abierta que otros grupos.

A medida que el movimiento de la new age decayó durante la década de 1990, también disminuyeron los adherentes de ARE. Posiblemente, miles de personas que se unieron durante la década de 1980 llegaron a dudar del trabajo de Cayce. Aunque los adherentes de ARE tienen una explicación diferente. Kevin J. Todeschi, director ejecutivo de ARE, dijo que la cifra de 100.000 miembros era engañosa. La cifra que ofrece es de unos 30.000 (aunque, a inicios del año dos mil, y según sus datos, los adherentes de ARE ascendían a 21.353).  Las ventas de libros han caído, las inversiones se han derrumbado con la caída del mercado de valores y el número de visitantes a la sede de ARE y su tienda de regalos es la mitad de lo que en su día fue. También se ha visto sacudida por pérdidas financieras importantes.

Pero, junto a estos problemas financieros -argumentados por la propia asociación como el motivo del declive-, deben añadirse especialmente los miembros descontentos desde hace mucho tiempo que creen que ARE ha perdido el rumbo. Y es que, la Asociación para la Investigación y la Iluminación (ARE), el centro sin ánimo de lucro de Cayce para la curación holística y la guía espiritual, se estaba hundiendo a marchas forzadas desde inicios del 2000. Ya en la década de los noventa, habían perdido miles de miembros y con ellos, millones de dólares. Y el pasado 2001, ARE tuvo que hacer frente a una demanda multimillonaria  por parte de antiguos responsables de ARE que fueron acusados ​​de tratar de pretender transformar la organización en un semillero del fundamentalismo cristiano.   Aquella demanda se convirtió en símbolo de la lucha interna sobre la dirección que debería tomar ARE en el nuevo milenio. Algunos sostenían que debería volverse más espiritual. Otros pensaban que la medicina holística debería ser la prioridad, y aún otro grupo de miembros creía que se debían seguir las vías psíquicas y la pretendida percepción extrasensorial (ESP).

Con todo este panorama de problemas potenciales, el consejo de administración de ARE incorporó entonces a un nuevo equipo de gestión en 1999. Gerald L. Martin y Michael L. Dempsey fueron nombrados directores ejecutivos. Formaron una alianza con los empleados Ronald B. Smith, analista legal; Robert V. Phelps, director de programas; y Nancy A. Young, gerente de recursos humanos. Propusieron cambios radicales, incluida la reescritura de la misión de ARE para centrarse más en Cristo. Querían reducir los gastos innecesarios, aumentar el marketing y crear un plan a largo plazo. Al estudiar las finanzas, dijeron que encontraron que se estaba perdiendo dinero en conferencias, principalmente porque demasiadas personas asistían gratis. También se regalaron libros y actividades. También hubo viajes inútiles, incluyendo un viaje a Walt Disney. Recomendaron apretarse el cinturón y potenciar lo que había tenido éxito, como la escuela de masajes y los productos Cayce Care. Pero rápidamente, hubo disensión y la moral del personal se desplomó y, en lugar de cambiar la organización, las pérdidas financieras aumentaron y los miembros continuaron disminuyendo.

En un año, la junta despidió a Martin y Dempsey y los demás fueron expulsados, según su abogado. Los cinco demandaron a ARE, alegando que fueron despedidos injustamente y difamados en WhitherARE, una sala de chat de Internet impulsada por Jean-Jacques Surbeck que había estado aireando los trapos sucios de ARE desde mayo de 2000. Martin, Dempsey y los otros tres ex empleados afirmaron que Surbeck encabezó el cargo para que los despidieran, en parte debido a sus creencias religiosas. Según publicaciones en WhitherARE, Martin y Dempsey fueron acusados ​​de intentar convertir a ARE en una organización cristiana fundamentalista.

La declaración de misión actual no tiene referencias a Jesús ni a Cristo. Según la demanda que se presentó ante la corte estatal a inicios del año dos mil, Surbeck, Todeschi, Green, el miembro de la junta Max Preston y el empleado Kieth Vonderohe acusaron a los cinco de quemar libros, usar tácticas de la Gestapo, llamarlos «monstruos de Jesús» y compararlos con la mafia y Satanás. En la demanda interpuesta se reclamaban 3.5 millones de dólares. Dempsey fue contratado en marzo de 1998 y fue ascendido a director ejecutivo con Martin, cuando fue contratado un año después. Dijeron que su objetivo era dar la vuelta a un «barco que se hundía». Fueron despedidos, dicen, porque a la gerencia no le gustó lo que tenían que decir.

Los funcionarios de ARE culparon entonces a Dempsey y Martin por las pérdidas financieras durante su mandato y por arruinar la moral. Hicieron referencia a una campaña publicitaria de 600.000 dólares que no logró atraer nuevos miembros. «Desde el principio no lograron establecer confianza entre ellos y los gerentes y el personal, y la incapacidad para hacerlo ha provocado una crisis de confianza y moral en nuestra organización», según una resolución de la junta de julio de 2000 aprobada cuando los dos fueron despedidos. Martin, Phelps, Smith y Young pasaron entonces a dirigir una organización cristiana llamada “Preparando el Camino”, cuyo lema era «Construir una relación más cercana con Dios a través de Cristo».

Ahora, años después de esa importante demanda judicial que mermó su número de adherentes, se han presentado otras  demandas por abusos sexuales que se habrían dado durante años en el contexto de los campamentos de verano organizados para jóvenes del todo el mundo por la asociación de Edgar Cayce. Y es que, hace unas semanas, estas mujeres denunciaron agresiones sexuales y acoso, en un contexto que describen como sectario. De hecho, se han presentado dos demandas ante el Tribunal de Virginia Beach (Virginia), en representación de las ocho denunciantes, si bien el portavoz del bufete de abogados que representa a las mujeres, indicó a los medios estadounidenses que podrían aparecer más denuncias. Según el portavoz del bufete de abogados, las mujeres sufrieron abusos sexuales, acoso y violaciones cuando eran adolescentes en esos campamentos de verano. Las demandas presentadas alegan, igualmente, que ARE fomentaba actividades como los «Círculos de los Abrazos» o los «Trenes de Masajes» que perpetuaban una cultura de grupo basada en el abuso sexual. Los abusadores eran consejeros adultos y otros miembros del personal de edades comprendidas entre el final de la adolescencia y los 40 años. Hasta el momento, según han reportado diversos medios estadounidenses, dos docenas de mujeres habrían sido identificadas como víctimas sexuales, con casos que se remontan a los años 70 llegando hasta los más recientes de hace unos años.

Como puede verse en una conferencia de prensa de Zoom organizada por el bufete de abogados, varias mujeres detallaron su inquietante experiencia como menores de edad en el campamento. «En lugar de la espiritualidad, nos encontramos con el Movimiento de la Ropa Interior Liberada, en el que las acampadas y los acampados desfilaban por el campamento en sujetadores, bragas y calzoncillos», dijo una demandante llamada Cheyenne Doe. Según Cheyenne, tuvo relaciones sexuales con un consejero masculino del campamento cuando tenía 16 años. «Fui testigo de cómo los consejeros enviaban notas de amor a las chicas acampadas y participaba regularmente en eventos que implicaban que los acampados y los consejeros estuvieran desnudos juntos», dijo una víctima llamada Hannah Furbush. Furbush también describió un evento llamado «Noche de la Diosa», en el que las campistas mujeres corrían desnudas por el campo mientras los campistas masculinos miraban y animaban.

Otra víctima, Lynsey Doe, dijo que fue violada varias veces. «La primera vez que fui violada por un adulto tenía 13 años, lo denuncié al director del campamento y no se hizo nada», dijo. Según la demanda, un consejero masculino del campamento de 18 o 19 años obligó a Lynsey a jugar a Girar la Botella y a tocar sus genitales, además de meter las manos bajo su ropa y violarla con los dedos. La misma víctima indicó que «cuando tenía 16 años, volví al campamento y me obligaron a participar en el llamado ‘Círculo del Perdón’, lo que significaba que tenía que abrazar a mi abusador y decir que le perdonaba. Fue una experiencia horrible y degradante». Otra de las demandantes no identificada dijo haber sido abusada sexualmente por un miembro masculino del personal cuando tenía 16 años, «nos enseñaron a amar y aceptar a nuestros abusadores incondicionalmente».

En un reciente comunicado, Kevin Todeschi, director ejecutivo de A.R.E., dijo que la organización tuvo conocimiento por primera vez de las acusaciones a través de las redes sociales el verano pasado, cuando los campistas lo publicaron en su página de Facebook. La organización respondió inmediatamente encargando a una agencia externa que investigara y animara a otras víctimas a presentarse. Se crearon dos comités de la Junta Directiva para abordar los cambios sistémicos o de política necesarios y revisar al personal del campamento, añadió Todeschi. El campamento de ARE se cerró el verano pasado debido a la pandemia de coronavirus. Según Todeschi, el campamento no volverá a abrirse «hasta que no se hayan resuelto los problemas que aún existen».