El pasado 2 de febrero, las autoridades búlgaras encontraron los cuerpos de tres hombres cerca de una cabaña incendiada en la zona de Petrohan. Fueron identificados como Ivaylo Ivanov (un abogado de 49 años), Decho Vassilev (45 años) y Plamen Statev (51 años). Los tres presentaban heridas de bala. Dos días más tardes, se encontró un vehículo en una zona remota y de difícil acceso (Pico Okolchitsa); en su interior estaban los cuerpos de Ivo Kalushev (51 años), Nikolay (Niki) Zlatkov (22 años) y Alexander Makulev (15 años). La Fiscalía y el Ministerio del Interior búlgaro trabajan bajo la teoría de que no hubo agresores externos. Se cree que Ivo Kalushev asesinó a los dos jóvenes (el de 22 años y el de 15) dentro del vehículo y, posteriormente, se suicidó. La policía sospecha que los tres hombres del primer hallazgo (Petrohan) murieron primero -posiblemente por disparos del mismo Ivo Kalushev- y que el grupo huyó hacia Okolchitsa para culminar el acto. En ambas escenas se recuperaron múltiples armas de fuego ilegales (sin registro), lo que refuerza la naturaleza paramilitar y premeditada del suceso.
Tras las investigaciones iniciales, se ha descubierto que las seis víctimas estaban conectadas, todas ellas eran miembros de una misma ONG. La organización a la que pertenecían las víctimas, operaba bajo el nombre de una ONG registrada el pasado 2022, la «Agencia Nacional de Control de Áreas Protegidas», una entidad que además tenía acuerdos firmados con el Ministerio de Medio Ambiente del país. Aunque oficialmente se dedicaban a la «protección de la naturaleza», funcionaban como una estructura jerárquica y cerrada (tipo secta). Se les describe con comportamientos paramilitares: uso de uniformes, posesión de arsenal ilegal y desconfianza hacia las autoridades y la sociedad.
El caso ha conmocionado a Bulgaria, siendo calificado por el director de la policía nacional como un crimen «sin precedentes en el país». La prensa local lo ha apodado el «Twin Peaks búlgaro» debido al misterio, la locación montañosa y los elementos extraños (sectas, armas, menores involucrados). La fiscalía publicó un video de una cámara de seguridad del refugio de Petrohan grabado el 1 de febrero. En él se ve a cuatro de los hombres despidiéndose amistosamente. Esto ha generado dudas y preguntas sobre si realmente tenían una intención suicida previa o qué desencadenó los eventos posteriores. Un par de días más tarde, el director de la Policía Nacional, Zachary Vaskov, declaró que sospechaban que los fallecidos estaban involucrados en una «sociedad secreta con semejanzas a una secta».
En el lugar de los hechos se incautó literatura religiosa y grabaciones de vídeo que muestran que el incendio fue provocado intencionadamente en el interior de la cabaña por las tres personas encontradas muertas en primer lugar. En las grabaciones se les oye despedirse unos de otros con las palabras: “Para mí ha sido un honor”. Según varios testigos, en los últimos tiempos los miembros de la asociación expresaban su desesperación ante la realidad y manifestaban que, para ellos, la única salida era la muerte.
Hasta donde se sabe actualmente, Ivo Kalushev, en su rol de líder, orquestó la muerte de su círculo más cercano (incluyendo a los jóvenes que estaban bajo su tutela) antes de suicidarse. Ivo Kalushev empezó su carrera como un respetado espeleólogo y buzo; se le reconocía capacidad técnica en estas áreas. Desde joven mostró habilidades para atraer seguidores. Quienes le conocieron, lo describen como una persona que tenía una gran capacidad verbal, era culto y poseía conocimientos técnicos sobre supervivencia, radioafición y tecnología. Aunque también una mentalidad paranoide y mesiánica. Kalushev se autoproclamaba “maestro budista” y recibía supuestas «revelaciones» divinas. Atrajo a personas adineradas y estableció una comuna en una casa en Kraevo, donde vivían sus seguidores más cercanos (Deyan Iliev, Nevena Staeva). Allí empezaron las dinámicas de control: sesiones de hipnoterapia, aislamiento familiar y acopio de armas ilegales. Utilizando el dinero de sus seguidores, Kalushev organizó una expedición en velero que cruzó el Atlántico hasta México. Compraron un rancho y un terreno en la selva mexicana. Se presentaban como instructores de buceo y espeleólogos de élite bajo la marca «Scuba Diving Mexico», aunque el negocio apenas tenía clientes reales. Vivían de las «ofrendas» (donaciones forzadas) de los miembros. Durante esta etapa, Kalushev se volvió más controlador.
Tras regresar de México (posiblemente por problemas legales o económicos, o tras la venta de las propiedades), el grupo se reubicó en las montañas búlgaras (Stara Planina, cerca de Petrohan). Fue entonces cuando fundó la ONG. Bajo esta fachada legal, firmó convenios con el Ministerio de Medio Ambiente para patrullar bosques. El grupo adoptó una estética militar (uniformes, vehículos todoterreno). Kalushev se presentaba como un «guardabosques» jefe, utilizando esta autoridad para aislar aún más a los niños que «educaba» en el refugio de montaña.
Este suceso ha generado un debate intenso en Bulgaria sobre cómo un grupo así pudo operar (y acumular armas) bajo la fachada de una ONG ambientalista sin ser detectado antes por los servicios de inteligencia o la policía, a pesar de las denuncias previas. Por ejemplo, los abuelos de un niño de ocho años habían solicitado una investigación a la Agencia Estatal de Protección Infantil porque su nieto asistía al programa de «jóvenes guardabosques» de Kalushev. La investigación fue desestimada en su momento.
Otra de esas denuncias previas es la del exmiembro “Valeri” quien se identifica públicamente como la persona cuyos testimonios ante la policía se filtraron a los medios tras la muerte de Ivo Kalushev y otros miembros del grupo. En una reciente entrevista, se decidió a hablar para dar contexto y evitar que la narrativa sea controlada por los defensores de Kalushev. El exmiembro contactó a la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado (GDBOP) en 2022 porque temía que los abusos que él sufrió se estuvieran repitiendo con Nikolay (Niki) Zlatkov, un niño que creció en el grupo y que apareció entre los fallecidos en la montaña.
Valeri fue introducido al grupo por su propia madre, quien tenía esperanzas de que él se convirtiera en un líder espiritual. Ella ya era seguidora y le propuso conocerlo cuando él tenía solo 12 años y luego facilitó el encuentro a los 15 años. Valeri revela que su hermana sufría de esquizofrenia paranoide. Sus padres tenían un terror profundo a que Valeri desarrollara la misma enfermedad, especialmente porque él consumía marihuana y cannabinoides sintéticos en su adolescencia. Kalushev y la madre utilizaron este miedo. La entrada en la secta se vendió como una «cura» o un camino espiritual para evitar la locura y las drogas, cuando en realidad Kalushev le suministraba psicodélicos y marihuana como parte de los «rituales». Rápidamente se mudó a vivir con el grupo en la casa de Kraevo (Bulgaria) y luego en México, dejando de vivir con su familia. Valeri describe al grupo sin dudar como una secta. Kalushev era el gurú incuestionable. La disidencia se castigaba con la expulsión o el ostracismo. El testimonio de este exmiembro apunta a una serie de abusos por parte de Kalusev. Los abusos comenzaron cuando Valeri era menor de edad (15-16 años). Kalushev utilizaba sesiones de «hipnoterapia» y visualización de vidas pasadas para manipularlo, sugiriendo que habían sido amantes en otras vidas o que Valeri tenía dudas sobre su sexualidad. La relación sexual se presentó como una evolución de las prácticas espirituales. Valeri sospecha que fue grabado o fotografiado en situaciones comprometedoras (desnudo), ya que vio material similar de otros miembros en el ordenador de Kalushev.
El grupo se financiaba en gran medida gracias a la familia de Valeri, que era adinerada. La madre de Valeri compró propiedades en México (un rancho y un terreno en la selva) así como también embarcaciones marinas, a menudo poniendo bienes a nombre de Valeri aunque bajo control del grupo. Kalushev manipulaba a Valeri para que exigiera dinero a su padre, acusándolos de «tacaños» y culpándolos de bloquear el progreso espiritual del grupo si no pagaban.
A pesar de su imagen pública posterior de «defensores de la naturaleza», en México talaron árboles protegidos y exterminaron una colonia de murciélagos y aves en una cueva para hacerla turística, usando bombas de succión y quemando los animales después. Incluso antes de ir a México, el grupo acumulaba armas ilegales y equipo militar. Kalushev tenía escondites en la casa de Kraevo y mostraba fascinación por la tecnología y lo paramilitar. Usaban ropa de camuflaje, cuchillos tácticos y se entrenaban en supervivencia.
Las prácticas consistían en aislar a los miembros, despojarlos de sus bienes materiales, confundir su identidad sexual y espiritual, y utilizarlos como mano de obra y fuente de financiación para los caprichos del “maestro”. El grupo utilizaba una mezcla distorsionada de budismo y esoterismo para controlar a los miembros: Kalushev dirigía “sesiones” que no eran meditaciones budistas tradicionales, sino ejercicios de hipnosis guiada. Durante estas sesiones, Kalushev sugestionaba a los miembros para que «vieran» sus vidas pasadas, en las que todos estaban conectados. Aunque empezaron con budismo tibetano, Kalushev luego afirmó recibir enseñanzas directas de «seres iluminados», lo que le daba autoridad absoluta y le permitía cambiar las reglas a su antojo, alejándose de cualquier tradición espiritual establecida.
Las prácticas sexuales no se presentaban como tales al principio, sino como “una extensión del trabajo espiritual”. El abuso arrancaba con conversaciones íntimas sobre “la energía masculina y femenina”, o dudas sobre la sexualidad del adepto. Kalushev fotografiaba a los miembros desnudos y fomentaba un ambiente sin privacidad (por ejemplo, en el barco las ventanas no tenían cortinas), normalizando la exposición física ante el gurú. Mientras los miembros vendían sus casas, coches y joyas (Valeri menciona la venta de lingotes de oro de su madre), Kalushev utilizaba ese dinero para comprarse coches nuevos, equipos de última generación y propiedades, mientras racionaba la comida de los demás.
Testigos presenciales han revelado que Kalushev mantenía una cercanía inapropiada con los menores bajo su cuidado, llegando al punto de compartir lecho con el pequeño Leon, de tan solo 8 años. Antes de su muerte, Kalushev envió un SMS a su madre el domingo por la noche, despidiéndose; en este mensaje, mencionaba explícitamente a Leon, diciendo que el niño «debía ser ayudado». Se ha hecho público que el abuelo de Leon había presentado denuncias en 2024 ante la Agencia Estatal de Protección Infantil y la policía tras un encuentro con el niño en Lozenets (en la costa), donde notó comportamientos extraños. Sin embargo, la investigación fue archivada porque la madre del niño ´captada por el grupo- retiró la denuncia, afirmando que todo estaba bien.
Kalushev reunía principalmente a niños varones de entre 9 y 12 años en el antiguo albergue de Petrohan. Los investigadores han incautado docenas de autorizaciones parentales que permitían a Kalushev sacar a los niños de Bulgaria para llevarlos a supuestos «campamentos» en el extranjero. Existen pruebas e indicios de que se cometieron delitos sexuales contra estos niños tanto en Bulgaria como durante los viajes fuera del país.
Cuando Valeri denunció a Kalushev ante el GDBOP en 2022, pidió discreción absoluta por miedo a represalias y para proteger a su madre. Sin embargo, la información se filtró rápidamente a Kalushev, quien tomó medidas para ocultar pruebas. Valeri sintió que en ocasiones no se le tomaba en serio; de hecho, en su testimonio relata cómo una de las agentes se compró una cerveza durante una de sus entrevistas matutinas. Valeri logró salir en 2017 tras un deterioro gradual de las relaciones y al empezar a cuestionar la «divinidad» de Kalushev; expresa un profundo dolor por Nikolay Zlatkov (Niki), quien creció sin ningún contacto con el mundo exterior y totalmente adoctrinado.
En cuanto a los fallecidos, se encuentran Ivaylo Ivanov, abogado de profesión, se le vincula legalmente con el litigio internacional sobre la central nuclear de Belene (el caso de Rosatom contra Bulgaria), era el que aportaba credibilidad legal para fundar la ONG y conseguir contratos con el Ministerio de Medio Ambiente; también era una fuente clave de financiación mediante sus ingresos. En cuanto a Plamen Statev, era uno de los miembros más antiguos y leales, quien realizaba el trabajo físico duro (buceo comercial en el pasado, construcción, mantenimiento). En relación a Detcho Vasilev, era uno de los miembros del núcleo duro que vivía en el refugio de Petrohan, participando activamente en las patrullas paramilitares y en el aislamiento de los niños.





