El pasado noviembre de 2025, se celebró el 100º Aniversario del nacimiento de Sathya Sai Baba, donde se observó un repunte en la coordinación nacional para preparar este evento, buscando reactivar a los devotos más alejados de la práctica regular en sus centros. Sin embargo, detrás de la fachada de paz y filantropía, su figura estuvo siempre rodeada de acusaciones de fraude y abuso sistemático. Hoy, el legado de Sai Baba vuelve al foco mediático tras el reciente secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, un ferviente devoto que ha mantenido el retrato del gurú en su despacho junto a los próceres nacionales.

Para millones de personas, Sathya Sai Baba no fue solo un gurú, sino una encarnación de lo divino en la Tierra. Con su característica túnica color azafrán y su mensaje de «ama a todos, sirve a todos», construyó un imperio espiritual que se extendió por más de 120 países. Contó entre sus devotos con Narendra Modi (Primer Ministro de India), P.V. Narasimha Rao (Ex Primer Ministro), A.P.J. Abdul Kalam (Ex Presidente de India y científico nuclear), Atal Bihari Vajpayee (Ex Primer Ministro), el campeón de cricket Sachin Tendulkar, la cantante británica Dana Gillespie, la esposa de John Coltrane, el cantante argentino Facundo Cabral o el fundador de Hard Rock Café, Isaac Tigrett, entre otros. En nuestro país, entre los círculos de la jet set de Marbella y la aristocracia menor en los años 80/90, hubo mucha simpatía. Figuras como la Princesa María Luisa de Prusia (prima de la Reina Sofía), estuvieron vinculadas a movimientos espirituales similares y han participado en eventos relacionados con la filosofía oriental en España, rozando a veces este círculo, aunque la organización española siempre ha mantenido un perfil de clase media.

Nacido en el pueblo de Puttaparthi, en el sur rural de la India, como Sathyanarayan Raju, tenía 14 años cuando anunció a su familia que era la reencarnación de un hombre santo del siglo XIX llamado “Sai Baba” de la ciudad de Shirdi, que combinaba elementos de la práctica hindú y musulmana; conviene anotar que, el Sai Baba original del siglo XIX, todavía mantiene seguidores devotos hoy en día que tampoco quedaron impresionados por Raju y nunca lo reconocieron como un avatar. En la actualidad, el lugar de nacimiento de Sai Baba alberga un ashram que puede albergar a 10.000 peregrinos.

A diferencia de otros gurús indios que viajaron por Occidente, cultivando seguidores entre buscadores de fe y celebridades, Sai Baba dejó la India solo una vez, en los años 70, para visitar Uganda. Su reputación en Occidente se extendió en gran medida a boca a boca. Los devotos no estaban obligados a adherirse a ningún conjunto particular de creencias o renunciar a los placeres mundanos; los no hindúes tampoco necesitaban cambiar su religión. «Soy Dios», diría. «Tú también eres Dios. La única diferencia entre tú y yo es que, aunque yo soy consciente de ello, tú eres completamente inconsciente». Con ese enfoque, atrajo a unos 6 millones de personas y llegó a acumuló una fortuna en forma de un fideicomiso caritativo valorado en 2011 en unos 8.900 millones de dólares. Sus fideicomisos benéficos administran escuelas, hospitales, universidades, estadios y un planetario, así como un proyecto de agua potable con tuberías que sirve a más de 750 aldeas en las áreas circundantes. Los proyectos atrajeron donaciones de todo el mundo, sobre todo una donación de 108 millones de dólares de Isaac Tigrett, el fundador de Hard Rock Cafe; Tigrett donó sus ganancias de la venta de la cadena de restaurantes con temática de música rock para financiar el Instituto de Medicina Superior Sri Sathya Sai, un hospital gratuito de 500 camas, en 1991.

Sus adherentes creen que tenía habilidades mágicas para materializar objetos de la nada, visitar a las personas en sus sueños, realizar milagros o curar enfermedades terminales. Ante multitudes en pleno Darshan, el gurú parecía materializar ceniza sagrada (Vibhuti), relojes y joyas. No obstante, para los escépticos liderados por Basava Premanand, no se trataba de una divinidad, sino de mera prestidigitación. Durante el festival de Shivaratri, por ejemplo, Sai Baba supuestamente regurgitó un objeto en forma de huevo de oro. Los críticos señalaron que esto no era más que un truco de prestidigitación bien conocido, facilitado a veces por el uso de toallas para ocultar el objeto antes de llevarlo a la boca.

El 29 de agosto de 1992, ante las cámaras de la cadena Doordarshan y en presencia del entonces Primer Ministro P.V. Narasimha Rao, los periodistas capturaron cómo un asistente entregaba discretamente una cadena de oro a Sai Baba segundos antes de que este la «materializara» mediante un movimiento circular de la mano. Aunque se reportó que las cintas originales fueron destruidas por órdenes editoriales para proteger al gurú, las copias circularon de forma independiente, exponiendo el fraude ante el mundo. Ante la presión, Sai Baba siempre se negó a someterse a pruebas científicas. Sus devotos sostienen que, al igual que Cristo, hizo un milagro creando comida para alimentar a multitudes, a la vz que sostienen que se «aparecía» a los devotos en tiempos de crisis o necesidad. Hay innumerables relatos de curaciones, así como relatos de al menos dos resucitaciones de personas fallecidas.

La noche del 6 de junio de 1993, la supuesta paz del ashram fue sepultada bajo un baño de sangre. Cuatro devotos armados con cuchillos, irrumpieron en la habitación privada de Sai Baba . En el caos, dos asistentes del gurú fueron apuñalados mortalmente. La respuesta policial fue inmediata y letal: los cuatro intrusos fueron fusilados dentro de la habitación bajo el alegato de defensa propia. La investigación posterior fue un simulacro de justicia. El Departamento de Investigación Criminal acusó a la policía local de manipular burdamente la escena del crimen. A pesar de ser el testigo principal y estar presente durante los asesinatos, Sai Baba nunca fue interrogado formalmente. El silencio ensordecedor de las autoridades y la intervención del gobierno central, ayudaron a que el caso se cerrara sin explicar los motivos de los atacantes ni por qué se optó por la ejecución sumaria en lugar del arresto.

El pasado año 2000, el ex devoto David Bailey, publicó un documento intitulado “The Findgins” que sacudió a toda la comunidad de Sai Baba. En este documento, mostraba de forma detallada de que las supuestas «materializaciones» de objetos sagrados y joyas fueron, en realidad, juegos de manos realizados con objetos prefabricados. David Bailey afirmaba haber observado repetidamente a Sai Baba esconder pastillas de vibhuti entre sus dedos, las cuales trituraba cuando era necesario. La ceniza distribuida en el ashram era producida industrialmente mediante la quema de estiércol de vaca y sándalo, procesada por voluntarios antes de ser empaquetada. Describía también el uso de túnicas y sillas de terciopelo para ocultar objetos que luego son «descubiertos» mediante juegos de manos. Además, en este documento presentaba múltiples testimonios de estudiantes y jóvenes de Holanda, Australia, Alemania e India que denunciaban acoso, masturbación y actos sexuales por parte de Sai Baba en las entrevistas privadas, a menudo justificados bajo el concepto de «elevación de la kundalini». En este documento, Bailey sostenía que se habían producido abusos de menores de edad. Tras estas revelaciones, se cerró la escuela de Sai Baba en Suecia y varios coordinadores internacionales renunciaron a sus cargos.

Aunque la organización de Sai Baba fue reconocida por sus grandes obras, el documento de Bailey presentaba una realidad interna alarmante en el Hospital de Superespecialidades y el Proyecto de Agua. Médicos internistas advirtieron sobre técnicas asépticas deficientes y condiciones de higiene deplorables. A pesar de donaciones masivas -incluyendo una de 49 millones de dólares-, ciertas alas del hospital permanecieron cerradas por supuesta «falta de fondos». En el documento, se reportaban también las denuncias sobre robo de órganos (específicamente, un riñón) y litigios legales en curso en la India. El documento contradijo también la afirmación oficial de que 750 aldeas recibían agua; investigaciones de campo y reportajes de la prensa local, revelaron tuberías rotas, tanques inexistentes y aldeas que no han habían recibido tal suministro.

Finalmente, el mencionado documento de Bailey, describía un sistema de financiación engañoso, especialmente para los devotos extranjeros. Numerosos devotos informaron haber entregado grandes sumas de dinero por unidades de vivienda en el ashram sin recibir recibos ni las propiedades prometidas. A pesar de la política oficial de «no recaudación de fondos», se entrega a los devotos seleccionados números de cuenta bancaria en la India para depósitos directos. Se indicó, asimismo, que la organización ofrecía información falsa sobre beneficios fiscales por donaciones, alegando que el fideicomiso indio es una organización benéfica registrada en el Reino Unido para evitar impuestos de sucesión.

De acuerdo con la experiencia de antiguos devotos, la adoración a Sai Baba se mantenía a través de mecanismos de control psicológico y social. Las largas horas de espera en las líneas de darshan y la presión de grupo crean un estado de vulnerabilidad donde el sentido común era reemplazado por la fe ciega. Sai Baba cometió errores fácticos graves (como desconocer la muerte de la periodista Peggy Mason o contradecir sus propios discursos previos sobre el nacimiento de Cristo), lo que desmintió su pretendida omnisciencia. Miembros del círculo íntimo admitieron en privado que «Swami no sabe de qué está hablando», pero mantenían la fachada de divinidad para preservar la estructura de poder y ganancia personal.

Quizás el elemento más delicado es el historial de abusos contra hombres jóvenes y niños. Aunque las denuncias comenzaron formalmente en 1976 con la publicación de Avatar of the Night de Tal Brooke, el silencio institucional de la Organización Internacional Sri Sathya Sai mantuvo estas acusaciones fuera del foco. El documental de la BBC Secret Swami (2004) finalmente expuso el patrón sistemático de abusos por parte del gurú : entrevistas privadas donde el Sai Baba, bajo el pretexto de una «curación» mística, aplicaba aceite en los genitales de sus víctimas. Testigos como Mark Roche, Sam Young y Al Rahm ofrecieron relatos estremecedores. Rahm denunció que su propio hijo, Alaya, fue abusado repetidamente entre 1995 y 1999. El control se ejercía mediante el terror psicológico; las víctimas eran advertidas de que cualquier indiscreción traería «castigos sobrenaturales» o mutilaciones genitales místicas. Al Rahm recordó la advertencia directa de Sai Baba tras un encuentro: «Sai Baba me advirtió que nunca hablara del encuentro, diciendo que los demás no lo entenderían». La respuesta al documental de la BBC por parte de Sai Baba fue decir que no eran más que “graznidos de cuervos”.

La intocabilidad de Sai Baba fue el resultado de un blindaje político sin precedentes. Su red de protección incluía a la élite más poderosa de la India y del extranjero. El ex primer ministro Atal Bihari Vajpayee llegó a firmar una carta oficial que las denuncias de abuso eran «salvajes y fabricadas». Aunque se presentaron quejas ante el FBI y el British Home Office, las agencias extranjeras se declararon legalmente paralizadas al no tener jurisdicción sobre delitos cometidos en suelo indio. Este escudo se alimentó de su vasta obra filantrópica. Los hospitales de alta tecnología y las universidades funcionaron como un contrapeso moral estratégico: para muchos gobernantes, los beneficios sociales justificaban ignorar los crímenes individuales. La UNESCO, en un acto inusual, retiró su patrocinio de las conferencias en Puttaparthi debido a la gravedad de las acusaciones sobre abuso de menores , mientras el Departamento de Estado de EE. UU. emitía advertencias de viaje vinculadas al comportamiento sexual inapropiado del líder.

Tras su muerte en 2011, la percepción de Sai Baba sigue fracturada. Mientras sus seguidores ven en sus centros un monumento a la santidad, las víctimas ven un monumento al encubrimiento institucional. El papel de figuras como Michael Goldstein, coordinador internacional de la SSSIO, fue crucial; la organización fue informada de los abusos y, en lugar de investigar e informar, se optó por la negación sistemática. Por todo ello, y desde la muerte del gurú en 2011, el movimiento enfrentó una crisis estructural, conocida como “el cisma de Muddenahalli”. Surgió una escisión liderada por Madhusudan Naidu, un ex-alumno que afirma que Sai Baba se comunica a través de él mediante un «cuerpo sutil». La organización oficial (Puttaparthi) denunció esto como un fraude y mantuvo la ortodoxia de las enseñanzas originales. La facción disidente ha crecido rápidamente, construyendo nuevos hospitales y escuelas, atrayendo a muchos donantes ricos.

La entrada del movimiento en España tuvo dos vías principales. Por un lado, la Comunidad Sindhi (Canarias y Ceuta/Melilla), formada por comerciantes indios asentados en las Islas Canarias, fueron los primeros motores de implantación. En los años 80, diferentes españoles interesados en el yoga y la filosofía oriental viajaron a Puttaparthi (India) y regresaron fundando centros en diferentes puntos de España. El movimiento Sai en España mantuvo un perfil relativamente bajo, enfocado en el servicio y los cantos devocionales (bhajans), evitando el proselitismo callejero agresivo. Operan bajo la Organización Sathya Sai de España (OSSE), inscritos en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia. Se estima que pueden existir en nuestro país entre 400-600 devotos que asisten regularmente a los centros y hacen servicio regular (seva), si bien puede existir un conjunto de entre 2.000-3.000 personas que asisten a festividades importantes sin asistir regularmente a los centros; en cuanto a posibles simpatizantes, se estiman en torno a 5.000. Tales estimaciones se basan en datos indirectos derivados de la capacidad física de sus centros, la demografía india en España e informes internos de la Organización Sri Sathya Sai.

El cisma que siguió a la muerte de Sai Baba, ha fracturado a la comunidad española. Los devotos y los centros se han dividido entre quienes siguen leales al ashram original y quienes viajan a ver a Madhusudan. Esto ha debilitado la cohesión del movimiento en la última década. De hecho, se trata de un movimiento envejecido. La mayoría de los devotos españoles se unieron hace 20 o 30 años. La segunda generación (hijos de devotos) no ha continuado con el mismo fervor. La Comunidad Sindhi, en cualquier caso, continúa siendo un bastión en España en relación a las enseñanzas de Sai Baba.

Un cambio notable en la actividad en España en los últimos 3 años es el enfoque medioambiental. Al darse cuenta de que el mensaje espiritual tradicional no atrae a los jóvenes españoles, han pivotado hacia la ecología bajo el programa «Go Green». Asimismo, han llevado a cabo actividades de limpieza de playas y montes organizadas por los centros de Canarias y Valencia, como una forma de mantener cierta presencia social y atraer a gente joven, sin hablar explícitamente de espiritualidad o gurús en la primera toma de contacto. Un dato sociológico interesante post-pandemia en España es la resistencia a volver a la presencialidad total. Muchos centros físicos -especialmente, los pequeños en provincias como Alicante o Murcia- han visto reducida su asistencia física drásticamente porque los devotos mayores prefieren conectarse a los cantos y conferencias por videoconferencia. Esto ha creado una situación paradójica: hay más actividades que nunca (charlas online diarias), pero los locales físicos están más vacíos, lo que pone en riesgo la viabilidad económica de mantener los alquileres de los centros en el futuro cercano.