Shincheonji es un movimiento religioso originado en Corea del Sur, oficialmente llamado la Iglesia de Jesús Shincheonji o también el Templo del Tabernáculo del Testimonio. Fue fundado por Lee Man-hee en 1984 y se caracteriza por enseñar que su líder tiene un papel profético único y que su interpretación de la Biblia es la clave para la salvación. En España no existe una presencia oficial amplia documentada, aunque diferentes testimonios señalan que miembros de Shincheonji han estado activos en actividades de reclutamiento en ciudades como Madrid, Barcelona, Mallorca o Alicante.

La Iglesia de Shincheonji, una organización coreana que puede caracterizarse como una secta apocalíptica, emplea métodos de reclutamiento engañosos y tácticas de control coercitivo a nivel global. El grupo utiliza «equipos de fuerzas especiales» para infiltrarse en iglesias tradicionales y universidades, ocultando su identidad inicial bajo la fachada de estudios bíblicos o proyectos académicos. Los testimonios de exmiembros revelan prácticas de aislamiento social, privación del sueño y manipulación psicológica basada en el temor al juicio final. Además de su impacto personal en los seguidores, han aparecido también datos sobre su presunta interferencia política y colusión con figuras de poder en Corea del Sur. Ante estas denuncias de abuso y fraude, diversas autoridades gubernamentales y religiosas en países como Australia, Suiza y Líbano han emitido alertas para frenar su expansión. Actualmente, Australia avanza en investigaciones parlamentarias sobre el impacto de estos grupos, mientras que en Corea del Sur se debate la revocación de registros corporativos para organizaciones de este tipo con el horizonte de 2026, según informaba recientemente The Korea Times.

Posiblemente el lector recuerde que Shincheonji fue identificada como el centro de la primera explosión masiva de casos de coronavirus en Corea del Sur en febrero de 2020. Una miembro de la iglesia, conocida como la «Paciente 31», fue responsable de contagiar al menos a 1.100 personas en un momento en que el país tenía pocos casos confirmados. Debido a la naturaleza de sus servicios religiosos -miles de personas sentadas en el suelo muy juntas y prohibición de usar máscaras o gafas en ese momento-, el virus se propagó rápidamente. En un punto, el 60% de todos los casos de COVID-19 en Corea del Sur pertenecían al grupo de Shincheonji. La ciudad de Daegu, donde se encuentra la sede de la iglesia, tuvo la mayor cantidad de casos y fue declarada «zona de desastre especial» por el presidente surcoreano.

Las autoridades acusaron a la organización de obstaculizar los esfuerzos sanitarios para contener el virus. Se acusó a Shincheonji de no proporcionar listas completas de sus miembros y de interferir con las medidas de cuarentena, lo que llevó al Gobierno Metropolitano de Seúl a intentar revocar el registro de una asociación vinculada a la iglesia el pasado 2020. Al mismo tiempo, se desató una controversia política porque los fiscales solicitaron órdenes para allanar la sucursal de Daegu en marzo de 2020, pero estas fueron bloqueadas por el entonces Fiscal General, Yoon Suk-yeol (quien luego se convertiría en presidente); testimonios recientes sugieren que Shincheonji apoyó políticamente a Yoon como agradecimiento por bloquear estas redadas.

El brote de COVID-19 desafió directamente las enseñanzas centrales del grupo, provocando dudas entre muchos miembros. La doctrina de Shincheonji sostiene que sus miembros son parte de un grupo elegido que disfrutará de la vida eterna física. Sin embargo, exmiembros como Kim Jin-yong relataron que se dieron cuenta de que la iglesia les mentía cuando vieron a miembros morir de COVID-19, lo que contradecía la promesa de inmortalidad. Lejos de detenerse, la organización utilizó la pandemia y la inseguridad global para adaptar su reclutamiento. De este modo, al no poder operar en persona, se volcaron a plataformas como Zoom y redes sociales. Aprovecharon la vulnerabilidad y la incertidumbre de la gente durante los confinamientos para ofrecer certeza y comunidad. En lugares como Líbano, comenzaron a contactar personas bajo la excusa de organizar «noches de oración por Zoom» para traer esperanza durante la crisis, ocultando su verdadera identidad.

Y es que, para los miembros de Shincheonji, la mentira no es un pecado si se utiliza para proteger la organización o para atraer nuevos devotos. Para el grupo, de hecho, es «una forma de sabiduría». Esta distorsión ética tiene una base teológica claramente manipulada: el grupo utiliza un pasaje del Génesis sobre el silencio de Abraham ante Isaac mientras subían al monte para el sacrificio, para sostener que ocultar la verdad es una instrucción divina cuando el fin es superior.

Los reclutadores del movimiento suelen operar en campus universitarios, bibliotecas, centros comerciales y online (a través de canales de Instagram e incluso a través de apps de citas). Se presentan bajo nombres de organizaciones genéricas como «Centro de Misión Cristiana Sion», «Nuevo Cielo Nueva Tierra», «Organización Educativa Internacional» o simplemente «grupos de estudio bíblico» no denominacionales. A menudo, abordan a las personas pidiendo ayuda para encuestas universitarias, investigaciones de psicología o proyectos estudiantiles falsos. Shincheonji utiliza una metodología estructurada de «pesca». El nuevo recluta es el «fruto». Para asegurarlo, utilizan a miembros existentes que fingen ser nuevos estudiantes también (llamados «hojas»). Estos miembros falsos se hacen amigos del objetivo, asisten a las mismas clases y fingen aprender al mismo ritmo para generar confianza y validar las enseñanzas.

Se enfocan en personas de 18 a 25 años, especialmente en momentos de transición (primer año de universidad), buscando a quienes parecen solitarios. Buscan activamente a personas que ya creen en la Biblia, pero que pueden tener dudas o buscar una comprensión más profunda. En campus universitarios o redes sociales, contactan a jóvenes cristianos fingiendo ser estudiantes de psicología o teología que necesitan ayuda con un proyecto. Estas interacciones están diseñadas para obtener información sobre la vida espiritual y las debilidades del objetivo.

Una vez captada la atención del potencial reclutado, el proceso de adoctrinamiento es gradual y envolvente, buscando alterar su visión de la realidad. Comienza con reuniones informales y escala rápidamente a clases de estudio bíblico tres o cuatro veces por semana. Estas sesiones pueden durar horas y se centran en las interpretaciones de Lee Man-hee sobre el Libro del Apocalipsis. Al principio, los reclutas son inundados de atención, elogios y un sentido de comunidad que a menudo falta en sus vidas externas («bombardeo de amor»). Esto crea una deuda emocional y una dependencia creciente. Nunca envían a un reclutado solo a estudiar. Un miembro regular, llamado «hoja», finge ser también un estudiante nuevo. La «hoja» se hace amiga del objetivo, finge aprender al mismo ritmo y valida las enseñanzas del instructor para generar confianza. Además, la «hoja» reporta secretamente a los líderes sobre las dudas o preguntas del objetivo. En algunas clases de estudio bíblico pequeñas, hasta la mitad de los asistentes pueden ser miembros de Shincheonji fingiendo ser novatos para crear una falsa sensación de consenso y presión social. La identidad del grupo como «Shincheonji» generalmente no se revela hasta después de 6 a 8 meses de adoctrinamiento, momento en el cual el recluta ya ha establecido fuertes lazos emocionales y ha aceptado gran parte de la doctrina.

Para mantener a los miembros dentro, Shincheonji emplea métodos de control que pasan por enseñar a los miembros que sus familias y amigos externos pueden ser utilizados por Satanás para impedirles hacer la obra de Dios. Se les anima a cortar lazos, mentir a sus padres sobre su paradero e incluso mudarse a casas compartidas con otros miembros. Se prohíbe terminantemente buscar información sobre el grupo en internet, calificando cualquier crítica externa como «veneno espiritual». Se les dice que leer noticias negativas es un pecado que daña su espíritu. Los miembros son presionados para dedicar todo su tiempo al reclutamiento y estudio, a menudo durmiendo solo 3 o 4 horas por noche. El agotamiento reduce su capacidad de pensamiento crítico. Se elogia a quienes están «demasiado cansados para pecar».

Bajo los nombres de «Zion Christian Mission Centre» o «Bibleandi», se mueven en un anonimato estratégico. Este marketing de incógnito es efectivo, en tanto que atrae a personas que jamás entrarían en una comunidad religiosa, pero que sí buscan un curso de idiomas o un seminario de liderazgo. La barrera para salir, de acuerdo a la experiencia de los exmiembros, es el miedo psicológico. Se advierte a los devotos que Satanás utilizará a las personas que más aman (padres, amigos o parejas) para perseguirlos y sacarlos del «camino de la verdad». Cualquier intento de un familiar por razonar con ellos se interpreta no como amor, sino como un ataque espiritual o «persecución» predicha por la Biblia. Esto hace que el devoto tema el contacto con su propia familia y apague la ubicación de su teléfono para no ser rastreado. Se les hace creer que fuera de Shincheonji no hay propósito ni verdad, y que volver al mundo exterior es volver a una vida sin sentido. Se implanta la duda paralizante: «¿Y si ellos tienen razón y yo me voy al infierno?». Esta duda retiene a muchos, incluso cuando empiezan a ver contradicciones lógicas en la doctrina.

Investigaciones de la cadena ABC News han recogido testimonios como el de Cassie, una exmiembro que explica cómo se les prohíbe investigar al grupo en internet, calificándolo de «suicidio espiritual». Se les hace creer que perderán su oportunidad de ser parte de los 144.000 sacerdotes elegidos o de la multitud vestida de blanco que sobrevivirá al apocalipsis. Dado que enseñan que el regreso de Jesús y el fin de los tiempos son inminentes, se genera el miedo constante a «perderse la gloria de Dios» si se van justo antes de que se cumpla la profecía. Se les inocula la idea de que cualquier crítica externa es «veneno de Satanás», anulando el pensamiento crítico mediante el terror metafísico. Se enseña a los miembros que Shincheonji es el único lugar donde existe la salvación y que salir equivale a renunciar a la vida eterna. Se les inculca el «miedo al infierno», y se les advierte que si no hacen la obra de Dios (reclutar y estudiar), serán arrojados a la oscuridad exterior donde habrá «llanto y crujir de dientes»

Con el tiempo, Shincheonji ha evolucionado. Al detectar que las grandes capitales están sobre aviso, la organización ha desplegado sus Equipos de Fuerzas Especiales (SFT) hacia regiones más desprevenidas como Ballarat, Bendigo, Geelong o Darwin. Estos equipos no buscan feligreses, buscan «frutos». En su jerga interna, el recluta es el «fruto» y el captador es la «hoja» que debe nutrirlo hasta que esté listo para la cosecha. Los SFT recopilan bases de datos minuciosas de sus objetivos, que incluyen: pasatiempos y metas de vida (para diseñar un «bombardeo de amor» personalizado), conciencia sobre cultos (para medir el nivel de engaño necesario), planes de viaje futuros (un dato clave para asegurar que el «fruto» no abandonará el área antes de completar el adoctrinamiento) y  «serpientes potenciales» (término utilizado para identificar a padres, parejas o amigos que posean un pensamiento crítico capaz de «envenenar» al potencial reclutado contra la organización).

La estrategia más característica de Shincheonji no es captar personas aisladas, sino «cosechar» congregaciones enteras a través de sus líderes. Los miembros son entrenados para ocultar su afiliación a Shincheonji al entrar en otras iglesias. Se presentan bajo nombres de organizaciones genéricas o falsas, como «Centro de Misión Cristiana Sion», «Estudiantes de la Biblia Internacional», o simplemente como grupos de estudio bíblico no denominacionales. Un método documentado implica que un miembro visite una iglesia como un asistente normal. Luego, coordina para que otro miembro (un «compañero de trabajo») visite la misma iglesia la semana siguiente, fingiendo ser un extraño, para acercarse a un objetivo específico dentro de la congregación

El llamado «Equipo de Evangelismo de Pastores» se presenta ante ministros cristianos —especialmente de iglesias independientes— ofreciendo recursos del Zion Christian Mission Centre. Según han reportado tanto ABC News como Christianity Today, el nivel de infiltración es asombroso. Los datos de la propia organización en Corea del Sur afirman que 1.341 iglesias en 41 países ya han reemplazado su señalética original por la marca de Shincheonji. Para lograr esto, utilizan las llamadas «cartas de juramento», donde los pastores juran obediencia absoluta a las instrucciones del Mission Centre. El proceso es un lento goteo de adoctrinamiento: primero se les invita a seminarios por Zoom y, eventualmente, se les financian viajes a Corea del Sur para asistir a graduaciones masivas, donde se les advierte explícitamente que no crean en la «persecución» que verán en internet.

El interés de su líder, Lee Man-hee, no se limita a la salvación de las almas: busca influencia en las estructuras de gobierno. Documentos de los diarios coreanos Hankyoreh y Maeil Business Newspaper han expuesto una presunta operación de infiltración masiva en el Partido del Poder Popular (PPP) de Corea del Sur. Se estima que Lee ordenó a cerca de 100.000 seguidores afiliarse al partido para influir en las primarias presidenciales de 2022. El objetivo era un «quid pro quo» de manual: apoyar la candidatura de Yoon Suk-yeol a cambio de protección. Según testimonios de ex altos cargos de la organización,  veía en Yoon a un aliado que, en su etapa como fiscal general, habría bloqueado dos redadas judiciales contra la iglesia durante el estallido de COVID-19 en Daegu. Este uso de seguidores disciplinados para manipular procesos democráticos internos representa un peligro latente para la integridad institucional.

Dentro de Shincheonji, el agotamiento físico se tilda como una virtud espiritual. La organización utiliza la retórica de que un miembro debe estar «demasiado cansado para pecar», una maniobra de control diseñada para que la privación del sueño impida cualquier proceso de reflexión crítica. El costo de esta entrega es elevado, como documenta The Guardian: privación del sueño (rutinas que permiten apenas 3 horas de descanso nocturno para cumplir con las cuotas de «pesca» y estudio), peligro físico (se han reportado múltiples accidentes de tráfico causados por miembros que se quedan dormidos al volante tras jornadas exhaustivas) y ruina financiera (presión constante para donar ahorros y bienes; existen también casos documentados de jóvenes que vendieron sus vehículos para pagar los diezmos exigidos). Los principales problemas que enfrentan los devotos de la iglesia Shincheonji giran en torno al control coercitivo, la explotación financiera y física, y el aislamiento social. Los exmiembros y familiares describen un entorno de alta presión que afecta gravemente la salud y la autonomía de los seguidores. Los padres de familia describen a sus hijos como personas «espiritualmente muertas» o individuos completamente irreconocibles, desconectados de sus afectos previos y convertidos en engranajes de una maquinaria de reclutamiento perpetuo.

La Iglesia de Jesús Shincheonji enfrenta un escrutinio cada vez más intenso tanto en Australia como en Corea del Sur, donde gobiernos, instituciones educativas y grupos de ciudadanos están impulsando medidas legales y sociales para contrarrestar sus tácticas. En el estado de Victoria, por ejemplo, se está llevando a cabo una investigación parlamentaria sobre los métodos de reclutamiento y el impacto de las comunidades de alto control ideológico, con un informe final que se presentará en septiembre de 2026. En ese país, existe un movimiento creciente, respaldado por peticiones al fiscal general federal, para que se introduzca legislación que criminalice el control coercitivo por parte de organizaciones religiosas, y no solo en el contexto de la violencia doméstica. Los peticionarios argumentan que las leyes actuales no protegen a las personas de la manipulación psicológica ejercida por grupos como Shincheonji. El gobierno surcoreano, por su parte, está considerando revocar el registro corporativo de Shincheonji si se confirman violaciones legales. Aunque esto no prohibiría sus actividades religiosas -debido a la libertad de culto garantizada por la Constitución-, les despojaría de sus beneficios fiscales y protecciones legales como entidad corporativa. De hecho, líder de Iglesia, Lee Man-hee, ya ha enfrentado condenas, incluida una sentencia suspendida por malversación de fondos utilizados para construir un palacio personal.