El disciplinado de la mente: te azoto porque te amo

By |2018-10-20T22:19:34+00:0019 octubre, 2018|Doce Tribus|

La En las Doce Tribus de Nueva Gales del Sur, al igual que en otras sectas destructivas, el juego simbólico es suprimido y censurado, de forma que si un niño juega puede ser castigado con al menos seis latigazos en la mano o bien varios golpes con un bastón delgado. Asimismo, el jugar con otros niños de la comunidad es algo que tampoco puede hacerse sin la supervisión continua de un adulto de la comunidad.

Una ex miembro de aquella comunidad, Tessa Klein, fue entrevistada recientemente por el medio australiano The Weekly. La mujer, que en la actualidad tiene 22 años de edad, creció desde los cuatro años dentro de la comunidad y recuerda con ansiedad las situaciones vividas. Como cuando trabajando en la cocina de la comunidad o en la fábrica de velas de cera de abejas, tenía extremo cuidado de nunca hacer nada que pudiera molestar a las mujeres que trabajaban a su lado. O como cuando golpeaban a su hermana casi a diario por cosas que no estaba permitidas en la comunidad.

La comunidad de las Doce Tribus cuenta con unos 3.000 miembros y diversas comunidades repartidas por todo el mundo. Si bien desde el propio grupo sostienen reiteradamente que hacen todo por amar a los niños, lo cierto es que muchos niños que nacieron o fueron educados dentro de las Doce Tribus no refieren precisamente un atmósfera de cuidado y amor. Y si bien algunos ex miembros han puesto en conocimiento de las autoridades los maltratos que se dan dentro de la comunidad bajo el pretexto de educar y corregir a los niños, en la práctica la policía ha hecho más bien poca cosa.

Y si bien el abuso físico es el más evidente, tiende a olvidarse el abuso emocional y espiritual que rodea la cotidianidad de la comunidad. El crecer en una atmósfera de miedo, imprevisibilidad y terror. El crecer convencido que el mundo exterior es malvado.

La secta de las Doce Tribus se formó en los EE.UU. a principios de la década de los setenta, por el ex consejero de la escuela secundaria Eugene Spriggs, a quien se conoce ahora bajo el nombre de Yoneq. El movimiento promueve una mezcla de fundamentalismo cristiano entremezclado con aspectos hebreos y un cierto judaísmo mesiánico. Los miembros se centran en la práctica espiritual, la vida en comunidad, el estudio de la Biblia y, desde los cinco o siete años, en el trabajo constante para la comunidad. Su objetivo: recrear las 12 Tribus de Israel y prepararse para el regreso de Jesús o Yashua. Externamente, disponen de cafeterías o pequeños establecimientos de pan, siendo frecuente encontrarlos en ferias de productos biológicos u otras del estilo.

Los miembros usan un atuendo simple de estilo Amish. Las mujeres no se maquillan y se cubren de pies a cabeza para preservar su modestia. Sus críticos incluyen no sólo a ex miembros, sino también a académicos y especialistas en sectas. Pero muchas personas que se encuentran con ellos en cafés y mercados están encantados con sus bailes y cantos, su cocina casera, su vida rural sin tecnología y su educación, así como lo obedientes que parecen ser sus niños.

El estilo de vida que propungan atrae a numerosas personas, que cuando dan el paso de entrar en la comunidad venden sus propiedades y entregan su economía al grupo. Al inicio, hay enamoramiento del estilo de vida y una fascinación por el proyecto. El abuso se da con el tiempo. Y los abusos sobre los menores se justifican como una corrección necesaria. Y esos castigos están protocolizados en su manual de funcionamiento con los niños, que empieza ya desde que tienen pocos meses de edad. Si un bebé se mueve mucho cuando se le cambia el pañal, cosa de lo más común, debe aplicarse un castigo. Si el niño es mayor y desobedece o juega, recibe también los golpes de otros miembros de la comunidad. Pero el abuso se extiende también sobre los cuidados médicos necesarios, ya que cuando los niños caen enfermos en la comunidad no se visita al médico. La oración y la homeopatía podrán con cualquier enfermedad. Además, las lecturas están también controladas y tan sólo pueden acceder a la biblioteca de la comunidad los hijos de líderes de la comunidad.

La educación se considera una pérdida de tiempo, por lo que incluso los niños “obedientes” estaban totalmente desmotivados. El trabajo era mucho más importante y no es inusual que las clases fueran canceladas para que los niños puedan ayudar en una de las muchas tareas de la comunidad. Ante la clara explotación laboral infantil, en diversos países se han cursado las respectivas denuncias, pero no han ido más allá. Aunque algunas compañías, como la empresa de cosméticos de Estee Lauder, han roto relaciones con las Doce Tribus al saber que en una línea de la empresa estaba trabajando menores de edad de la comunidad.

El periodista Shelton Brown ha pasado los últimos 18 meses investigando las Doce Tribus, para una nueva serie de podcast que se lanzará en diciembre. Y también se siente frustrado por la pasividad de los organismos gubernamentales correspondientes. Shelton y su equipo entrevistaron a docenas de ex miembros, junto con agencias de cumplimiento de la ley. En sus palabras, “hemos hablado con el FBI y saben muy bien lo que está pasando. Las autoridades locales saben lo que está pasando. Pero se pone en juego la cuestión de la libertad religiosa”.

Si bien es claro que este sistema de educación coercitiva tiende a generar trastornos del apego y la vinculación emocional, los sitios web oficiales de las Doce Tribus, sin embargo, no ocultan su enfoque de la crianza de los niños y los defienden con firmeza. Prohiben que los niños jueguen juntos porque creen que no tienen un juicio propio y podrían influirse entre ellos. No ven nada malo en enviar a los niños a trabajar junto a sus padres en lugar de jugar o estudiar. En sus palabras, “es un ambiente seguro, saludable y educativo. No es trabajo infantil. Permitirles perder su tiempo libre en diversiones vacías, solo conduce al mal comportamiento”. Con “diversiones vacías” se refieren ya no sólo a todo aquello que sea del mundo exterior al grupo, sino sobre todo al juego simbólico, que es algo que desde hace muchos años sabemos que es clave para la formación de la personalidad. Pero defienden los azotes, citando pasajes interminables de la Biblia para apoyar el acto.

Entre sus pasajes bíblicos favoritos encontramos el siguiente: “el que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige”. (Proverbios 13:24). Azotar es amar, insisten una y otra vez. Dicen: “la vara quita la culpa de las almas de los niños y los entrena para hacer el bien … Sabemos que algunas personas consideran ésto controvertido, pero hemos visto por experiencia que la disciplina evita que un niño se vuelva mezquino e irrespetuoso con la autoridad”. Para ellos, “los azotes dan como resultado seres humanos responsables, diligentes y respetuosos con una fuerte fibra moral”.

Incluso el reciente fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos no los ha disuadido. El fallo judicial se produjo después de que un periodista encubierto en Alemania obtuviera evidencia en video del maltrato hacia niños de entre tres y 12 años. Como resultado, los niños de la comunidad fueron retirados y tutelados. Ocho familias apelaron la sentencia, pero en marzo de este año, el tribunal acordó que, aunque dividir a una familia constituía una interferencia muy seria y solo debía usarse como último recurso, “las decisiones se habían basado en el riesgo de un trato inhumano o degradante”.

Mientras tanto, las comunidades de Doce Tribus siguen funcionando. Dentro del grupo se niega la posibilidad de emplear anticonceptivos, de forma que aumentan los niños dentro de la comunidad, niños obedientes y sumisos que trabajarán para las Doce Tribus.