No hace muchas semanas, volvía a saltar a los medios una suerte de negocio piramidal de corte new age que se presenta como “una oportunidad de crecimiento personal”. Una propuesta conocida como “el telar de los sueños”, que recuerda mucho a lo que en su día se popularizara bajo el nombre de “células de abundancia”. Aunque el sistema en cuestión ha ido cambiando de nombre con los años: células de la abundancia en España o Chile, burbujas de la abundancia en Uruguay, telares de abundancia en México o Argentina, pero también fueron descritas como ruedas de solidaridad, la flor de la abundancia, células de gratitud, bolas solidarias, mandalas de la abundancia o pirámides de la abundancia. Muchos son los nombres para un mismo esquema económico. Aunque ahora, bajo el manto del feminismo, la solidaridad, los sistemas de organización alternativos al patriarcado o la economía circular, se han organizado grupos en torno al telar que no tan sólo suponen una estafa económica, sino que al mismo tiempo presentan claros elementos sectarios.

La actividad se presenta como una “oportunidad de empoderamiento para la mujer”, bajo el supuesto de que lleva practicándose “más de sesenta años entre mujeres”, tomando para sostener tal afirmación las ideas de la psiquiatra Jean Shinoda Bolen, autora del libro El Millonésimo Círculo. En sus palabras, la finalidad de los telares es que “la experiencia de haber estado en un telar se expanda a otras mujeres [lo que dará lugar a]… un enorme cambio de cómo ves al mundo después de estar en un telar con la hermandad… Y será así hasta que, finalmente, un día nazca un nuevo telar… que será el millonésimo círculo, el decisivo, y que iniciará para la humanidad la era post-patriarcal”.

Una de sus promotoras lo describe del siguiente modo: “el Telar es un movimiento de mujeres en el que cumplimos sueños. En donde trabajamos con una economía sagrada en donde el regalo es el motor de nuestros impulso. Nos focalizamos todas en una mujer que está en el centro, en el elemento Agua, para que pueda cumplir sus sueños. Entras como Fuego dando un regalo, un regalo económico, para quemar todos tus miedos, paradigmas antiguo, viejos. Luego pasan a ser Viento, atrayendo a dos mujeres. Luego sostienes desde la Tierra. Y al final recibes desde el Agua. Este movimiento nos empodera, nos conecta con nuestra esencia que se nos ha negado y de la que somos merecedoras. El Telar es el telar de la manifestación desde nuestra esencia femenina. Si sientes el llamado del telar, da tu SI, no te lo pienses. Es el comienzo hacia tu libertad”.

El “Comité de Fundadoras” (se desconoce exactamente quiénes son) sostienen haber puesto en marcha el telar a partir de la experiencia de otros grupos de ayuda como Vision Sisters o el Wisdom Women’s Circle de Canadá (lo que no puede contrastarse de ningún modo) y cuyo origen se remontaría a sistemas de economía tribal africana como “las tontinas”  (aunque tal pretendido origen es algo que es de muy difícil verificación). En general, la idea de un pasado mítico o misterioso, suele ser un elemento que captura la atención de cualquiera.  Pero, en realidad, el sistema de las tontinas de África consiste en la formación de grupos informales cuyos miembros hacen una aportación periódica de una cantidad de dinero determinado para un fondo común, que se entrega de manera rotatoria a uno o una de los asociados (generalmente, la rotación se hace por sorteo). Y una de las diferencias esenciales con el telar, la encontramos en el hecho de que mientras que las tontinas son sistemas circulares cerrados (los participantes se conocen y posiblemente comparten otros espacios sociales), en el caso de los telares estamos hablando de sistemas abiertos, piramidales y que se nutren de la introducción de nuevas participantes.

Por otra parte, y si bien desde un cálculo meramente matemático, los así mal llamados “Círculos” (que son más bien estructuras en forma de pirámide, para nada circulares) están destinados al colapso económico por lo que ya sabemos de los clásicos esquemas Ponzi, las defensoras del telar sostienen que eso son “argumentos masculinos que no entienden la dinámica femenina”. Dicho esto, es muy probable que las propias telarinas lean este artículo como que en definitiva “es un argumento de alguien que está atascado en el miedo o la escasez” o, simplemente, “lo dice alguien desde una mirada basada en el patriarcado, es un hombre”.

Las mujeres se acercan al telar por primera vez en busca de empoderamiento, mentoría o prosperidad, es decir, quieren alcanzar todo lo que el movimiento les promete. Sin embargo, se les pide que paguen a las “hermanas mayores” (HM) por adelantado por la oportunidad de aprender tales habilidades. Visto desde este ángulo, este sistema no dista mucho del modelo económico actual, del pago por adelantado, lo que lo aleja bastante del modelo que pretenden promover de una economía basada en el regalo. Dicho de otro modo, que mientras que el discurso externo de las promotoras del telar se sostiene con ideas alternativas, feministas y contra el patriarcado, lo llamativo es que en su funcionamiento reproducen a pequeña escala todo aquello que critican.

Inicialmente, y por la experiencia vivida de personas que he podido atender que abandonaron del telar, se presenta la propuesta como un mandala en el que se entra como elemento Fuego, lo que implica el “compromiso de quemar miedos y poner 1.200 € de regalo a la mujer Agua”. Se asegura que esta cifra está basada en “la matemática sagrada”, si bien poco tiene que ver con esas nociones new age. Y es que el telar emplea un lenguaje robado sin tapujos del feminismo, al mismo tiempo que se apropia de nociones y prácticas de la nebulosa de la new age, especialmente, aquellas que predican que “creer es crear” o que “si confías en que la abundancia llega a tu vida y te das el SI, entonces el dinero aparece”.

El Manual de las Tejedoras de Sueños, que se emplea de forma privada entre las HM y del cual existen diferentes versiones, recoge los “Lineamientos Originales” (mandamientos a respetar y seguir por parte de las telarinas) descritos por “el Comité Fundador” (se desconoce formalmente la composición de tal Comité), que se basan en 7 Leyes Espirituales (Discreción, Reciprocidad, Compromiso, Fluidez, Enfoque, Responsabilidad y Honrar Lineamientos). El camino que se describe en el telar se corresponde con “iniciaciones” o “anillos” por los cuales la mujer deberá transitar acorde a los ciclos lunares. En llamadas (zooms) de captación, se dice a las neófitas que  “se cambiará de elemento cuando pase una luna , porque somos cíclicas”, si bien en la práctica lo que sucede luego es que los plazos se van demorando a medida que se suceden los meses.  El camino en el telar es un camino de iniciación espiritual. Y son 4 las iniciaciones: Fuego (poder y acción), Aire (polinizar y comunicar), Tierra (servir y enraizar) y Agua (contener y recibir); y al mismo tiempo se presenta también como “un grupo de amigas” o incluso “una tribu”, como el ideal de un grupo de mujeres que salgan de la educación que han recibido y se atrevan a realizar sus sueños.

Veamos cómo lo expresas ellas mismas en sus videos y grabaciones que circulan continuamente, “soy una Hermana Mayor, hice cuatro mandalas…este es mi coche, gracias a mi mandala me compré un bolso, y mi segundo mandala lo cambié por un coche y con el tercero me fui a  viajar por Europa…y con mi cuarto madala cumplí mi sueño de estar tranquila…así que te animo a Saltar a esta red, porque yo estoy feliz de pertenecer a esta Hermandad…te vamos a sostener y ayudar a transitar este camino hermoso de amor y solidaridad…”.

La dimensión espiritual del telar es innegable, entremezclando elementos esencialmente new age, en una jerga seductora que busca atraer con el señuelo del crecimiento personal. Por ejemplo, en un audio de un grupo de mujeres descrito como “las Guardianas de la Tierra”, su grabación dice lo siguiente, a modo de oración que deberá repetirse para entrar en el estado mental necesario para “dar el salto” (entrar al telar): “mi corazón de mujer es rociado con el dulce néctar de sanación que la Madre Cósmica me entrega…En este momento soy una parte del Círculo Sagrado de Mujeres de Luz y unida a mis hermanas activo mi fuerza espiritual para irradiar energía amorosa a través de mis manos y mi conciencia… Te pido Madre Cósmica que bendigas mis manos y las manos de mis hermanas en todo el mundo para poder canalizar aquí y ahora su Luz Sanadora hacia la Madre Tierra…Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu paz. Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Luz…Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Amor…Ayúdanos a despertarnos como Mujeres Sagradas, guerreras del Amor, defensoras de la Vida…”.

Los aspectos compatibles con un proceso sectario se empiezan a concretar desde bien pronto, como cuando a la mujer que es invitada al telar, se le pide que se mantenga “siempre conectada con sus hermanas” (es decir, siempre dispuesta y disponible a estar en comunicación con otras mujeres del telar), al mismo tiempo que se le exige “ser responsable con las llamadas y zooms” (es decir, que esté siempre disponible para las llamadas y videoconferencias), a “no compartir el número de la conferencia con nadie más” (es decir, tan sólo deben compartirlos con personas del telar), pero sobre todo, es animada a que emplee “un lenguaje de regalo y alta vibración” (es decir, que emplee expresiones positivas continuamente tales como “comunicación amorosa”, “vibración elevada”, “participación total”, “estado de no mente”, etc.). Cuando se empieza en elemento Fuego, la exigencia de dedicación es baja y va aumentando a medida que se va ascendiendo dentro de la pirámide del telar (por ejemplo, en elemento Tierra se espera que la mujer dedique unas 12 horas semanales al telar y deberá estar siempre disponible a las llamadas telefónicas).

Junto a estos aspectos, encontramos otros de interés, como el hecho de que las promotoras del telar remarquen que “hay que ser cuidadosa con quien se está invitando y evitar invitar a hermanas que no se conozca” (debido a que deberán filtrar bien quién da el paso para la entrada y quién no, puesto que éstas últimas pueden suponer riesgos), al igual que “nunca hables de esto en lugares públicos” (hay que mantener cierta reserva sino secreto sobre la actividad real del telar) o “no hables de esto como una actividad de inversión” (lo que no deja de ser claramente engañoso, ya que revestidos con ese lenguaje de pretendido crecimiento personal, lo que subyace de fondo es el movimiento económico entre las telarinas). Aparte, se insiste en que durante el proceso de invitación (que se acompaña de presión emocional para entrar) no se comparta en redes sociales los nombres de las integrantes del telar. Tampoco deben mostrarse los documentos o videos relacionados con el telar con nadie que no forme parte comprometida de un mandala. Y si los pagos se hacen con transferencia bancaria, “habrá que mantener la privacidad del círculo y no mencionar nuestro colectivo en el concepto del pago”.

Muchas personas piensan que no puede funcionar como una secta porque no hay un liderazgo único, olvidando que las dinámicas de sectarismo pueden extenderse hacia terrenos que comportan devoción excesiva hacia una persona, idea u objeto.

Veamos cómo plantean la entrada en un mandala del telar, partiendo de los propios materiales que distribuyen entre las mujeres que se van incorporando a un mandala, cuyo lenguaje transporta a las recién llegadas a una misión mucho mayor que tan sólo la posibilidad de una ganancia económica para realizar sus sueños: “unirse al colectivo puede ser visto como un puente de transición orientado hacia tus más grandes emociones, pasiones y propósitos, aparte de tener tus visiones y rezos por el mundo amplificados por el grupo”. Las mujeres que llevan más tiempo en el telar y van en busca de nuevas reclutas, insistirán en que “se trata de confiar”, remarcando que cuantas más invitadas se consigan, más rápidamente fluirá todo. Porque de lo que se trata, de acuerdo con las mismas responsables, es de “atraer mujeres que entiendan de verdad este concepto…y que quieran ser parte de este nuevo paradigma”. Para ello, se insiste en la importancia de asistir a todas las llamadas y videoconferencias (“zooms”), exigencia que nuevamente irá aumentando a medida que la participante vaya subiendo dentro del telar, “porque las llamadas y los zooms crean los vínculos que hace que la inspiración crezca y se expanda”.

Algunas antiguas telarinas refieren haberse sentido tremendamente culpables al no poder atraer a más mujeres al telar. A las potenciales interesadas (antes de ingresar) les llaman “chispitas” y al acto de atraer (captar) lo denominan “soplar”. Hay que soplar a las chispitas para que entren en elemento Fuego. Si algo falla en la atracción de nuevas chispitas, las propias responsables de la actividad se encargarán de revisar el por qué no funciona esa invitación y de presionar emocionalmente: “tendrás que ver qué bloqueos están en el camino… identifica y trabaja con lo que haya venido a tu mente… puedes rastrear su origen mirando tal vez hacia tus condicionamientos familiares, temores del pasado, creencias adoptadas de amigos/ familiares y en tu vida personal, debes revisar tu relación con el dinero”. Es decir, se culpabiliza a la mujer, en un estilo de relación de dominio-sumisión (patriarcal), responsabilizándola plenamente de no conseguir “cumplir tu compromiso inicial de atraer dos mujeres al movimiento: si las invitaras contenta, sintiendo que les haces un regalo, las chispitas entrarían al mandala, pero si las soplas con dudas, no serás capaz de atraerlas. Debes mejorar tu forma de comunicarte, es lo que le corresponde al elemento viento para poder expandir el mandala. Has de sentirte merecedora de abundancia para regalarla invitando a tus amigas, si no lo logras es que estás aún en la carencia”.  La presión es continuada, ya que “el regalo” (de los 1.200€) “es una ofrenda”, o en otros términos, es el primer paso de la iniciación dentro del telar. Lo que definen como ofrenda, “simboliza la fe y desapego”. Nuevamente, no permiten llamarlo “inversión”, que en definitiva es lo que es, porque eso dejaría al descubierto su verdadera naturaleza económica. En una jerga típicamente new age, sostiene que “liberar esa energía económica nos lleva a cerrar un ciclo de abundancia importante para nuestras vidas ya que toda energía que entregas con amor y fe será regresada a ti en la misma frecuencia y vibración multiplicada”. El conocido recurso de los telepredicadores, por el cual cuanto más diezmes… mayores resultados de abundancia futura.

Tan importante como saber a quién invitar (para lo cual habrá que llevar un cuaderno donde se apunten mujeres potencialmente atraíbles hacia el telar o “chispitas”, lo que no deja de recordar la libreta de re-visitas de los Testigos de Jehová o grupos similares), es saber también a quién no invitar. Aunque cuando hablan de invitar, finalmente, se están refiriendo a captar o “soplar”. Y aquí las fundadoras del telar aclaran con precisión a qué mujeres no invitar a un telar:  “abogadas, oficiales del gobierno, celebridades, actrices, extremistas religiosas y cualquier persona de quien sientas resistencia… mujeres que estén lidiando con adicciones …tampoco invitamos a nadie a quien su pareja se sienta ofendida o incomoda por la invitación”. En definitiva, el movimiento se encarga de marcar con claridad a quién no invitar para evitar de este modo problemas futuros de índole legal. En mi experiencia, las reclutadoras del telar buscan mujeres cada vez más vulnerables y con menor red de apoyo (mujeres inmigrantes, madres solas o discapacitadas, etc.), es decir, mujeres en situación de vulnerabilidad emocional a las cuales seducir para formar parte del telar (aunque a la salida deje a muchas en una situación económica más difícil todavía).

Volviendo de nuevo al lenguaje que emplean, y tomando alguno de los videos que hacen circular entre ellas mismas para motivarse a continuar entrando en el telar, en alguno de ellos se puede apreciar un lenguaje muy cargado emocionalmente, orientándose a estimular la decisión inicial de dar el dinero para entrar a tejer. Veamos algún ejemplo extraído de sus propios videos: “soy Roberta (nombre ficticio) la hermana mayor de X […] Di mi SI al Telar. Y lo transité una, dos y tres veces, me COMPLETÉ. Recibí regalos de un montón de mujeres, y ahora …¡aquí estoy de vacaciones, cumpliendo sueños, viajando!…[se le ve en un lugar envidiable] ¿Qué decirte? Hay que confiar, es lo más difícil porque no estamos acostumbradas a confiar en lo desconocido, en lo que no está bajo nuestro control…entonces te animo a SALTAR, a CONFIAR en la mujer que te invita. Porque somos mujeres de carne y hueso que cumplimos sueños. Los sueños de las mujeres. Y hay muchos sueños. Y todos los sueños son válidos. Te invito a que confíes porque muchas mujeres no tenían el dinero… ¡nadie tiene 1.200 € para regalar a otra persona!… ¡hasta que decides tenerlos!. ¡Regalarlos!. Ahí es donde todo cambia. Esa cadena de dar vuelve en abundancia, en regalos, abundancia, amor, valores, en cosas bonitas. El telar de los sueños es un abrazo gigante de mujeres solidarias que cooperamos y vamos en la misma dirección. Te animo a confiar. Date la oportunidad. Permítete ser merecedora de eso, capaz ahora no tienes el dinero pero cuando algo cambien en ti el dinero aparece. Y las oportunidades son infinitas. Te animamos hermosa. Te estamos esperando. Porque tu mereces cumplir tu sueño”.

La entrada al telar siempre viene acompañada de tocar todas las fibras emocionales posibles para obtener el SI inicial, tocando aspectos como “si lo quieres vivir o no” o “si vas a permitir darte esta oportunidad”, prometiendo que se producirá un “cambio vibracional” en la vida que dará lugar a una transformación. Al mismo tiempo, el lenguaje se retuerce hasta el punto que se plantea que abrirse al telar es “sentirse merecedora en todos los planos de la vida y atraer en positivo”. En suma, entrar en el telar es una tarea reservada a unas pocas mujeres, supuestamente destinadas a una tarea sublime. Se vende que se invita sólo a mujeres capaces de hacer algo juntas y preparadas para colaborar en equipo, con inquietud de cambiar el mundo y subvertir el patriarcado y la economía capitalista. Se promete también una tribu de amigas a la que pertenecer, un grupo de hermanas sororas y ayuda mutua.

La insistencia en “tejer juntas” es algo que tiende a presionar finalmente a las mujeres a “confiar” y “dejarse llevar”, proponiendo esta actividad como una aventura de autoconocimiento, donde la experiencia se acompaña de “chats de rezo” (donde se comparten diariamente frases motivadoras entre las mujeres de cada mandala) y de “zooms” (donde se conectan a través de esta aplicación de video para compartir tristezas, preocupaciones, anhelos, etc.). Lo paradójico es que aunque se vende como movimiento global, es difícil conocer a las mujeres telarinas de mandalas diferentes al propio, dado que las HM se cuidan de evitar el contacto entre tejedoras y solo “mueven los hilos” para crear “mandalas reciclados”, es decir, compuestos por mujeres cuyos mandalas se estancaron pero desean seguir tejiendo. Dentro del mismo mandala, incluso se proponen quedadas, excursiones, intercambios de casas, etc. En estas actividades, diversas mujeres que atendí describen cómo se sentían de bien en ese entorno, “como en una nube”, encontrándose en zooms con otras mujeres de muy diferentes países, dando la apariencia de un movimiento global y unificado, lo cual favorece todavía más la progresiva adherencia a la propuesta del telar. En esos ambientes tan cargados emocionalmente, se estimula a que “ofrezcas el regalo”, muchas veces insistiendo en que tan sólo se dispone de una semana para ello, “porque si no la energía se perderá”. Finalmente, la presión que se ejerce para la inversión económica de cara a entrar en el telar termina por quedar en segundo plano, remarcando todas las mujeres que se sintieron finalmente atraídas no sólo por la insistencia de sus amigas captadoras, sino por el hecho de encontrarse con un grupo de mujeres que le hacían sentirse bien, acogidas y comprendidas. Y es que, en general, la entrada en el telar hace sentirse a la mujer como formando parte de un proyecto espiritual y colectivo, en el que otras mujeres no entran porque “no están preparadas” o “su nivel de conciencia no es el adecuado”, lo que lleva a la telarina a sentirse especial y diferente.

Como he indicado, sus promotoras se encargan de repetir que no se trata de un negocio piramidal y comentan que es una forma de intercambio de dinero basado en la confianza, para hacer la guerra al capitalismo y los bancos, ya que la idea es que el dinero se regala a una mujer sin pasar por el banco para no dejar rastro a Hacienda, “entidad ladrona a la que se pretende derrocar con esta forma colaborativa de economía”. Dirán que se trata de “una forma de economía circular entre mujeres”, “una forma de economía sagrada”, una “economía del regalo”. Pero no una inversión bajo pretexto espiritual. Aunque, al mismo,  se darán argumentos de corte new age para sostener que “el trabajo energético decanta hacia el material” o que gracias a los “síes”  que se vayan a dando a los pasos consecutivos, “el camino por los Elementos […] logrará transformar la energía en materia”. Es decir, la transformación de la energía en dinero.

En algunos casos que he atendido, la pareja que tiende a mostrar cierta desaprobación acerca del sistema del telar, pasa a ser definido como una persona que “está en contra del empoderamiento”, ante lo cual se sugiere que se ignore esa actitud “porque está en contra del crecimiento”. Hasta donde he podido observar, algunas mujeres pasan entonces a mentir a sus parejas para de este modo seguir vinculadas a la actividad. Porque, al mismo tiempo, el telar se presenta como “una red de tejedoras, no es una terapia, pero es terapéutico”. Y en otros videos de corta duración que suelen enviarse entre ellas mismas, aparecen testimonios de tejedoras que aseguran estar realizando su sueño gracias al telar, apareciendo incluso en algunos el marido para mostrar que en algunas ocasiones el marido se había opuesto, pero al final, agradecía también al telar porque gracias a ese sistemas estaban pudiendo realizar sus sueños de un gran viaje o lo que fuere.

También he podido observar que en determinados zooms -y cuando la previsión de las mujeres que deberían entrar no se alcanza-, las HM presionan indicando que el telar está estancado, “debido a una mala energía que hace que no entren las mujeres que faltan”, lo que les lleva a presionar a las diversas integrantes de ese mandala -sobretodo las que están en Viento, cuya tarea explícita es captar- para detectar qué está fallando en cada una de ellas o qué “bloqueo energético” pudiera estar justificando que no atraigan a más mujeres al movimiento. Incluso en algunos mandalas, se ofrece pagar una cantidad -aparte de los 1.200€- para recibir un “zoom de tutoría” para “constelar el mandala”, de forma que alguna HM de otro lugar, aplica una burda réplica de las constelaciones familiares para definir qué rol ocupa cada integrante y “donde está el bloqueo que impide completarse”.  En estos trabajos, se estimula a hablar de aspectos muy personales, movilizando aspectos de la propia intimidad de las integrantes, de sus historias de vida o de sus episodios traumáticos, dejando al aire todo su mundo emocional tras la supuesta constelación del mandala (si bien en todo este proceso no hay profesional cualificado alguno). De esta forma se estimula la culpa, dejando a bastantes mujeres culpabilizadas, lo que les empuja a atraer a otras mujeres. Si aparecen informaciones críticas, las HM insisten en que se trata “de mujeres con baja frecuencia que no están preparadas para recibir la abundancia”. Y si el medio que emite las críticas no es feminista, ya lo dije antes, se descarta automáticamente, lo cual incrementa el aislamiento entre las telarinas, que se sostienen pensando que las críticas provienen de personas contrarias a la realización de sus sueños. Y si la crítica llega de un medio feminista pero “sin sensibilidad espiritual” -como sucedió con un artículo reciente-, se dirá que “las mujeres de la militancia sólo vibran en el paradigma de la lucha por la rabia acumulada, pero  aún no han llegado a trascender al amor y al perdón entre todas las mujeres, por eso no entienden el mandala. Lo critican desde fuera porque no se lo han vivido. Si estuvieran dentro, lo apoyarían”.

Como antes decía, la información que circula entre las telarinas y hacia afuera debe ser monitorizada. Se emplean los “zooms de invitada o chispita” sólo cuando la participante ya ha recibido la información del movimiento y tiene interés de conocer a las mujeres que conforman el mandala. Las mujeres que van entrando a tejer, aprenderán que es importante mantenerse discretas sobre el dinero que se recibe, a la vez que no contestar a provocaciones de los medios de comunicación y sobretodo no exhibir fotos, videos o nombres de tejedoras, ya que “eso protege al movimiento y a quienes lo integramos, porque somos parte de una revolución silenciosa”. La idea que se transmite es que no conviene sobreexponerse a “medios sucios como el Facebook, porque pueden alterar nuestra vibración y llegar críticas de gente que no lo entiende”.  En esta misma dirección del control de la información, los documentos y materiales de tejedoras de sueños pertenecen al colectivo y no a particulares, porque el telar funciona también como “una biblioteca viviente”. La información llega a goteo, a medida que se va ascendiendo de elemento.

Otro elemento de interés dentro del telar son las relaciones se establecen entre las personas de un mandala, “una relación entre hermanas”, porque según ellas “son una familia cósmica”, en tanto que al abrirse al telar se abren al Amor incondicional. La actividad se define en términos de autoayuda y crecimiento personal, en los siguientes términos: “tejernos involucra crecer por dentro y ayudar a que otras también lo hagan, sostener y ser sostenidas, balancear nuestra energía y potencializar la del grupo. Es durante el camino por los Elementos que logramos transformar la energía en materia”. Para tan magna tarea -de la cual se beneficiarán al final tan sólo unas pocas-, será importante que todas las participantes confirmen haber leído y entendido los “lineamientos”, al mismo tiempo que se exige una “disposición para el crecimiento personal, el interés en la auto observación y una actitud de servicio hacia las restantes hermanas.

Para asegurar la permanencia, las responsables del movimiento hacen uso de los comentarios que se vuelcan en los “chats de rezo” (donde están todas las mujeres del mandala y pueden llegar unos 100 whatsapps al día), en “las tríadas” (compuestos por la mujer que te invitase y otra mas, o las dos mujeres a las que tú invites) o en los “zooms o videoconferencias”. Las triadas funcionan como forma de volcar la información jerárquicamente, de forma que las HM controlan a varios niveles. Las participantes comentan en esos espacios aspectos de su intimidad, cuando no suelen ser un lugar seguro, ya que después pueden emplearse como un arma arrojadiza en el caso de que se quiera dejar el telar o en el momento en que se plantearan dudas o cuestionamientos al sistema. Esas intimidades se animan a explicar como parte de “un proceso de sanación y empoderamiento”, de forma que se estimula a que se explique al elemento Viento todas esas cosas que uno calló en el pasado.

Lo que se describe como la acción de “quemar miedos”, que pasa por verbalizar ante las demás esos aspectos íntimos -como si fuera una terapia de grupo-, si bien eso se acompaña de la actitud esperada de no mostrar resistencias o callar las propias dudas. En algún telar esos miedos pueden quedar escritos en  una carta personal para el elemento Agua, que se entrega o se manda en el momento de dar el dinero. Los miedos se queman literalmente cuando se realiza la Ceremonia de Consagración del Agua, que acostumbra a ser presencial, donde todas las mujeres del mandala se reúnen en casa de una participante Agua, vestidas todas con el color que el elemento Agua haya decidido, todas juntas alrededor de un fuego y se queman las cartas que las Fuegos entregaron al Agua. Cada Fuego tiene que hacerle un regalo material (no dinero) a la Agua y la Agua da un regalo material a cada Fuego. Es el momento en que todas las mujeres cambian de elemento. En este mismo contexto de “quemar miedos”, uno de los actos mejor valorados es “quemar fuerte”, lo que se traduce en la actitud impulsiva de dar 1.200€ de golpe, sin preguntar, con decisión, eso es definido como “saltar con confianza”.

Uno de los chats a los que se puede invitar a las telarinas una vez que han decido entrar a un mandala y se comprometen a dar el dinero , es el “chat de rezo”, conformado por mensajes diarios continuados de las mismas mujeres de un mandala (pueden ser o no de la misma ciudad o país). En el chat de rezo, se vuelca una suerte de contenidos que se asemejan a Un Curso de Milagros adaptado al contexto del telar, con un cuerpo doctrinal que sostiene la actividad como una actividad de transformación personal y colectiva. Es una auténtica ensalada de psicología popular, nociones new age y psicología positiva, en donde también se cuelan otros videos de telarinas que aseguran haber alcanzado sus sueños (por ejemplo, de obtener una importante cantidad de dinero que les ha llevado a cumplir sus sueños). En una narración que motiva a “enfocarse al propósito, para que nuestra mujer agua cumpla su sueño”, es decir, que lo que importa al final es focalizarse en la atracción de nuevas chispas. En el whatsapp de rezo (compuesto por las mujeres del mismo mandala ) a traves de las Hermandas Mayores, aparecen materiales reenviados de telarinas de todo el mundo dando fe, animando a incorporar el telar a la vida o a tomar los “zooms” como un “llegar a casa”.

Muchas HM aseguran haber transitado por diversos mandalas previos, pero cuando se revisan los tiempos se hace más claro que tal cosa prácticamente imposible, en tanto que no han tenido tiempo material como para hacer tal cosa. Sin embargo, en esos videos promocionales que se van enviando, este tipo de afirmaciones van apareciendo con regularidad. Posiblemente, muchas de ellas se inventen los mismos mandalas como una forma de colocarse a sí mismas en posición de Agua o Hermana Mayor. Igualmente, la idea de “linaje” también deja muchas dudas con respecto al límite de tiempo de los mismos mandalas. Así, en los “zooms de capacitación de Agua o Viento” se invita a escuchar hablar a una mujer de Sudamérica, por ejemplo, que casualmente no permite que esa ID de Zoom se comparta “porque es solo de nuestro linaje” y donde se instruye en técnicas de “adiestramiento para captadoras” (es decir, de atracción de nuevas chispitas ).

Cuanto más se va avanzando en el telar, más aumenta la presión. Como recordaba una mujer, “las mujeres Tierra sistemáticamente lanzaban un mensaje de achuchar, y como “poli-bueno poli-malo”… una tensaba la cuerda de la exigencia y la otra alternaba con alguna propuesta lúdica como quedar o hacer algún juego…. si no te enchufabas al zoom decían que había que meterle energía al telar, para mantener la vibración, que era necesario conectarse sobre todo los zooms de chispitas. Empecé a agobiarme mucho con la búsqueda de chispitas. Cuando me rechazaron las personas cercanas, me vi llamando a mujeres con las que no mantenía contacto hacía años. No las llamaba para interesarme por sus vidas o retomar el contacto… sino para pedirles entrar, para pedirles 1.200 €…al decir a las HM que no iba a presionar a mis amigas, me culpabilizaron a mí, preguntando desde dónde estaba soplando, y mandándome a revisar mi relación con la abundancia y el dinero. La culpa, decían, era mía por no elegir bien la lista de chispitas o no invitar como si estuviese haciendo un regalo a esas amigas, ya que debía estar convencida que el dinero aparecería mágicamente al entrar”.

Para subir el ánimo y motivar a las mujeres a ejercer labores de captación, se envían reiterados mensajes con audios con canciones y videos de grupo que pretenden ser motivacionales. Fijémonos en la letra de una de estas canciones, que se escucha en claro tono tribal a golpe de tambores sincopados, con resonancias claramente indigenistas y cuya letra raza lo siguiente: “Danza mi corazón y mi espíritu contento. Por el poder tres veces, por aquellos que van y aquellos que vienen. Por los vivos y los muertos. Por el poder de los Cuatro Elementos. A mi alrededor todas las cabezas giran abriéndome paso. Elimino los obstáculos. Crece mi fuerza, soy energía, puro es mi pensamiento. Atraigo lo que quiero. El universo me otorga lo que más deseo. Reina la abundancia, el amor, la salud y el dinero. Gracias Padre y Madre, concreto está mi sueño. Danza mi corazón, mi espíritu está contento. Soy el tejido, soy la tejedora, soy el sueño y la soñadora”. (repetición incesante)

Cuando una mujer decide abandonar un mandala, se le suele acosar antes de que lo logre hacer y también decir que ese dinero que dejó al inicio era un “regalo” y que “los regalos no se devuelven”, o que a todo caso, “una vez completado el mandala, te devolvemos el dinero” (cosa que no suele suceder). Lo que deja a la persona en una situación de sentirse culpable, “mala” e incluso “acosadora”, por insistir en que se le devuelva el dinero al no confiar ya en el sistema del telar. La “sorodidad” (el apoyo entre las mujeres frente a ciertos problemas sociales) tan sólo existe si la mujer está en el telar, porque una vez afuera, “no se la merecen”. De modo que cuando la mujer abandona el telar, pierde en bloque todas esas amigas que creía haber encontrado, se le cierra la comunicación y pasa a un lugar de no merecedora. Pueden culparla de algún disgusto causado a la Mujer Agua, y volverse todas las demás contra ella, por haber disgustado a la líder y centro del mandala, “lo que afecta la energía y fluir del resto de elementos”, dirán.

La salida del telar suele venir acompañada de presión para continuar y no dejar en la estacada a las restantes hermanas, al mismo tiempo que inyectando sentimientos de culpabilidad, empleando todo aquello que se ha compartido en zooms o reuniones previas para tocar las fibras sensibles de la persona y que continúe en el grupo, haciéndole sentir que su se abandona el telar es lo mismo que abandonar sus sueños y dejarse dominar por la “mentalidad patriarcal” o querer continuar funcionando dentro de un “paradigma antiguo”. Y cuando una mujer abandona definitivamente la actividad del telar, la sororidad desaparece, ya no hay atenciones no cuidados como cuando se estaba dentro del grupo; a la par que se le puede indicar que al haber abandonado el telar se ha dañado a las restantes hermanas, por lo que esas amistades que se creía haber hecho allí dentro de pronto desaparecen o se distancian por completo, “por el daño que nos puedes causar”.