La Escuela de Ciencia Económica (conocida en inglés como School of Economic Science o SES o también como la School of Practical Philosophy), es un grupo fundado en Londres en 1938 por el político británico Andrew MacLaren bajo el nombre de «The Henry George School of Economics». Su propósito inicial era el estudio de teorías económicas para analizar cómo la tributación de la tierra podría erradicar la pobreza. Sin embargo, bajo el liderazgo posterior de su hijo, Leon MacLaren, la organización sufrió una metamorfosis radical, abandonando sus raíces económicas para centrarse en el «estudio de las leyes naturales que rigen las relaciones entre los hombres en la sociedad», adoptando un misticismo esotérico fuertemente influenciado por las enseñanzas de George Gurdjieff y Pyotr Ouspensky, y más tarde por filosofías hindúes (como el Advaita Vedanta) transmitidas a través del Maharishi Mahesh Yogi y el Shankaracharya del Norte.
Bajo la dirección de Leon MacLaren, a quien los miembros adultos veneran como «El Maestro», la Escuela de Filosofía Práctica instituyó una estructura profundamente dogmática. Como ya indiqué en un artículo anterior, la doctrina establecía que los «tutores» de la escuela actuaban como representantes directos de Dios, entidad a la que denominaban «el Absoluto», y por tanto debían ser obedecidos de manera incondicional. Este sistema piramidal anula el juicio crítico del adepto, quien se ve forzado a consultar cualquier decisión vital, ya sea un cambio de empleo, un traslado de domicilio o el matrimonio, con sus superiores dentro de la Escuela. Esta verticalidad terminó por fomentar un sistema de abuso en cascada, donde la jerarquía alentaba y legitimaba que los miembros subyugaran o maltrataran a aquellos que se encontraban por debajo de ellos en el escalafón del grupo.
Con el liderazgo del hijo, la Escuela de Filosofía fue implementando ciertas prácticas que diferentes ex miembros han descrito como procedimientos claramente coercitivos orientados a romper la identidad. Esto se logra primordialmente a través de un régimen disciplinario extenuante conocido como «La Medida». A los seguidores se les imponen normas asfixiantes como la privación severa del sueño (reduciéndolo a cuatro o cinco horas por noche), dietas restrictivas centradas en alimentos crudos y jornadas agotadoras de trabajo manual de carácter humillante. Este desgaste físico y mental, combinado con la hiperestimulación producida por prácticas intensivas de meditación trascendental y cánticos de mantras en sánscrito, induce estados alterados de conciencia y una elevada sugestionabilidad hipnótica que adormece el razonamiento crítico.
De esta forma, se adoctrinaba a los miembros para mantener una «neutralidad emocional» constante y se les prohibía mostrar afecto, incluso hacia sus propios hijos, considerando las emociones como una muestra de debilidad espiritual. En el marco de su adoctrinamiento, la Escuela clasifica la expresión emocional natural (como el dolor, el llanto o la excitación) como una «emoción negativa», catalogándola como irreal y pecaminosa. Adicionalmente, la organización tiende a utilizar otras prácticas disfrazadas de «ejercicios» para destruir el ego; por ejemplo, se fuerza a los alumnos a realizar tareas para las que no tienen habilidad alguna, o se les somete a instrucciones deliberadamente contradictorias por parte de diferentes tutores, con el objetivo de anular la confianza en su propio juicio, forzarles a «dejarse ir» y establecer una sumisión absoluta a las directrices de los superiores. Un pilar de su funcionamiento sectario es la imposición de un juramento de silencio; se prohíbe estrictamente a los miembros discutir las enseñanzas con personas ajenas a la Escuela, utilizando el pretexto de que el «conocimiento» es peligroso para las almas externas «dormidas». Paralelamente, se inculca un marcado elitismo: los alumnos-devotos son aleccionados para creer que pertenecen a la «aristocracia del universo» y se les insta a evitar influencias externas consideradas vulgares o «negativas». Esta dinámica termina por aislar sistemáticamente al alumno de su red de apoyo previa, precipitando la alienación familiar o provocando el colapso de relaciones de pareja cuando uno de ellos cuestiona al grupo o se niega a unirse.
El adoctrinamiento de la Escuela de Filosofía tiene un marcado sesgo patriarcal que relega a las mujeres a una posición de inferioridad y culpa perpetua. Por el testimonio de la actriz Emily Watson, que creció en aquel contexto, sabemos que a las alumnas se les inculcaba que eran intrínsecamente culpables debido al «pecado de Eva» y que el propósito fundamental de sus vidas debía ser purgar esa culpa. Se enseña que las mujeres no pueden disfrutar biológicamente del sexo, que los impulsos sexuales son repugnantes y que las relaciones íntimas que no tengan un fin reproductivo son un pecado que resultaría en la reencarnación como un ser inferior. Por tanto, el poder recae exclusivamente sobre los hombres, a quienes las mujeres deben servir, asumiendo todas las tareas domésticas y aceptando que el compromiso del marido con la Escuela estaba siempre por encima del bienestar familiar. La disidencia y la transgresión de estas normativas represivas han sido duramente castigadas; un claro ejemplo es la expulsión de la mencionada actriz a los 29 años por interpretar un papel con desnudez explícita en la película Rompiendo las Olas.
El aspecto más devastador de la Escuela fue el maltrato sistemático hacia los menores en sus instituciones educativas, como las escuelas St James o St Vedast en Londres. Testimonios de antiguos alumnos y una investigación oficial en 2005 expusieron un historial de agresiones criminales y humillación durante las décadas de 1970 y 1980. El ambiente escolar estaba dominado por el terror: se imponía un silencio casi absoluto, los profesores administraban palizas sádicas con zapatos y reglas, se forzaba a los niños a tomar duchas frías comunitarias como castigo y se les sometía a entrenamientos físicos hasta la extenuación. Estas prácticas derivaron en daños físicos permanentes, parálisis facial por exposición a temperaturas extremas sin protección, severos trastornos de ansiedad e intentos de suicidio entre el alumnado. La propia Emily Watson corrobora que la organización utilizaba el miedo para controlar a la gente y exhibía una «crueldad» extrema sin ningún tipo de protección integrada para el bienestar de los menores.
Para captar a nuevos alumnos-devotos, la Escuela opera a través de centros pantalla que ocultan su verdadera naturaleza sectaria, publicitando cursos introductorios de «filosofía práctica» a bajo costo que abordan temas atractivos y benignos como el autoconocimiento o la meditación. Sin embargo, a medida que el estudiante avanza hacia niveles superiores, la enseñanza se transforma en un sistema de creencias altamente dogmático y controlador. Se introduce el concepto de «servicio» (trabajo voluntario y gratuito para la Escuela) que muta de opcional a obligatorio, y se instaura la máxima de que la organización debe prevalecer sobre la familia, el trabajo o las redes de apoyo externas. Este progresivo aislamiento garantiza que, en el momento en que un alumno decida intentar abandonar el grupo, se encuentre completamente despojado de su entorno de relación y amistades. Aoctrinados para creer que el servicio a la escuela es un trabajo directo para «Lo Absoluto», los seguidores son presionados a donar sumas económicas considerables, propiedades completas y un flujo inagotable de mano de obra gratuita. Estas aportaciones han servido para amasar un millonario patrimonio inmobiliario internacional, incluyendo exclusivas mansiones rurales en Reino Unido, Norteamérica, Europa y Australia.
A lo largo de su existencia, la Escuela ha atraído a sus filas y ha estado estrechamente vinculada con diversas personalidades de notable relevancia en el ámbito político, religioso, cultural y profesional. El fundador original de la Escuela fue un prominente político que se desempeñó como miembro del Parlamento por el Partido Laborista en la circunscripción británica de Burslem durante los períodos de 1922 a 1945. Leon MacLaren se presentó como candidato parlamentario por el Partido Liberal en 1950 y 1951, y en 1939 había competido electoralmente en Epping contra el mismísimo Winston Churchill. Roger Pincham, un acaudalado corredor de bolsa, llegó a ocupar la Presidencia del Partido Liberal Británico y fue su candidato parlamentario por Leominster en diversas elecciones; fundó el Gladstone Club, una entidad que funcionó en la práctica como un bastión de la Escuela dentro del aparato del partido político. David Boddy ocupó el altísimo cargo de Director de Prensa y Relaciones Públicas en la Oficina Central del Partido Conservador. En este rol, actuó como asesor de prensa muy cercano a la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher (paralelamente a sus labores gubernamentales, Boddy fungía como el portavoz de prensa de la propia Escuela).
Dentro del ámbito religioso, han mostrado una deliberada permeabilidad dentro de la Iglesia Anglicana, buscando legitimar sus enseñanzas esotéricas hindúes bajo un manto de respetabilidad cristiana. Por ejemplo, el reverendo Stephen Terry, vicario en el norte de Londres y miembro activo de la Escuela durante más de una década, defendió públicamente y de forma enérgica el modelo educativo y filosófico del grupo. El reverendo Andrew Mottram, párroco anglicano que compaginó su ministerio con su pertenencia a la Escuela, llegó a considerar a su líder como un «gran maestro» y al Shankaracharya como el representante de Dios en la tierra.
Dentro del entorno mediático, cultural y profesional, la Escuela ha cooptado a profesionales altamente cualificados que aplican su doctrina en la vida civil. En la esfera internacional, la sucursal de la Escuela en Bélgica ha estado dirigida por Henri Schoup, un conocido presentador y entrevistador de la televisión belga. La antigua actriz británica Joy Dillingham emigró para fundar y liderar con autoridad incuestionable la rama estadounidense de la Escuela en Nueva York, operando bajo el nombre de «Practical Philosophy Foundation». El ex diseñador de sombreros reconvertido en productor de televisión y ejecutivo de relaciones públicas Timothy Glazier, tuvo una participación determinante en la formación del sindicato GAACA dentro de la industria de artes gráficas y operó campañas de lobby político a favor del régimen de Sudáfrica en Namibia, utilizando fondos y productoras audiovisuales vinculadas a miembros de la Escuela. James Dean, abogado del prestigioso colegio Grays Inn de Londres e hijo de Sir Patrick Dean -quien fuera embajador de los Estados Unidos-, ha sido un operativo esencial para la Escuela dentro de la política liberal y de las organizaciones eclesiásticas de fachada. También ha cooptado a actores, como el caso de Emily Watson o el conocido actor Hugh Jackman. De hecho, la vinculación del actor australiano Hugh Jackman es conocida de hace tiempo y ha sido confirmada abiertamente por él mismo. Jackman se unió a esta organización en el año 1991. A lo largo de las décadas, lejos de distanciarse de las controversias de la Escuela, ha actuado como un defensor público de su actividad. En una entrevista concedida en 2006 a Oprah Winfrey, el actor justificó y ensalzó los motivos de la organización, afirmando que fue fundada originariamente por un grupo de hombres y mujeres preocupados por el desastre de la Segunda Guerra Mundial, cuyo objetivo era descubrir las leyes naturales para aprender a «compartir el planeta». En esa misma entrevista, llegó a emitir elogios hacia el sistema capitalista en conjunción con los ideales del grupo.
Más recientemente, en el año 2017, durante la gira promocional de la película The Greatest Showman, Jackman revalidó públicamente su compromiso continuo con la Escuela, con la que lleva ya prácticamente tres décadas de vinculación. En una entrevista con la revista ICON, describió la escuela en términos profundamente idealizados, comparándola con lo que la Iglesia representa para los fieles ortodoxos y definiéndola como «un lugar donde encontrar luz». El actor expuso que sus actividades en el grupo se basan en el debate sobre asuntos prácticos del día a día y el estudio sincrético de textos filosóficos y religiosos que incluyen filosofías de Oriente y Occidente, a Platón, a Shakespeare y la Biblia. Para Jackman, la atmósfera de la escuela es «liberadora»: afirmó que le anima «a no aceptar nada pero tampoco a rechazar nada». De hecho, llegó a contraponer esta supuesta apertura mental con su propia crianza en el seno de la Iglesia Anglicana junto a su padre, la cual terminó considerando como una «forma de pensar muy estrecha» en comparación con la Escuela.
Las evidencias apuntan a que la experiencia de Jackman dentro de la Escuela de Filosofía Práctica está absolutamente mediatizada por una conjunción de privilegios. En primer lugar, ingresó al grupo siendo ya un varón adulto en la veintena. Puesto que la estructura dogmática de la Escuela es inherentemente misógina -otorgando la autoridad exclusivamente a los hombres y reprimiendo sistemáticamente a las mujeres-, Jackman jamás fue objeto del abuso estructural, la culpabilización moral, ni la represión sexual o biológica impuesta a las alumnas. Tampoco experimentó los maltratos físicos sádicos ni el terror institucionalizado que sufrieron los menores en los colegios de la Escuela. En segundo lugar, su estatus de multimillonario y estrella de Hollywood lo exime de las prácticas coercitivas cotidianas. Mientras que la Escuela aísla progresivamente a sus miembros ordinarios y les exige horas exhaustivas de «servicio» —trabajo físico no remunerado de mantenimiento y limpieza en las mansiones y propiedades de la organización—, es extremadamente improbable que la jerarquía le exija este peaje a Jackman. En su lugar, la Escuela capitaliza la enorme popularidad y el carisma del actor, utilizándolo como un formidable instrumento de relaciones públicas. Su promoción de la «filosofía práctica» funciona como un imán que legitima a la organización, sirviendo de embudo para captar a nuevos seguidores a través de cursos introductorios inofensivos, tras los cuales opera un sistema de adoctrinamiento gradual y anulación de la propia identidad del que los nuevos alumnos difícilmente podrán escapar. Recientemente, esta afiliación ha vuelto a ser objeto de escrutinio mediático tras conocerse que Jackman ofreció un número musical privado durante la fiesta del 95º cumpleaños del magnate conservador de los medios Rupert Murdoch. Aunque circularon rumores que sugerían que ambos millonarios compartían pertenencia en este movimiento sectario, la realidad documentada es que solo Jackman es miembro.
La organización logró atraer el patrocinio de celebridades que, al ser requeridas por la prensa, admitieron desconocer por completo la verdadera naturaleza sectaria de la Escuela. Entre estos figuraron: Sir Ralph Richardson, uno de los actores más aclamados del teatro y cine británico; Sir Lennox Berkeley, eminente compositor y presidente de la Performing Rights Society; Sir Thomas Armstrong, ex director de la prestigiosa Royal Academy of Music; James Miskin, magistrado que ocupaba el histórico cargo de Recorder de Londres; a esto se suma la presencia de un juez en activo del Tribunal Superior Británico, quien figuró de manera anónima como estudiante de los cursos vespertinos durante numerosos años.
No es fácil precisar la cantidad de alumnos-devotos de la Escuela. En el Reino Unido, núcleo originario de la organización, existe una marcada estructura piramidal. La cúpula directiva o la «Hermandad de la Escuela» (Fellowship of the School) está compuesta por un grupo sumamente reducido de aproximadamente 120 personas. Sin embargo, la base de adeptos regulares es considerablemente mayor: el director de la Escuela admitió hace años que existían alrededor de 2.500 miembros generales tan solo en Londres, y una cifra equivalente de otros 2.500 distribuidos en diversas sucursales del resto del país. Evidentemente, no es lo mismo personas que hacen alguno de sus cursos que miembros regulares. Debido a que atraen nuevos reclutas mediante cursos públicos con una apariencia académica, la propia organización afirma que unas 50.000 personas han pasado por sus aulas desde su fundación. El fenómeno de expansión misionera de la Escuela ha generado sucursales con adhesiones fluctuantes en múltiples regiones del planeta, logrando conformar una red internacional importante. Holanda constituye posiblemente la filial extranjera más exitosa; la School voor Filosofie logró inscribir a más de 22.000 miembros a lo largo de un período de 22 años de funcionamiento. La sede central en Nueva York, disfrazada bajo el nombre de Practical Philosophy Foundation, cuenta con un núcleo de más de 700 miembros, y las estimaciones sugieren que existen al menos 2.000 activistas de la Escuela podrían estar esparcidos por todo el territorio estadounidense. En Bélgica, las estimaciones apuntan a que hay cerca de 1.000 personas inscritas en sus cursos en un momento dado, aunque el «núcleo duro» de seguidores plenamente devotos y de larga trayectoria se reduce a unas 250 personas. En las filiales de ciudades como Sídney y Melbourne (Australia), la organización demostró un poder de convocatoria notable, llegando a congregar entre 700 y 800 adeptos adoctrinados hacia el año 1980. La rama de Dublín ha reportado unos 500 miembros activos en su área de influencia. En Nueva Zelanda, las investigaciones periodísticas documentaron unos 200 miembros regulares en la capital, Wellington, apoyados por otra sección activa en Auckland. En Toronto, se calcula que apenas un centenar de miembros mantienen actividad regular. En España, no disponemos de cifras estimativas. Aunque no publican un censo de socios, se estima que tienen varios cientos de alumnos activos de forma recurrente solo en su sede de Madrid, con una red de voluntarios que gestiona sus cursos de introducción a la filosofía y meditación. En definitiva, la base activa y adoctrinada de manera simultánea en todo el mundo puede estimarse razonablemente en torno a los 15.000 adeptos, todos ellos subordinados a las directrices de unos pocos centenares de tutores en la cúspide de la jerarquía dogmática de la Escuela de Filosofía.
